La ralentización se ha contagiado al mercado de la vivienda, que ha experimentado durante el verano una caída de las ventas y, por ende, un desplome del 20% en el número de hipotecas firmadas durante los meses de junio y julio en comparación con el mismo periodo de 2018.

En junio, el número de operaciones bajó un 20,7% interanual y en junio, un 20,8%, según los datos del Centro de Información Estadística del Notariado (CIEN) recogidos por el Observatorio Inmobiliario de BBVA Research difundido este viernes. Si se corrigen los factores estacionales y el efecto calendario siguen apreciándose caídas intermensuales del -7,2% y -11,4%, respectivamente, debido al impacto de la nueva Ley Hipotecaria.

"Un factor que explica este fuerte ajuste es la entrada en vigor de la nueva Ley de Crédito Inmobiliario, que debería tener un impacto transitorio sobre las transacciones y las hipotecas", explica Félix Lores, economista de BBVA Research, quien recuerda que en los primeros siete meses del año se han efectuado algo más de 334.000 transacciones, un 6,4% menos que entre enero y julio de 2018.

Nunca antes en los últimos cinco años y medio de recuperación del sector inmobiliario se había apreciado un descenso de esa magnitud.

Por qué se compran menos casas

La moderación en la creación de empleo durante el verano también ha influido a la baja en la demanda de viviendas, así como el estancamiento en la reducción de la tasa de paro y la pérdida de confianza de los hogares, a pesar de la subida del 2,3% que se ha producido en los salarios. 

Según los datos del Banco de España, el crédito nuevo para comprar viviendas cayó en consonancia con las ventas, que se desplomaron un 20,8% en junio y un 21,3% en julio. En junio se firmaron 21.053 hipotecas y en julio 20.719, lo que supone el mayor descenso desde enero de 2015. El importe medio de esos préstamos fue de 150.000 euros.