Análisis

Por qué fusionar Bankia si se puede vender

El mercado se decanta por la venta del 61% de Bankia a Caixabank, que defendió Calviño en 2018, más que por un intercambio de acciones que dejaría al Estado como un convidado de piedra en la entidad resultante

Caixabank y Bankia quieren tener ultimada su fusión antes de fin de año
Caixabank y Bankia quieren tener ultimada su fusión antes de fin de año

El Gobierno ha conseguido desviar la atención económica desde la difícil situación por la que atraviesa el país hacia el intento de fusión entre Bankia y Caixabank. Puestos a resolver problemas -Bankia lo lleva siendo desde mayo de 2012-, por qué el FROB no vende de una vez por todas el casi 62% de las acciones que tiene en la primera entidad y maximiza el valor de esa participación de control, que, hoy en día, es el principal valor que tiene la entidad que preside José Ignacio Goirigolzarri.

No es lo mismo tener casi las dos terceras partes de una entidad que vale hoy a precio de mercado 4.240 millones de euros, pero que tiene una enorme parte de su actividad concentrada en regiones potencialmente más activas, que un 16% de una entidad más grande, pero en la que ni siquiera el Estado es el primer accionista y que seguirá concentrando el 100% de su actividad bancaria en España, sin otra tabla de salvación en caso de crisis. La decisión está sobre la mesa del Gobierno y abre un nuevo debate sobre las dos facciones del Ejecutivo.

En diciembre de 2018, Nadia Calviño, ministra de Economía, destacaba que “no es lo mismo vender el 7% del capital que una participación de control”. Lo decía cuando las acciones de Bankia se podían comprar en el mercado por 2,82 euros; la entidad tenía una capitalización bursátil de 8.700 millones de euros y la participación del Estado valía algo más de 5.300 millones”

El mercado cree que una fusión con Caixabank no es más que una patada a seguir, como en el rugby, que refuerza la vigencia del discurso del vicepresidente Pablo Iglesias sobre la necesidad de una banca pública que desapareció hace más de dos décadas, pero que retrasa sine die la devolución del rescate que el Estado español, en connivencia con la UE, hizo de la entidad bancaria en mayo de 2012. Otro pequeño cisma más en el Gobierno de Sánchez.

Obtener liquidez

En un momento en que los beneficios bancario (donde los hay) se han reducido tan drásticamente como la actividad económica, quizás “el Gobierno, impulsor de la operación, encuentra en la venta una manera fácil de obtener liquidez”. Joaquín Robles, analista de XTB, cree que “el Estado está ahora mismo con muchas dificultades para sujetar el déficit público y esta es una de las pocas balas que tiene a mano y la más rápida para obtener liquidez”. El problema es someter la operación de venta al escrutinio público, cuando dejaría un agujero en torno a los 18.000 millones de euros, por muy descontado que esté desde hace años por el BCE y el Banco de España.

El rescate de Bankia y su matriz, BFA, apenas unos meses después de su sorprendente salida a Bolsa, no ha tenido el retorno que se esperaba. De acuerdo con los últimos datos de Bankia, la entidad ha devuelto al Estado 3.303 millones de euros de los 10.620 millones que recibió en mayo de 2012 (el 31,1%) y el 14,7% del total aportado a Bankia y BFA, 22.424 millones. Por los dividendos de seis años (entre 2014 y 2019), Bankia ha reembolsado 1.180 millones y otros 2.122 millones por las dos privatizaciones parciales llevadas a cabo en febrero de 2014 (1.304 millones por el 7,5% de las acciones) y diciembre de 2017 (818 millones por el 7%).

“El Estado está ahora mismo con muchas dificultades para sujetar el déficit público y esta es una de las pocas balas que tiene a mano y la más rápida para obtener liquidez”, señala un analista

El Estado tiene hasta el 31 de diciembre 2021 para salir del capital de Bankia. Inicialmente, el compromiso con la Unión Europea era de cinco años, hasta 2017, pero Rajoy consiguió del Congreso de los Diputados una prórroga de dos años y Sánchez, de otros dos, hasta diciembre de 2021. Antes de que acabe este año, el Gobierno deberá aprobar una nueva prórroga, de dos años más se supone, en el enésimo intento de máximizar el retorno de las ayudas públicas.

El problema es que ni la economía tiene visos de cambiar ni el próximo ni el siguiente año ni el vicepresidente Pablo Iglesias va a moverse un milímetro de su discurso sobre las bondades de una banca pública que preste barato a quien se sabe que no tiene capacidad alguna de devolver el dinero. La fusión Bankia-Caixabank es neutra para el Gobierno de la nación y le quita algún que otro problema personal a Caixabank, que siempre ha sido algo más que un banco.

La primera venta del 7% de una Bankia ya nacionalizada se hizo en 2014, a 1,51 euros. La segunda, en diciembre de 2017 a 1,015 euros, teniendo en cuenta el contrasplit de cuatro acciones en una. El viernes, las acciones del banco cerraron a 1,38 euros y las de Caixabank, a 2,009 euros. Mantienen latente el efecto fusión desde hace una semana, a la espera de que los consejos de administración de ambas entidades den pistas sobre el futuro de la operación.

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