Colmillos decomisados en Malasia en 2012
Colmillos decomisados en Malasia en 2012 Syarifah Khadiejah Syed Mohd Kamil, Malaysia Department of Wildlife and National Parks.

CAZA FURTIVA

El marfil deja un rastro de sangre fresca

El análisis de más de 200 colmillos de elefante incautados a los traficantes indica que el 90 por ciento procede de animales recién abatidos. Los datos muestran también que los ejemplares son cada vez más pequeños y que el ritmo de exterminio es frenético.

El comercio ilegal de marfil se alimenta casi exclusivamente de elefantes recién cazados. Es la principal conclusión a la que llega un equipo de investigadores que han datado mediante pruebas de radiocarbono 231 colmillos incautados en nueve países entre 2002 y 2014. El resultado, publicado este lunes en la revista PNAS, indica que más del 90 por ciento de los especímenes procedían de elefantes abatidos menos de tres años antes de su confiscación, muchos de ellos en apenas unos meses. Solo cuatro de los colmillos tenían más de cinco años y uno de ellos procedía de un elefante cazado 19 años antes.

"A algunos de estos elefantes los mataron justo antes de arrojar sus colmillos al contenedor"

"Esto demuestra que el marfil se está moviendo rápido por el sistema", asegura el geoquímico Kevin Uno. "A algunos de estos elefantes los mataron justo antes de arrojar sus colmillos al contenedor". "Este trabajo demuestra que muy poco o casi nada del marfil antiguo, que los gobiernos mantienen almacenado, está acabando en el mercado negro", añade Lesley Chesson, coautor del estudio. "Lo que sugiere que hay grandes redes muy desarrolladas para moverle marfil a través de África y sacarlo del continente".

Los datos confirman que el ritmo al que se extermina a estos animales sigue siendo muy alto pese a los esfuerzos internacionales de perseguir el comercio de marfil y frenar las matanzas. Un censo reciente indicaba que los furtivos han matado alrededor del 30 por ciento de los elefantes de la sabana entre 2007 a 2014, es decir, unos 144.000 animales.  Esto dejaría la cifra de elefantes de la sabana restantes en apenas 350.000. Y con los elefantes que viven en los bosques ocurre algo parecido, otro estudio de hace unos meses estimaba que los furtivos habían exterminado a dos tercios de la población para quitarles los colmillos.

Decomiso de marfil en Singapur, 2002
Decomiso de marfil en Singapur, 2002 Benezeth Mutayoba, Sokoine University of Agriculture, Tanzan

El estudio también revela que los furtivos cada vez tardan más en sacar sus cargamentos para la venta (cada vez les cuesta más encontrar suficiente producto) y que los colmillos son cada vez más pequeños (los elefantes más grandes han sido exterminados). Utilizando los datos de ADN los científicos también han podido determinar de qué regiones proceden estos elefantes y han determinado que son los que viven en el este del continente los que se mueven más rápido en el mercado. Al estar en espacios abiertos como la sabana, las matanzas en masa son más fáciles que en los bosques del interior de África. Samuel Wasser, investigador de la Universidad de Washington, que se encargó de recoger las muestras, asegura que la visión de los montones de colmillos apilados es descorazonadora, especialmente cuando se trata de colmillos de animales jóvenes a los que simplemente mataron para atraer a los mayores. "Muchos de los colmillos son tan pequeños que no puedes entender por qué mataron al animal", asegura. "Hay colmillos que apenas pesan un kilo y no tienen apenas marfil aprovechable".

Referencia: Radiocarbon dating of seized ivory confirms rapid decline in African elephant populations and provides insight into illegal trade (PNAS)



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