La secretaria general del PP recorre tres autonomías y 25 ciudades manchegas en campaña

La increíble agenda de Cospedal: ¿reivindicación o canto del cisne?

Ocho actos protagonizó Dolores Cospedal este miércoles. El martes fueron cinco. El lunes, lo mismo. La agenda imposible de la número dos de Génova deja estupefacto al PP.

La secretaria general del PP, Maria Dolores de Cospedal.
La secretaria general del PP, Maria Dolores de Cospedal. EFE

Dolores Cospedal tiene la agenda electoral más nutrida y densa de su partido. Todo un récord. Le dicen ya 'la agenda imposible'. Una media de entre cinco y seis actos por jornada, con desplazamientos kilométricos y agotadores cambios de escenario. 

Este miércoles, la secretaria general del PP se dedicó a su tierra, casi en cuerpo y alma. MarianoRajoyandaba por Tudela (Navarra) lanzando emocionados elogios a los campos de alcachofa. Su número dos en el partido tenía preparado un 'carnet de baile' mucho más intenso. Como cada día desde hace casi un mes. Paseo y carpa popular en Albacete. Visita a empresa de pintura, reunión con afiliados en la Roda. Encuentro con afiliados en Villarrobledo y en Tomelloso. Entrevistas de media hora cada una con sendas emisoras también en Albacete. Una jornada que arrancaba a las 8:00 y concluía prácticamente a las 19:00. Rumbo luego a Madrid, al aeropuerto, y vuelo a Santander, donde arranca un jueves igual de intenso, con el primer acto previsto a las 8,30 en la capital cántabra y pasa luego por Bilbao y San Sebastián.

El planteamiento de Cospedal es tan desmesurado que no ha dejado de llamar la atención entre algunos de sus compañeros de la cúpula

El PP basa toda su estrategia electoral en la figura de Mariano Rajoy. Nadie hace sombra al candidato. Todo gira en torno al ‘jefe’, único activo de la formación conservadora. Hay otros dirigentes de Génova que también se están batiendo el cobre. El caso más significado es, sin duda, Cospedal. “Es casi heroico”, comenta un experimentado miembro del equipo de campaña de Génova. Un esfuerzo casi sobrehumano. Trece comunidades autónomas de todos los rincones de España, más el trasiego intenso por los pueblos y localidades de su comunidad, casi 30 ciudades manchegas en total. Un planteamiento tan desmesurado que no ha dejado de llamar la atención entre algunos de sus compañeros de la cúpula.

Tres opciones, tres actitudes

Cospedal se ha planteado esta campaña como una reivindicación, una venganza y una despedida, dicen las fuentes consultadas. La secretaria general tiene la necesidad de reivindicarse ante sus filas después de severo tropiezo del 20-D, en absoluto achacable directamente a algún error de su gestión puesto que apenas le dejaron tomar vela alguna en aquel sepelio. La campaña de las anteriores generales, como las actuales, ya era asunto del negociado de Jorge Moragas, con Fernando Maíllo como segundo de a bordo y jefe de la sala de máquinas, es decir, de elaboración de listas y averías dispersas. Una secretaria general, no obstante, tiene los galones y, por tanto, también ha de asumir las responsabilidades cuando vienen mal dadas. Y así lo hizo.

Una vendetta entre los molinos manchegos

El apartado referido a la venganza tiene tintes estrictamente locales. Más duro que soportar el episodio del escándalo de Bárcenas, en el que cayó sobre sus hombros defender la cuestionada dignidad de su presidente, fue perder la jefatura de la comunidad el pasado mayo. Ganó el PP en las urnas, aunque no logró gobernar. El PSOE, pese a reunir dos escaños menos que los populares, se hizo con la jefatura de Junta merced al apoyo de Podemos. Cospedal quiere vengarse en estas generales de aquella afrenta, de ese directo a la mandíbula que, durante unos meses, dejó a la líder popular noqueada y al borde de la dimisión. 

Cospedal quiere vengarse en estas generales del resultado de las municipales, de ese directo a la mandíbula que, durante unos meses, dejó a la líder popular noqueada y al borde de la dimisión

Hubo un amago de recuperación en los comicios del 20-D, dado que logró tres escaños más que los socialistas, aunque algo lejos de los resultados de los 'buenos y lejanos tiempos'. Diez para el PP, siete el PSOE, tres Ciudadanos y uno, Podemos. Cospedal lucha por recuperar, en el saldo del reparto de los restos, al menos dos escaños. Pueden conseguirse en Toledo y en Ciudad Real. En Guadalajara, adonde acudirá con Rajoy este viernes, es también susceptible de que baile algún escaño. La expresidenta de la Comunidad pretende que Castilla la Mancha recupere el indiscutible color azul gaviota. Pretende humillar a García Page, que está destrozando la obra que ella puso en marcha. Los acuerdos de los despachos le arrebataron el bastón de mando en Toledo. Este 26-J, Cospedal, que se está volcando en su tierra, pretende devolverle la bofetada al actual líder manchego, a quien apenas respeta. Page, muy apoyado sorprendentemente por algunos medios conservadores de Madrid (la herencia de Bono), ha caído en picado en las encuestas regionales en los últimos meses, debido a una gestión muy criticada, de acuerdo con los analistas imparciales. Su persecución a los colegios concertados ha desatado la ira en los ambientes religiosos que con tanto mimo atendía en sus tiempos el propio Bono. 

La tercera pata del despliegue de actividad de Cospedal en esta campaña se fundamenta en su posible y definitivo adiós. La despedida. El canto del cisne, dicen algunos de su entorno. La actual secretaria general sabe que no continuará en el puesto, cualquiera que sea el resultado de las urnas. Caso de que Rajoy repita, el partido vivirá una renovación controlada, lo que incluye cambio de estructuras, de dirigencia y de nombres. En la otra alternativa, si Rajoy es defenestrado, poco tendrá que hacer Cospedal en el PP del futuro, de acuerdo con estas fuentes, que mencionan los nombres inevitables de Feijóo, Maíllo, Casado y, desde luego, Cristina Cifuentes, sin duda una de las estrellas de la quiniela. Va a por todas, como se comprobó este miércoles en un acto electoral, guiño cómplice incluido, con Albert Rivera, quizás su futura pareja de baile. Las inevitables referencias futuribles a Sáenz de Santamaría y García Margallo no entran para las cábalas de Génova, sino en las de Moncloa.


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