Pensiones

El caso sueco: la reforma de pensiones que muchos expertos quieren traer a España

La reforma se inició en el año 1991 y se terminó en 2001, aunque el periodo de transición no acabará hasta 2017. Requirió un alto nivel de consenso político y social.

Pensionistas.
Pensionistas. EFE

La reforma de las pensiones está en boca de todos. Va a ser sin duda uno de los grandes cambios que tiene que impulsar el Gobierno en esta legislatura, pero no va a ser fácil. Las posturas están bastante alejadas y cada vez hay más propuestas encima de la mesa. La reforma que llevó a cabo Suecia hace años es uno de los modelos que los expertos utilizan de forma recurrente como ejemplo para España. ¿Pero en qué consiste realmente? ¿Se podría aplicar aquí?

En Vozpópuli hemos querido profundizar un poco en el tema y analizar la reforma que hizo el país nórdico hace años. Una de las cosas que llama la atención es que la reforma tuvo un gran nivel de consenso político y social, algo que se antoja esencial cuando se habla de una reforma así. El cambio de modelo empezó en 1991 y culminió en 2001 con el pago de la primera pensión bajo el nuevo esquema. Eso sí, el periodo de transición aún no ha acabado y se extenderá hasta 2017.

¿Cómo es el actual sistema de pensiones sueco? Es un sistema mixto, que combina elementos del sistema de reparto, como el español, con otros del sistema de capitalización. Las pensiones de cada año se pagan con las cotizaciones de ese año. Pero, al mismo tiempo, se calculan como en el sistema de aportación definida, a través del saldo acumulado en una cuenta nocional individual, en la que se contabilizan el total de las cotizaciones y los rendimientos generados hasta la jubilación.

Cuentas nocionales

La principal diferencia entre este sistema y el español es la forma de calcular la pensión. Hoy en España los jubilados tienen prestaciones definidas. Cuando llega el momento de jubilarse, su prestación se calcula combinando el número de años que ha cotizado con las aportaciones realizadas durante los últimos 25 años. Y las pensiones están limitadas por arriba y por abajo. En 2016, la pensión mínima se fijó en 636 euros y la máxima en 2.567 euros.

En el sistema de cuentas nocionales, en cambio, se abre una cuenta ficticia a cada persona que se incorpora al mercado laboral y le va acompañando a lo largo de su vida. En ella se anotan las cotizaciones sociales que realiza y cuando se jubila se calcula la prestación en función de todas las aportaciones. Esas aportaciones, además, se van actualizando para vincular directamente cotizaciones y prestaciones.

La cuantía de la pensión anual que finalmente acaba percibiendo el jubilado es el resultado de dividir el valor cuantitativo de los derechos adquiridos entre la esperanza de vida estimada de la cohorte de población a la que pertenece el individuo en el momento de jubilarse. Probablemente tampoco sería necesario fijar una edad legal de jubilación (67 años en España tras la última reforma) y cada trabajador decidiría cuando hacerlo asumiendo que cuanto menos trabaje, menos pensión percibirá.

El sistema sueco se basa en tres pilares: pensión mínima, cuentas nocionales y aportación a un plan de pensiones

Una vez que tenemos claro cómo funcionan las cuentas nocionales, veamos los tres pilares en los que se basa el sistema sueco. Para empezar, la pensión mínima en este sistema está garantizada y se financia a través de impuestos generales. Eso sí, para acceder a la totalidad de la pensión mínima, son necesarios 40 años de residencia en el país.

El segundo pilar es la pensión derivada del sistema de cuentas nocionales que ya hemos explicado. El tipo de cotización en Suecia es del 18,5% y el 16% del total se destina a la cuenta nocional de cada cotizante. El resto, un 2,5%, al un plan de pensiones. A su vez, los importes de la cuenta nocional se depositan en los cuatro fondos de reserva que componen el sistema de pensiones. Y los trabajadores pueden acceder a la pensión que les corresponde a partir de los 61 años, asumiendo la reducción de la cuantía de la prestación.

Y el tercer pilar es la aportación al plan de pensiones que se hace a través de ese 2,5% de la cotización. Esta cantidad se destina a un plan de pensiones individual elegido por el trabajador en función de su rentabilidad y su perfil de riesgo. El saldo acumulado, que suma aportaciones y rendimientos, puede rescatarse a partir de los 61 años y constituye una pensión anual calculada tomando como referencia la esperanza de vida futura de la generación.

Carta naranja

Y hay un elemento más propio de este sistema que muchos expertos quieren traer a España, la famosa 'Carta Naranja' que se manda cada año a todos los cotizantes con una estimación de la pensión que van a recibir en tres escenarios de jubilación (61,65 y 70 años), la cuantía de la cuenta nocional en ese momento y la del fondo de pensiones privado.

El Gobierno español se comprometió a enviar una carta similar a los mayores de 50 años cuando llegó al poder. Pero no lo hizo. El su lugar, planteó un simulador electrónico en la web ‘Tu Seguridad Social’, en el que se puede calcular más o menos cómo será la prestación de los futuros jubilados. Eso sí, con limitaciones y dificultades técnicas.

En definitiva, el sueco es un sistema que, en boca de muchos expertos, garantiza la estabilidad y sostenibilidad en el largo plazo al vincular las pensiones a la situación de la economía, refuerza la relación entre las aportaciones y las prestaciones, establece incentivos a la prolongación de la vida laboral, flexibiliza la edad de jubilación, incentivar el ahorro a largo plazo y mantiene los mecanismos de redistribución del sistema. 

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