Pablo Simón. Pedro Vallín. Jorge Galindo. Fernando Garea. Nanísimo. También periodistas-estrella como Manuel Jabois, analistas culturales como Bob Pop y una aparición estelar de Aramís Fuster. Estos ocho personajes, acompañados de otra docena variopinta, son los protagonistas del vídeo satírico más aclamado de estos días, cuya tesis principal es que la tecnocracia académica ha logrado vender como centro reformista el discurso ‘progre’ de toda la vida (más respetuoso con la tradición comunista que con los programas del PP y Ciudadanos). Todo ello a ritmo de electrocabaré y de un montaje pop vertiginoso, que es imposible mirar sin reírse, se esté o no de acuerdo con la tesis. El vídeo es obra de @Flugbeiler, un tuitero con menos de diez mil seguidores que en pocas horas consiguió 3.500 retuits y likes solamente en su cuenta. No fue viral, pero sí la comidilla del gremio, según ha comprobado Vozpópuli.

El mensaje principal se ilustra con memes y juegos visuales, como el momento en que aparecen Santiago Segura, Santiago Abascal y Santiago Carrillo para concluir que el último es el más moderado de los tres, al menos para esta élite de intérpretes de nuestros conflictos sociopolíticos. Hablamos de una serie de profesionales jóvenes, sobrados de títulos académicos, que se dedican a hacer pedagogía ante la parroquia de La Sexta, El País, Público, El Diario y La Vanguardia. ¿La rima más salvaje? “Los liberales europeos  saben dónde está el centro / entre el PSOE y Bildu hay un punto intermedio”. También hay zarpazos contra los políticos de derecha orgullosos de complacer a la progresía, con ejemplos como el de Borja Sémper, a quien atribuyen la actitud de “No me vota ni Dios / pero le gusto a Bob Pop”, uno de los cómicos favoritos de la izquierda ‘cool’ española. 

¿Votantes infraeducados?

Por debajo de este mensaje principal, se encuentra otro muy potente, quizá con más enjundia que el primero. Recoge la sensación de que estos analistas hipertitulados viven en sus burbujas académicas y mediáticas, pensando que la política es solo una cuestión de datos, gráficos y estadísticas. “Este eje de abscisas me da la razón / el único que sabe votar soy yo”, bromea el vídeo. Las imágenes denuncian el clasismo latente en los análisis, con frases tipo “Tú tan ‘Big Mac’ / y yo tan ‘big data’”. Se denuncia el menosprecio por electores infraeducados, que votan guiados por las emociones, como quien se atraca de comida basura para capear un momento depresivo. “Enseñar la bandera es algo insano / yo soy patriota de la CEU San Pablo”, dicen en tono satírico, aludiendo a una de las universidades más pijas de Madrid. 

En mayo de 2020, Fluglieber ya había compartido otro vídeo cómico sobre un asunto similar. Se titula 'Evidence-Based (mi coño)' y habla de los métodos cuestionables de factchecking

Por supuesto, esto es solo un vídeo humorístico, pero describe un fenómeno cocido a fuego lento en los últimos años. Quien quiera comprenderlo en profundidad puede recurrir al artículo “Los nuevos intelectuales de PRISA y el peligro que encierran para el PP”, escrito en 2017 por el ensayista Esteban Hernández. “En estos años, ni la cultura ni la universidad han producido figuras de referencia para el debate público, salvo una excepción, que es muy reveladora. Hay un núcleo de expertos ligados a la Fundación Juan March y a su Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales, ahora recolocado en la Carlos III, que está cobrando un curioso peso. Es el caso de José Ignacio Torreblanca, jefe de opinión de 'El País', Víctor Lapuente, Lluís Orriols y Jorge Galindo, el de 'Politikon', ese grupo de politólogos en el que estaban Pablo Simón, Kiko Llaneras o Jorge San Miguel, con los que han establecido fuertes vínculos a través del Carlos III-Juan March Institute of Social Sciences”, advertía.  

Marchistas-leninistas

Algunos, tirando de sorna, les llamaron ‘marchistas-leninistas’, por su vinculación con la fundación y por intensa determinación para ocupar espacios de poder e influencia (unos más que otros, obviamente).  Cuatro años después, la tendencia sigue viva.  “Más que un modelo de pensamiento, proponen una forma de abordar los problemas. Salieron de una fundación que se jactaba de ser la más rigurosa en ciencias sociales por estar ligada a la cuantificación, al uso de gráficos y mediciones y a los números más que a las palabras. Ocupan ese espectro de ciencias estandarizadas que ha tomado el individualismo metodológico como su guía y que conecta con la ortodoxia internacional. Son más técnicos que pensadores y representan una expresión más moderna del 'establishment'. Son su 'think tank’”, añadía Hernández. Consiguieron irradiar todo el ‘chic’ de la izquierda universitaria sin perder nunca comba con los centros de poder político, una jugada ganadora.

En mayo de 2020, Fluglieber ya había compartido otro vídeo cómico sobre un asunto similar. Se titula “Evidence-Based (mi coño)” y habla de cómo el progresismo usa métodos cuestionables de 'fact-checking' para disfrazar de objetividad sus posiciones políticas. El guión criticaba especialmente los cambios de criterio del gobierno durante la pandemia, algunas veces sostenidos en ‘papers’ académicos dudosos. Ana Pastor, Fernando Simón y Pedro Sánchez eran algunos de los personajes satirizados. El vídeo, como poco, nos animaba a desconfiar cada vez que nos crucemos con un gráfico ‘cuqui’ apoyando una tesis del gobierno. Si alguien montase una versión ‘antiprogre’ de “El Intermedio” tendría que recurrir a Fluglieber como respuesta al ingenio de Querido Antonio.