Los resultados de FCC correspondientes al ejercicio 2016 han reflejado números rojos, con lo que el grupo de construcción y servicios cierra un lustro completo de pérdidas. En 2012 la compañía, en aquel entonces controlada todavía por Esther Koplowitz, registraba los primeros resultados negativos de su historia, justo cuando se cumplía el vigésimo aniversario de la fusión entre Fomento de Construcciones y Construcciones y Contratas. Desde entonces, el grupo no ha sido capaz de volver a ser rentable, ni siquiera en los dos últimos años, ya bajo el control del empresario mexicano Carlos Slim, una de las mayores fortunas del mundo.

Precisamente, el músculo financiero del dueño de Telmex ha sido el aspecto más sobresaliente desde su aterrizaje en FCC, en noviembre de 2014. Desde entonces, su inversión en el grupo se aproxima a los 2.000 millones de euros, que han posibilitado, entre otras cosas, dos ampliaciones de capital prácticamente consecutivas en un entorno de mercado nada sencillo.

El saneamiento financiero de la compañía ha sido evidente. Sin embargo, en estos dos años bajo el manto de Slim, el grupo español ha dejado progresivamente de estar en el mapa del sector. El objetivo se ha centrado en reducir la deuda pero el día a día del negocio se ha resentido de forma notable.

Como prueba, la cifra de negocio del grupo se ha reducido casi un 7% desde que el magnate mexicano se hizo con el control de la gestión. Y además, FCC ha cerrado 2016 con su menor cartera de pedidos desde hace diez años, poco más de 30.000 millones de euros.

En busca de estrategia

Durante la conferencia con analistas que ofreció este lunes la compañía para explicar las cifras del pasado año, una de las preguntas hizo referencia a la posibilidad de presentar próximamente un plan estratégico. Una inquietud del mercado con toda lógica, dado que el último plan, elaborado por el anterior consejero delegado, Juan Béjar, con el claro objetivo de sanear las finanzas de la empresa y reducir la deuda, finalizó en el primer trimestre de 2015. Desde entonces, algo parecido a una hoja de ruta no está ni se le espera, a tenor al respuesta del director general de administración y finanzas, Miguel Coronel, que habló de la transparencia con la que se reporta al consejo de administración.

Con todo, mucho más significativo fue el silencio del consejero delegado de FCC, Carlos Jarque, que también intervenía en la conferencia.

Donde menos habrá extrañado este silencio habrá sido en la entrañas del grupo, dentro de las diferentes divisiones de la compañía, donde llevan tiempo sin directrices claras de hacia dónde dirigirse. Por el camino se han quedado algunas oportunidades de participar en atractivas licitaciones en el exterior, tanto en el área de construcción como en la de medio ambiente, que ahora es la principal de FCC.

Todo pasa por Slim

Pero, de un tiempo a esta parte, todo ha de ser consultado con Slim y el imperio de Slim es demasiado grande. De esta forma, las decisiones llegan con cuentagotas. A veces, porque las consultas llevan demasiado tiempo; otras, porque ni siquiera llegan a estar sobre la mesa del magnate azteca a quien, en ocasiones, es mejor no molestar demasiado.

Con este escenario, FCC discurre sin rumbo fijo, con la refinanciación de la deuda bien encarrilada, según manifestó Coronel en la conferencia con analistas. El préstamo sindicado, que tantos quebraderos de cabeza ha dado, especialmente por el diabólico tramo B (que llegaba a tipos de interés de hasta el 16%), vence el próximo año y Slim quiere hacer los deberes antes de que las prisas le hagan tener una posición de desventaja frente a los bancos.

Las finanzas parecen estar bajo control. Pero FCC no es un banco y echa de menos un plan definido. Está por ver cómo se tomará el mercado, si se produce, un sexto año de saneamientos.