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Bolt entra en el Olimpo de la velocidad junto a Owens y Lewis tras ganar la final en Río con 9.81

Justin Gatlin, medalla de plata, le complicó la carrera hasta más allá de los 60 metros. 

Bolt celebra su oro en los 100 de Río.
Bolt celebra su oro en los 100 de Río.

Usain Bolt entró en la historia en una carrera dura. Un hectómetro esplendoroso en el que Justin Gatlin le exigió mucho. 100 metros al final de los cuales le esperaba un oro que le eleva al Olimpo de la velocidad y le sienta junto a los legendarios Jesse Owens y Carl Lewis. Muchos dicen que por encima, pero a ciertas alturas el orden es una ordinariez.

La carrera no fue un paseo, ni siquiera fue fácil. Bolt no se asomó a la cabeza de la carrera hasta los 70 metros. Gatlin había salido como un cohete (152 milésimas), aunque Usain no respondió mal (155). Sin embargo los, apoyos del estadounidense hasta los diez primeros metros fueron explosivos, plenos de potencia. En el tramo de aceleración, la frecuencia más fluida del Gatlin amplió su ventaja y solo a partir de los 30 metros, en la segunda aceleración, el jamaicano comenzó a recortar espacio. No peligró en ningún momento el triunfo, pero por un segundo reinó cierta incertidumbre porque no llegaban esos 30 metros en los que Bolt acostumbra a ponerse al frente, acelerar y dejarse ir festejando su victoria. 

No fue hasta los 30 metros finales, cuando los rivales se crispan, desencajando su gesto por el esfuerzo para sostener la velocidad punta y la frecuencia, donde surgió la zancada majestuosa de un Usain para dinamitar la final y llevarle a oro

Fue precisamente en esos 30 metros finales que Bolt suele desperdiciar, en los que los rivales se crispan, desencajando su gesto por el esfuerzo para sostener la velocidad punta y la frecuencia, donde surgió la zancada majestuosa de un Usain a razón de 2,70 metros el paso. El jamaicano comenzó a dejar atrás a Gatlin y a la jauría de velocistas que le perseguían. El estadounidense, totalmente descompuesto, veía como Bolt entraba como un relámpago en la meta festejando un oro, el tercero, más comprometido que los anteriores. El crono se paró finalmente en un 9.81 que sabía a poco. Hubo carrera, faltó el récord. 

Bolt se convierte así en el primer hombre en encadenar tres oros olímpicos en los 100, hazaña que amenaza con repetir en los 200, donde es más favorito aún. Y lo hará corriendo con esa sensación de superioridad de quien deja ventaja a los rivales para luego desafiarse a sí mismo y conseguir el más difícil todavía. Contará la historia que Bolt ganó con 9.81 por delante de Justin Gatlin, 9.89, y del prometedor canadiense Andre de Grasse, 9.91. Y contará que Pekín-Londres-Río de Janeiro son los tres vértices del triángulo dorado de Bolt. El hombre más rápido del mundo, el velocista más laureado de la historia. El inimitable Usain Bolt. Desde anoche ocupa el podio de la velocidad con Jesse Owens y Carl Lewis. Palabras mayores. 

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