El Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó este martes la nueva edición del informe 'Perspectivas Económicas Mundiales', en el que rebaja una décima el crecimiento de la economía española para este año, hasta el 2,6%, y detalla una serie de prioridades que los países deberían tener en cuenta para fortalecer el crecimiento ante la posibilidad de que los riesgos que hay en estos momentos lleguen a materializarse.

Curiosamente, no hace ni una sola mención a la incertidumbre política y mantiene intacta la previsión de PIB de 2017 (2,3%), lo que demuestra que no espera que la falta de Gobierno pase factura a la economía española. En cambio, sí rebaja la previsión general de la zona euro para el año que viene, la de Alemania, la de Francia y la de Italia. 

Y avisa de que hay riesgos que pueden debilitar el crecimiento mundial en el futuro, como la posible salida de Reino Unido de la Unión Europea, que podría plantear grandes retos para el país y para el resto de Europa. Según el FMI, las negociaciones sobre este asunto probablemente se prolongarán en el tiempo, lo que hará que aumente la incertidumbre y caiga la confianza y la inversión.

El FMI alerta también del posible efecto en la economía mundial de la desaceleración de los países emergentes, China, la evolución de los precios del petróleo y la amenaza de deflación, que sobre todo cobrará fuerza en la zona euro en la parte final de 2016.

Cree que hay que planificar políticas de respuesta por si los riesgos llegan a materializarse

En este contexto y aunque en este informe el organismo no incluye recetas individuales para cada país, sí plantea una serie de prioridades para elevar el crecimiento en las economías más avanzadas y frenar la desaceleración en las emergentes. A su parecer, la situación actual obliga a planificar políticas de respuesta por si los riesgos llegan a materializarse.

Una de las recetas que recomienda el organismo es seguir actuando en los mercados laborales con cambios en las prestaciones y las reglas de protección laboral para mejorar la productividad a medio plazo. Sin embargo, reconoce que medidas de este tipo pueden resultar contractivas en un primer momento por la debilidad económica, así que sugiere que se acompañen de políticas macroeconómicas que eviten una contracción de la demanda.

Suprimir los desincentivos al empleo

En concreto, el FMI cree que los países de la zona euro con tasas de desempleo juvenil elevadas, como España, deberían suprimir los desincentivos al empleo y sustituirlos por políticas laborales activas que estimulen la demanda y eviten las cicatrices que deja el desempleo a largo plazo. Esto significa, reducir la fiscalidad sobre el trabajo para mejorar la cuña fiscal laboral.

Además, asegura que las reformas de los mercados de productos, de servicios, del trabajo, de la administración pública y de los regímenes de insolvencia contribuirían a la productividad de las empresas, la competitividad y las perspectivas de inversión. Y podrían agilizar el desembolso de los fondos de inversión de la UE para apuntalar la inversión y la innovación a nivel nacional.

Las medidas del BCE

Por otro lado, el FMI resalta la necesidad de que los marcos de política monetaria sean “sólidos y creíbles”. En este sentido, repasa las últimas medidas anunciadas por el Banco Central Europeo (BCE), que considera “apropiadas” porque muestran el “firme compromiso” con el objetivo de estabilidad de precios a medio plazo. Además, facilitarán la mejora de las condiciones de financiación de la economía real impulsando el crédito y amortiguando el impacto de tasas de depósito negativas en las utilidades de los bancos.

Pide que se use la política fiscal para generar crecimiento, especialmente en países que necesitan consolidación fiscal

Según el FMI, el BCE debería continuar dando señales “incuestionables” de su voluntad de utilizar todos los instrumentos disponibles hasta que se haya cumplido su objetivo de estabilidad de precios. Y estas medidas deberían estar respaldadas por otras encaminadas a fortalecer los balances bancarios.

La institución dirigida por Christine Lagarde se refiere también a la política fiscal, que debería propiciar el crecimiento, especialmente en aquellos países que necesitan consolidación fiscal, como España. A su parecer, esta política debe apuntalar la demanda a corto plazo y elevar el crecimiento potencial a medio plazo promocionando la creación de empleos y la productividad, a través de cosas como la innovación.

Invertir en infraestructuras

En los casos en los que la deuda pública es elevada o las condiciones de financiación son desfavorables, el FMI cree que el compromiso de planes creíbles de consolidación a medio plazo podría dar cierto margen de maniobra. Y considera que ese margen debería concentrarse en el aumento de la capacidad productiva futura, por ejemplo, a través de la inversión en infraestructuras.

A su juicio, esta orientación estimula la demanda, mejora la productividad, compensa los costos económicos de algunas reformas (como los cambios en las prestaciones) y amplifica los beneficios de otras, como las reducciones de la cuña fiscal laboral o los aumentos de gasto en políticas activas.

El Fondo llega a ser un poco más específico y asegura que los países de la zona euro con margen de maniobra según el Pacto de Estabilidad deberían expandir la inversión pública, ya que una implementación eficaz y sin demoras del programa de inversión pública y privada de la UE estimularía el crecimiento a corto y medio plazo.