España

La descomposición de UCD: el fantasma que agita los turbulentos días del PP

Desbandada, fin de ciclo, sensación de que se queda tocando la orquesta del Titanic mientras algunos saltan del barco, con o sin bote salvavidas… Así es el clima que se vive en el Partido Popular tras los últimos episodios con Arantza Quiroga, Cayetana Álvarez de Toledo, Cristóbal Montoro, José María Aznar, José Manuel García Margallo o Juan Vicente Herrera de protagonistas. Algunos en la calle Génova recuerdan que hubo una vez un partido, la UCD, que lideró la Transición y que tras cinco años en el poder se deshizo como un azucarillo por las disensiones internas y el empuje de los oponentes.

Suárez en el Congreso de los Diputados.
Suárez en el Congreso de los Diputados. EFE

“Quien olvida su historia está condenado a repetirla”. Esta frase de George Santayana preside una inscripción en la entrada al campo de concentración de Auschwitz (Polonia). Sirve como ejemplo de este eterno retorno el ex ministro de Educación y Cultura, Juan Ignacio Wert, que ya abandonó UCD cuando se hundía, en 1982, y ahora ha marchado a París como embajador ante la OCDE, para acompañar a su mujer, Montserrat Gomendio, que trabaja en el mismo organismo. En 1979 fue nombrado subdirector general del Gabinete Técnico del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). En plena desbandada ucedista, Wert se pasó en 1982 al Partido Demócrata Popular (PDP), que se terminó coaligando con la Alianza Popular de Manuel Fraga y el Partido Liberal de Jose Antonio Segurado. Ahora vuelve a dejar la nave.

Cinco años (1977-1982) duró la Unión de Centro Democrático (UCD), idea de Adolfo Suárez para articular distintos grupos políticos y encaminar el rumbo de España durante los duros años que se avecinaban. Mientras PSOE y PCE eran partidos con raíces históricas y Alianza Popular aglutinaba a los restos más o menos democráticos del tardofranquismo, la creación de UCD obedecía a una necesidad: la del poder.

La coalición de distintos partidos pequeños y muy diferentes ideológicamente duró mientras pudo gobernar las instituciones. No era fácil la convivencia entre cristianodemócratas, socialdemócratas, liberales y franquistas camuflados. De sus filas se nutrieron posteriormente PSOE y PP.

En UCD convivían socialdemócratas, liberales, democristianos y franquistas

Fueron años difíciles, que alumbraron una Constitución y los Pactos de la Moncloa. Consenso era la palabra mágica de entonces. Suárez buscaba el acuerdo, necesario para las reformas estructurales que exigía un país que acababa de salir de un largo túnel. Ocupar el centro político obligaba a Suárez a juegos malabares para atraer electorado de una parte y otra del espectro político. Siempre encontraba la dura oposición del ala izquierda o del ala derecha de su propio partido en esos vaivenes. Faltó también organización a este partido artificial.

Tras la aprobación de la Constitución, en 1978, las elecciones de marzo de 1979 volvieron a dar el triunfo a Suárez (168 diputados), tras las constituyentes de 1977. En esta ocasión formó un Gobierno a su antojo, sin tener muy en cuenta a las distintas familias, lo que generó un clima de enfrentamiento abierto en el seno del partido.

Moción de censura

A las luchas intestinas, Suárez tenía que sumar la feroz oposición del PSOE, una terrible crisis económica y el azote de los años de plomo del terrorismo etarra (con estadísticas anuales en torno a los tres dígitos). El primer patinazo que no le perdonaron los “barones” fue la convocatoria del referéndum de autonomía para Andalucía, en 1980, donde luego UCD pidió la abstención. Consciente de la fragilidad del Gobierno, el PSOE presentó una moción de censura. Suárez dejó patente su debilidad, su soledad, su falta de apoyos. El presidente de Gobierno combatía las críticas internas con sucesivas remodelaciones del Ejecutivo para poder contentar a unos y a otros.

Como el ejército de Pancho Villa, los diputados del grupo parlamentario de UCD se debatían entre tender hacia Fraga o hacerlo hacia Felipe González. Las medidas tomadas tampoco contribuyeron a fortalecer la popularidad de Suárez: reforma fiscal o Ley del Divorcio. La derrota en las elecciones municipales y autonómicas de 1979 reduplicó las disidencias. Suárez estaba solo ante el peligro: sin el apoyo de su partido ni de las instituciones.

Suárez dimite el 29 de enero de 1981. Un año y medio después fundó el Centro Democrático y Social (CDS), vano sueño de refundar una nueva UCD. Desde su renuncia como presidente de Gobierno hasta las elecciones triunfales para el PSOE del 28 de octubre de 1982, España vivió el 23-F y UCD cayó en picado con Leopoldo Calvo Sotelo como presidente. Miguel Herrero de Miñón se fue con Fraga. Por su parte, los socialdemócratas encabezados por Francisco Fernández Ordóñez se pasaron al PSOE. El democristiano Landelino Lavilla fue cabeza de cartel de UCD en los comicios de 1982. El desastre fue espectacular: sólo once escaños, 157 menos que en 1979.

La ruptura del bipartidismo y el empuje de Ciudadanos abren un abismo para el PP ante las elecciones del 20D

El Partido Popular que preside Mariano Rajoy tiene una apariencia monolítica, y no está formado por familias ideológicas por más que algunos de sus miembros se declaren a nivel personal como liberales o presuman de hondas convicciones cristianas. Las diferencias, las divisiones tienen más que ver con los personalismos o con el abismo que se vislumbra si se pierden las elecciones generales del 20D. Hasta ahora el PP ocupaba un espacio electoral que podía ir desde el centro hasta la extrema derecha. La ruptura del bipartidismo crea un panorama inédito para los dirigentes populares. La gestión de la crisis económica, el lógico desgaste, el conflicto catalán y los partidos emergentes como Ciudadanos han motivado un progresivo declive electoral en el PP, palpable en las elecciones europeas y evidente en las municipales y autonómicas, donde se perdieron más de dos millones y miedo de votos. Las 'encuestas del pánico' que manejan en Génova auguran un descalabro el 20D.

La sombra de José María Aznar es alargada. De “Pepito Grillo” ha pasado a atizar con “fuego amigo” a Rajoy, a cuenta de las elecciones catalanas o del Pacto del Majestic. La Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), que preside el propio Aznar, ha sido cantera o refugio (depende del momento) de notables del partido. Ahora se configura como un bastión ideológico anti-Rajoy. Una de las últimas espantadas la ha protagonizado la parlamentaria Cayetana Álvarez de Toledo, a la sazón dirigente también de FAES, por una carta publicada en El Mundo en la que cuestionaba el liderazgo de Rajoy. La diputada puso como condición para volver al escaño que Rajoy deje de ser el presidente del partido. Aseguraba además que su gestión ha generado "una profunda sensación de desamparo".

Renovación

La retirada de primera línea de veteranos en el Partido Popular está motivada por la renovación que quiere realizar el nuevo núcleo duro de Génova, que dirige Jorge Moragas. No hay sitio para todos en las listas al Congreso y Senado, y si no se llega al Gobierno muchos se quedarán fuera, dejarán de tocar poder. En este clima de desconcierto hay que situar las salidas de pata de banco de Cristóbal Montoro y de García Margallo. Montoro arremetió, en una entrevista en El Mundo contra Rato, García Margallo, Luis de Guindos y Aznar. García Margallo, por su parte, se ha vengado, a dos meses de las generales, en El Español, donde tilda de analfabeto al ministro de Hacienda.

Las quinielas para suceder a Rajoy ante una eventual derrota sitúan en primera línea a Nuñez Feijóo, Cospedal y Saenz de Santamaría

Otro episodio que ilustra el desbarajuste ha sido la dimisión de Arantza Quiroga como presidenta del Partido Popular en el País Vasco por haberse sentido desautorizada tras la una propuesta de paz en Euskadi que pretendía incluir a la izquierda abertzale. El nombramiento del ministroAlfonso Alonso busca taponar el efecto de desasosiego que ha causado esta decisión.

Juan Vicente Herrera, uno de los pocos barones que han logrado salvarse de la quema de las autonómicas, ha mantenido la presidencia de la Junta de Castilla-León. Es otro verso libre del PP. Su consejera de Hacienda se abstuvo en el Consejo de Política Fiscal que aprobó el pasado mes de julio los objetivos de déficit y de deuda para el próximo trienio. Y su Ejecutivo ha pedido la dimisión del ministro Soria por las ayudas al carbón. Él personalmente ha declarado que se sentía “abandonado y maltratado por el Gobierno» por el rechazo del Senado al céntimo verde.

Las quinielas para suceder a Mariano Rajoy ya empiezan a ponerse en marcha ante la eventual derrota en diciembre. Alberto Núñez Feijóo, María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría aparecen como los mejor situados.

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