Si alguna enseñanza financiera ha dejado la pandemia ha sido la importancia de disponer de liquidez inmediata para hacer frente a la falta de ingresos por el cese temporal de las actividades comerciales o por la pérdida temporal o definitiva del puesto de trabajo. Se ha comprobado con el mayor reembolso de fondos de inversión en 2020 o el rescate obligado de fondos de pensiones en los primeros meses de la pandemia, cuando las situaciones personales han sido más críticas.

A nadie puede extrañar que las cuentas corrientes sigan marcando récords mes tras mes y que cada vez estén más cerca de la barrera de los 800.000 millones de euros. En el mes de noviembre, último dato publicado por el Banco de España, el dinero guardado en cuentas a la vista ascendió a 788.176 millones de euros, 5.764 millones más que en el mes anterior. Si a esta cifra se suma la cifra de los depósitos a plazo, 112.784 millones de euros, el ahorro de las familias gestionado de forma casi gratuita por las entidades bancarias suma 900.960 millones, un 19,28% más que hace cinco años, cuando los bancos gestionaban 755.334 millones.

2020 no ha sido un buen año para ningún sector. A la fulminante crisis económica que siguió al confinamiento total de la población en España y al cierre de todas las actividades que no se consideraran esenciales, siguió un tsunami en el mundo de las finanzas. La bolsa se desplomó, los inversores rescataron, alegando razones excepcionales, los planes de pensiones y el patrimonio de los fondos de inversión hizo aguas. El verbo que más se conjugó durante esos primeros meses del estado de alarma fue "ahorrar". 

Incremento del ahorro

No hay más que analizar la evolución del saldo vivo de las cuentas corrientes a partir del confinamiento general decretado a mediados de marzo del pasado año. Entre ese mes y junio, el incremento mensual del montante de las cuentas corrientes se situó siempre en el entorno de los 12.000 millones de euros, cuando la media mensual del año ha sido de 6.700 millones. 

Buena parte de la subida es consecuencia del trasvase de dinero desde la inversión al ahorro. Según los últimos datos recogido por Inverco, en 2020, las suscripciones netas de fondos de inversión (el dinero puesto a disposición de las gestoras por los ciudadanos, menos los reembolsos) apenas llegó a los 513 millones, una cantidad tres veces inferior a la de 2019, que tampoco fue un buen año.

Buena parte de la subida es consecuencia del trasvase de dinero desde la inversión al ahorro

El camino seguido por las cuentas corrientes y los depósitos a plazo es opuesto. Mientras las primeras han aumentado entre enero y noviembre del pasado año en 73.989 millones de euros, un 10,35%, los depósitos a plazo han ido perdiendo importancia en la cartera de ahorro de las familias a medida que los tipos de interés han ido bajando. Así, en los once primeros meses de 2020, se ha pasado de los 140.498 millones que estaban custodiados en diciembre de 2019 a los 112.784 millones actuales. Es un retroceso de 27.714 millones, un 19,72%. En 2015 había 318.600 millones a plazo. 

Es también una reacción lógica a la política monetaria seguida por el Banco Central Europeo en los últimos años, concretamente desde el 10 de marzo de 2016. Ese día Mario Draghi decidió bajar el tipo de interés al 0%, inaugurando una nueva etapa, la del 'dinero gratis para todos', que ha acabado con las 'guerras del pasivo' en la que se enfrascaban las entidades financieras para atraer el dinero de los ciudadanos ofreciendo mayores rentabilidades que las de la competencia.

Cobros por el ahorro

En 2010, por ejemplo, un depósito a plazo se remuneraba, como media, al 2,74%, y al 3,08% si no se tocaba entre uno y dos años. Las cuentas corrientes han gozado siempre de la disponibilidad inmediata del dinero para sus titulares a cambio de una rentabilidad simbólica, el 0,27% ese mismo año. En 2021, en plena crisis de la deuda soberana, un depósito ofrecía un tipo del 2,83%, pero todo cambió a partir de 2014, antes, incluso, de que el BCE empezara a regalar el dinero. Para proteger a la moneda única el BCE preparó toda su artillería monetaria y el año acabó con los depósitos a plazo pagando un 0,66% y las cuentas corrientes, un 0,14%.

En noviembre pasado, las cuentas corrientes ofrecían un 0,01%, lo que equivale a hablar de una rentabilidad de un euro por cada 10.000 ingresados. Los nuevos depósitos ofrecen una media de 9 euros por cada 10.000, y pueden llegar a 11 euros si el plazo es superior a dos años. La escasa diferencia en los tipos de interés explica por sí sola el trasvase de dinero de un sitio al otro. Para qué van a pagar la banca más intereses si tiene el dinero gratis y hasta con descuento del propio BCE.

La batalla está ahora en si, finalmente, los bancos se atreverán a cobrar a los clientes particulares por custodiar su dinero

La batalla está ahora en si, finalmente, los bancos se atreverán a cobrar a los clientes particulares por custodiar su dinero. Las empresas ya están pagando desde hace dos años por 'aparcar' sus excedentes de tesorería, en línea con lo hace el BCE con los bancos cuando dejan en Fráncfort el dinero, en la llamada técnicamente facilidad de depósito, y no lo prestan a la economía. En la actualidad ese coste es del 0,50%. Las empresas empezaron a pagar en enero de 2019 un 0,13% y en la actualidad abonan un tipo medio del 0,2%.

Algunas entidades han empezado a cobrar a clientes particulares con ninguna otra vinculación con el banco salvo el dinero depositado, aunque se trate de cuantías importantes. Es el caso de BBVA o algunos bancos extranjeros que operan en España como Credit Suisse, UBS o Julius Bär, más bancos de inversión que de 'retail'. El coste oscila entre 0,025% mensual en el caso de BBVA para saldos superiores a 100.000 euros y el 0,6% de UBS para importes de más de 500.000 euros.