EL SUMARIO

Los 'planes' sanitarios de la Púnica: la trama poseía una clínica e iba a comprar otras cinco

Dos testigos reconocen ante la Guardia Civil y el juez Velasco que David Marjaliza poseía ya un centro médico en Valdemoro y quería adquirir otros en localidades cercanas. En uno de ellos planeaba invertir 700.000 euros.

David Marjaliza abandona la cárcel el pasado 30 de diciembre tras pagar la fianza.
David Marjaliza abandona la cárcel el pasado 30 de diciembre tras pagar la fianza. EFE

Del ladrillo a la eficiencia energética, de las fiestas populares a la construcción de colegios. La trama Púnica no dejaba ninguna actividad sin explorar si podía obtener pingües beneficios. Tampoco la salud. Tras la puesta en marcha en 2012 en Valdemoro de una primera clínica, el constructor David Marjaliza tenía previsto invertir grandes cantidades de dinero en adquirir otras cinco en localidades de la Comunidad de Madrid. Su detención en octubre de 2014 lo impidió. Así lo han reconocido en sus declaraciones ante la Guardia Civil y el juez Eloy Velasco sus socios en la primera, según consta en la parte del sumario cuyo secreto se acaba de levantar. En una de ellas, el constructor amigo de Francisco Granados tenía previsto destinar "alrededor de 700.000 euros".

Marjaliza tenía una clínica en Valdemoro y quería adquirir otras dos en la misma localidad,. También quería hacerse con tres en Ciempozuelos, Pinto y Humanes

Ambos testigos son el doctor Antonio Folk y Reyes Medina Ruiz, el fisioterapeuta de Valdemoro al que acudía el propio cabecilla de la trama para tratarse. En las declaraciones que prestaron en mayo de 2015 ante los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO), ambos reconocieron ser socios del constructor en un centro médico que abrieron en Valdemoro a través de una sociedad, Centro Médico Valdemoro Plaza SL, constituida en septiembre de 2012. En la misma, cada uno de ellos tenía el 25% de las acciones a través de sendas empresas, mientras que el amigo de Granados se reservó el 50% restante. Todo ello después de que éste hubiera invertido en el proyecto 430.000 euros a modo de préstamo para la puesta en marcha del centro médico.

El dinero, sin embargo, no lo puso a su nombre, sino a través de una de las sociedades de su entramado, Samara SLU, en la que él tampoco figuraba. La administradora no era otra que su esposa, Adela Cubas, también imputada. Además, la gestión de la misma también la delegó en otras dos personas de su máxima confianza, asimismo encausados. El aspecto financiero, en su cuñado, Alfonso Luna. La gestión, en Ana María Ramírez, su secretaria y auténtica mano derecha. De hecho, el doctor Folk aseguró a la Guardia Civil que descubrió que esta última tenía unos poderes más amplios "de los que un gestor debía tener", por lo que él mismo decidió anulárselos.

Contrato con el Ayuntamiento

Sin embargo, la participación de ambos en el negocio duró poco. Según señaló Reyes Medina durante el interrogatorio, a principios de octubre de 2014, pocas semanas antes de las detención de la 'Operación Púnica', tanto él como su compañero tuvieron que ceder las acciones a otra sociedad de Marjaliza, en este caso Importadora de Tecnología Médico Sanitaria, a cambio de nada ya que ellos no habían aportado capital para la puesta en marcha del negocio. No obstante, el siguió trabajando como administrador y su compañero, como "director médico". Ambos reconocieron también que el sanatorio recibió en 2013 y 2014 un contrato de una empresa municipal, Gesvival, por dar servicio de médico y ATS en la piscina municipal.

Los dos socios del constructor reconocen que cuando la 'Operación Púnica' frustró varias adquisiciones inminentes. Para algunas ya había hecho ofertas

La declaración del fisioterapeuta fue más relevadora sobre los planes de futuro de la trama, ya que detalló lo que sabía de las gestiones que Marjaliza estaba realizando para extender sus negocios sanitarios. Así, reconoció que tenían previsto adquirir una clínica en la localidad madrileña de Ciempozuelos, en la que él y el doctor Folk también iban a ser accionistas minoritarios. De hecho, ya había un "preacuerdo" con el propietario de dicho centro, "aunque finalmente la operación no se pudo llevar a cabo por la operación Púnica".

También quedaron aparcados los proyectos de hacerse con otros cuatros centros médicos, entre ellos uno en el barrio de El Restón, en Valdemoro, en el que tenía previsto invertir 700.000 euros. Otra era una clínica en Pinto, un municipio cercano al anterior. Y estudiaron una tercera en Humanes, aunque al final decidieron que "no les interesaba". La quinta clínica que Marjaliza quería sumar a la que ya poseía era, precisamente, la que poseía Reyes Medina en Valdemoro y donde la atendía el fisioterapeuta. El constructor ya le había hecho una oferta. Correos electrónicos y documentos incorporados a la causa confirman todos estos planes de expansión de la trama Púnica en un nuevo negocio, el de la salud. 

UN 'TAC' A UN SOBRE Y 'EL BIEN PEINADO'

Los interrogatorios de la Guardia Civil al doctor Antonio Folk y la socio Reyes Medina incluyeron dos llamativas preguntas. A ambos, los agentes de la UCO les preguntaron si en algún momento David Marjaliza les comentó que necesitaba "utilizar un 'scanner o TAC para ver el contenido que había en un sobre cerrado". Ambos coincidieron en contestar que no. También les plantearon si conocían a alguien apodado 'El Bien Peinado'. En ese caso la respuesta fue positiva, aunque no pudieron concretar cuál era su identidad. El doctor Flok aseguró que era "un trabajador del Ayuntamiento de Valdemoro" que se dedicaba "a dirigir las fiestas" y lo describió como una persona "de 50 años, de complexión delgada y aproximadamente 180 centímetros de altura, con cabello rubio, el pelo largo".

También aseguró que 'El Bien Peinado' se había dirigido varias veces a él porque "estaba empeñado en que contratara a su mujer, que se llama Marta, como auxiliar de clínica" en el centro en el que Marjaliza era accionista. El médico aseguró que así lo hicieron, pero que la poco tiempo la despidieron. Su socio fue más parco en palabras. Aseguró que lo conocía "de vista porque es una persona que está todos los días en la plaza del pueblo de Valdemoro" y que creía que podía trabajar en el Consistorio. Tampoco supo decir cómo se llamaba y aseguró no conocer a su mujer pese a que había trabajado en el Centro Médico Valdemoro.

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