La lista de faros que pueblan los 8.000 kilómetros que recorren la costa española es tan amplia como la necesidad que desde antaño se ha tenido de guiar a los barcos en la noche, así como de estar ojo avizor ante las posibles invasiones.

Son 188 los faros que ponen luz a la mar de nuestro país, según Light Houses of Spain, de los cuales algunos se han destinado al uso cultural (museos, centros de exposiciones o de interpretación, donde la mayoría acogen visitas guiadas y en algunos hasta se puede subir hasta su bombilla), otros se han transformado en hoteles de lujo o localizan en su interior un nuevo concepto de restauración y, una minoría, siguen estando habitados. Pero la historia que rodea cada uno de ellos y sus alrededores, deja a un lado su uso actual para centrarse en su belleza paisajística y arquitectónica.

Torre de Hércules (La Coruña)

Convertido en el símbolo de la ciudad de La Coruña, con 68 metros de altura y ubicada entre la ensenada del Orzán y el Golfo Ártabro, la torre de Hércules se consagra como el único faro romano del mundo que a día de hoy sigue en funcionamiento. Fue construido en la segunda mitad del siglo I d.C., por un arquitecto de Coímbra llamado Cayo Servio Lupo, debido a la situación estratégica de la bahía coruñesa y con el fin de guiar las embarcaciones que navegaban hacia las islas Británicas en busca de estaño, cobre y hierro.

Faro Torre de Hércules © Faro Torre de Hércules

Durante la Edad Media, la torre de Hércules se convirtió en fortificación y en el siglo XVIII fue reformado su revestimiento por el arquitecto Eustaquio Giannini. Aunque las leyendas y los mitos que rodean a este faro son numerosas, la más conocida es la que cuenta que fue levantada por el mismo Hércules y que bajo el faro está enterrada la cabeza del gigante Gerión. Una visita indispensable de la costa gallega que fue declarada Bien de Interés Cultural en 1931 y monumento Patrimonio de la Humanidad en 2009.

Faro de Formentor (Mallorca)

En el extremo norte de la isla de Mallorca, en la península del Formentor, se encuentra su faro homónimo. Fue inaugurado en 1863, en un proyecto con el que se pretendía instalar diversos puntos de señalización luminosa con el objetivo de ofrecer mayor seguridad a las embarcaciones que navegaban por estas costas durante la noche.

Faro de Formentor © David Vives

Su construcción comenzó en 1857, dedicando los dos primeros años a la apertura de un camino especial para poder llevar hasta allí los materiales necesarios para construir el faro. Se trabajaba sin descanso, de lunes a domingo, hasta el punto de que el Obispo de Mallorca ordenó levantar un altar en los alrededores para que los obreros pudieran oír misa antes de ponerse a trabajar cada domingo. Seis años después, se logró terminar el mayor faro de la isla, a 22 metros de altura y a 210 metros sobre el nivel del mar.

Faro del Castillo de Santa Ana (Castro Urdiales, Cantabria)

Situado junto a la Iglesia de la Asunción el faro del Castillo de Santa Ana, en Castro Urdiales, formaba parte del entramado defensivo de la villa. Fue construido en 1163, aunque se desconoce si se levantó al mismo tiempo que la villa o se construyó encima de una fortificación ya existente aún más antigua. Lo que está claro es que, durante el reinado de Isabel II, el 19 de noviembre de 1853 fue la primera vez que se encendió, pero no fue hasta 1919 cuando se pudo electrificar.

Faro del Castillo de Santa Ana © Wikipedia

Debido a que el Castillo y el faro de Santa Ana se ubican sobre un promontorio rocoso a 49 metros sobre el nivel del mar y a 16,49 metros sobre el terreno, fue utilizado por los castreños para huir por el mar ante los posibles ataques que pudiera sufrir la villa.

Faro de Cabo de Palos (Cartagena, Murcia)

Sobre el montículo más alto de Cabo de Palos, en una pequeña península de 400 metros de anchura y a 30 metros sobre el nivel del mar, se alza el faro de Cabo de Palos. Su construcción en 1863, proyecto de Leonardo de Tejada, ocupó el espacio que dejó en el pasado una antigua torre vigía.

© Turismo de Cartagena

Su sobrio diseño estaba condicionado por su función de balizamiento y escuela de torreros pues, además de servir como guía para las embarcaciones que se acercaban hacia la costa, la base del faro acogía una de escuela fareros. En la actualidad se sigue utilizando y su señal luminosa tiene un alcance aproximado de 24 millas, o lo que es lo mismo, prácticamente 39 kilómetros.

Faro de Camarinal (Cádiz)

En el cabo de Gracia, entre la playa de los Alemanes y la de El Cañuelo, se localiza uno de los faros más bonitos de la provincia de Cádiz, el faro de Camarinal. También conocido como la antigua Torre de Cabo de Gracia, al servir como torre almenara de vigilancia costera construida por encargo de Felipe II en el siglo XVI con el fin de proteger la costa gaditana frente a los piratas berberes.

Faro Camarinal © Wikipedia

Más adelante, ya en 1989, fue restaurada y habilitada como faro, incluyendo una óptica de tambor y un sistema de iluminación eléctrico que tiene un alcance aproximado de 21 kilómetros.

Faro de Cabo Vilán (Camariñas, La Coruña)

El naufragio de un acorazado inglés en Punta do Boi, a siete kilómetros por carretera desde Cabo Vilán, aceleró la construcción del faro de Cabo Vilán. Esta catástrofe también sirvió para convertir este faro en el primer faro electrificado de España en el año 1896 y en uno de los más característicos de la Costa da Morte, un enclave natural que se convirtió en Sitio Natural de Interés Nacional en 1933.

Faro de Cabo Vilán © Wikipedia

Anteriormente a él, en Cabo Vilán había un faro de vapor funcionando desde 1854, el faro Vello, situado en una torre octogonal sobre una pequeña elevación del que a día de hoy todavía se pueden ver sus restos. Lo que ocurrió es que, al no estar situado en la parte más alta, su luz no era capaz de salvar la roca del cabo y dejaba zonas ciegas, de ahí que decidieran construir este otro. La curiosidad de este nuevo faro que hoy en día se puede visitar, es que el faro y la vivienda de los fareros y sus familias está separado de la torre por un túnel cerrado de escaleras que se eleva a través del acantilado, como si de un búnquer se tratase.