España

¿Y si Albert Rivera fuera el tapado de un 'Gobierno de transición' reformista?

   

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, en el Congreso de los Diputados.
El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, en el Congreso de los Diputados. EFE

El próximo 23 de marzo se cumplirán dos años del fallecimiento del expresidente del Gobierno Adolfo Suárez (UCD), icono del hermanamiento político en España y referente de la Transición. La efeméride coincidirá, si el socialista Pedro Sánchez fracasa en su investidura, con un período de máxima incertidumbre, en el que tal vez se esté produciendo o se haya producido la tercera consulta 'regia', todo insólito en la Democracia. En caso de que los líderes de los partidos con representación parlamentaria tengan que volver a desfilar por el Palacio de La Zarzuela y revelar a Felipe VI sus predilecciones, el abanico de posibilidades estará más abierto que nunca. Más allá de mirar a nuevas elecciones en junio, Mariano Rajoy puede intentarlo, después de su primera retirada en falso, aunque el runrún sobre la opción de seguir los pasos de Artur Mas y dejar paso a otro candidato o candidata de su formación es cada más fuerte. También Sánchez puede intentarlo, eligiendo en el segundo tiempo del partido a la coalición de izquierdas, la acogida por los murales rojos de Josep María Sert. La mochila del pacto ya firmado con Ciudadanos (C's) sería aquí muy pesada. Incluso Podemos ha deslizado que está barajando presentar a Pablo Iglesias y recabar el apoyo del socialismo desencantado. Pero, ¿cuál será el sino de Albert Rivera?

La tarde se está poniendo para esos episodios históricos en que el tapado termina deshaciendo el entuerto, protagonizando el desbloqueo. El rey emérito, entonces jefe del Estado, eligió en 1976 a un joven del que las dudas sobre su capacidad para capitanear el cambio estaban muy extendidas. De aquella terna que Torcuato Fernández-Miranda, presidente de las Cortes y del Consejo del Reino, presentó al monarca, Federico Silva Muñoz y Gregorio López-Bravo eran los favoritos, pese a encarnar el continuismo. Por contra, Suárez era considerado el "candidato de relleno". Pero saltó la sorpresa y el encargo recayó en el que sería primer líder centrista tras el franquismo. Suárez logró poner de acuerdo a quienes mantenían posiciones diametralmente opuestas, con distancias que parecían insalvables. 

Sería un Ejecutivo que fuese a una legislatura de sólo dos años, el tiempo necesario para actualizar la Constitución a los nuevos tiempos

Aquello quedó inmortalizado en el famoso cuadro de Juan Genovés, y ahora, cuando algunos prevén una inminente Segunda Transición, la sensibilidad de El Abrazo ha emergido de nuevo para bautizar la alianza sellada por socialistas y centristas. Rivera, que compareció en el Congreso delante de este símbolo de la "reconciliación" -el mismo que recuperó el Gobierno de Suárez tras ser vendido a Estados Unidos-, aparece en estos momentos como el único líder político capaz de sentarse con los dos partidos que suman mayor número de votantes, y mantener a la vez, la equidistancia necesaria. Hasta la tercera fuerza, Podemos, con quien comparte espíritu de regeneración democrática, pese a estar en las antípodas ideológicas, reconoce que el presidente de C's "no engaña a nadie" en su apuesta por un "gobierno de constitucionalistas" (PP, PSOE y C's), que no cuestione la unidad de España, ni permita abrir la puerta a intentonas secesionistas.

Los 40 diputados de C's (cuarto partido el 20-D) pueden ser la argamasa que sostenga las piezas, a derecha e izquierda, de un "Gobierno de transición" reformista. Sería un Ejecutivo que fuese a una legislatura de sólo dos años, el tiempo necesario para actualizar la Constitución a los nuevos tiempos y poner en marcha las grandes reformas que necesita este país. Y luego a elecciones, a que los españoles decidan al mejor gestor o gestores de los profundos cambios realizados. Algunas de las medidas ya están contempladas en el acuerdo entre PSOE y C's e incluso han sido, en principio, bien vistas por el PP, como poner coto a los aforamientos frente a la corrupción o renegociar el objetivo de déficit. Otras, como la supresión de las diputaciones, tendrían que ser matizadas, y nuevas propuestas deberían ser también incorporadas. Ahora mismo, la suma de socialistas y naranja no da, y los populares controlan el Senado.

Cintura para ceder en propuestas 'estrella'

En la anterior ronda de consultas del rey, se llegó a especular con el nombre de Rivera como candidato a la investidura, pero él dijo, tirando de cortesía, que no era "lógico, ni normal" por representar a la cuarta fuerza política. Sin embargo, nunca lo descartó. Tampoco lo hicieron sus más estrechos colaboradores, que se limitaron a señalar que no lo contemplaban en la estrategia y que Albert nunca se postularía. Pero, ¿y si se lo pidiera Felipe VI, con el que tiene estrecha relación (más cercana que la de su padre con el joven Suárez)? ¿Y si el líder de C's ya se estuviera postulando indirectamente, exhibiendo su buen trato con populares y socialistas, su voluntad de consenso y su cintura para ceder en propuestas estrella como el 'contrato único'? Todo ello cobra ahora especial dimensión. Muchas cosas han cambiado desde que el monarca propusiera a Sánchez, y el panorama ya no es el mismo que hace casi un mes. El candidato socialista anda muy cerca de quedar amortizado antes de ser presidente de la XI Legislatura, tanto como Rajoy, pero todavía podría tender la mano y arrimar el hombro, en otro gesto de responsabilidad, a un eventual mandato de Rivera.

¿Y si el líder de C's ya se estuviera postulando indirectamente, exhibiendo su voluntad de consenso?

El presidente de C's es tan ambicioso como Suárez, aunque trate de camuflarlo en el argumentario de partido. Es sabido que tampoco descarta entrar en un hipotético Gobierno de Sánchez si el jefe de los socialistas se lo pidiera. De hecho, esta cuestión, la de defender el acuerdo de gobierno con el PSOE desde el propio Palacio de La Moncloa, en caso de que el 5-M haya fumata bianca, es algo que previsiblemente analice estos días la Ejecutiva de C's, según fuentes del partido naranja. Y otro indicio que conduce a un presidenciable Rivera es su negativa a ir a otras elecciones. Si bien un sector de Ciudadanos ve en las urnas una salida favorable, sobre todo atendiendo al crecimiento en intención de voto que le atribuyen las últimas encuestas, el dirigente centrista no piensa lo mismo. En la carta remitida esta semana a los afiliados para explicarle el pacto con PSOE, lo dejaba claro: "Unas nuevas elecciones no modificarían el resultado actual y además no podemos decirle a los españoles que lo que han votado está mal porque los partidos políticos no son capaces de ponerse de acuerdo".

Nada descabellado se presenta el atardecer aquí dibujado si la mirada se pone, por ejemplo, en Dinamarca, donde gobierna desde junio la tercera fuerza, los liberales de Lars Løkke Rasmussen, socios de Ciudadanos en el grupo ALDE en Bruselas. Tal combinación recuerda, además, a la serie de televisión Borgen, también danesa, en la que Birgitte Nyborg y su partido Moderado -liberal en lo económico y progresista en lo social-, quedan en las urnas por detrás de los liberal-conservadores y los laboristas. Sin embargo, la candidata centrista recibe el encargo de formar gobierno y termina por convertirse en primera ministra. De la ficción a la realidad hay sólo un paso, siempre inesperado.

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