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Sweet Barrio, el eterno retorno del pop de extrarradio

El dúo madrileño brilla en directo, gracias a su mezcla de rumba, reggae y flamenco-pop

Noche de sábado. La sala El Sol, situada en el corazón de Madrid, ha colgado el cartel de 'no hay entradas'. Estamos en la presentación de 'Cinema Usera', primer álbum de Sweet Barrio, un debut engañoso porque este dúo lleva del sur de la capital lleva ya diez años trabajando en equipo. Su música suena madura, depurada, pero transmiten el entusiasmo de quien da los primeros pasos frente al gran público. Su mezcla de rumba, reggae y flamenco-pop no es nueva, ni tampoco lo pretende, aunque suena como recién estrenada. “Somos los hijos de las primeras familias que poblaron los barrios periféricos de las grandes ciudades en los años setenta. Hemos bebido de su cultura y somos la consecuencia actual de esa época, su sonido está en nuestro ADN  pero le otorgamos nuestro propio enfoque”, nos explican unos días después del concierto. 

El primer subidón de la noche llega con “Bella Kali”, una puesta al día de Las Grecas, himno emblemático del legendario álbum ’Gipsy Rock’ (1974). La versión de Sweet Barrio suena incluso más potente en directo que la que grabaron en estudio. También atacan “Quién maneja mi barca”, una joya pop del repertorio de Remedios Amaya, que ha pasado a la historia por cosechar cero puntos en el festival de Eurovisión de 1983. Que media España se riera de Amaya en vez de aclamarla como una versión femenina de Camarón de la Isla define la escasa cultura musical de muchos (quizá también su clasismo ante los gitanos).

Sweet Barrio ofrecen también una intensa versión de “Ni gritos, ni voces” (1970), seguiriya del mítico ‘cantaor’ José Menese con letra del poeta antifranquista Francisco Moreno Galván. Esta elección se sale de los parámetros del pop actual, totalmente desconectado del cante jondo. Sweet Barrio conocen a fondo la música popular española de los setenta, un caudal inabarcable sobre el que se puede construir una carrera completa (seguramente varias). Por si quedaban dudas, el trabajo de fin de carrera de Irene (la mitad femenina) se tituló 'Cine quinqui. Retrato de una sociedad a través de la música'.

"Los Chichos. Los Chunguitos. Camela. Estopa. La Mala Rodríguez. Siempre que las listas de éxitos se nos amuerman, aparece un artista o movimiento de barrio para devolver a España la alegría"

Contraste potente

Otro de los puntos fuertes de Sweet Barrio es el contraste entre las voces de Irene López y Maxi Jiménez. La de ella es dulce y desafiante, con el empaque que se pide a una diva pop. Él destaca por un punto doliente, que revela su afición al flamenco. Canta como si cada sentimiento que describe le colonizase por completo, sin dejarle pensar en nada más (como debe ser). De momento, la canción más emblemática del dúo es “Amarrao”, la historia de un amor de alto octanaje en el que los protagonistas quieren sumergirse por completo, hasta sentirse inseparables. “Te quiero a mi lao, amarrao” dice la frase principal, mensaje que parece inocente pero que se sitúa en las antípodas de las consignas feministas actuales, alérgicas a cualquier vínculo que implique atadura. En los barrios populares, por supuesto, se sabe que cuanto más fuerte sea un relación más valiosa suele resultar. Otra de las rimas clave dice “…y cuando tenga dinero, me compraré un chandal nuevo”. Es solo una pincelada, pero retrata a esa España en números rojos capaz de alcanzar la felicidad con cualquier cosa que sirva para salir a la calle. Lo importante es socializar, tomar el sol y pasarlo bien. El buen pop se define por su capacidad de decir mucho con muy pocas palabras.

Hagamos un inventario rápido. Los Chichos. Los Chunguitos. Camela. Estopa. La Mala Rodríguez. Siempre que las listas de éxitos se nos amuerman, aparece un artista o movimiento de barrio para devolver a España la alegría que demanda. Esta noche solo hay dos personas sobre el escenario, pero su sonido llena la sala por completo. Maxi es capaz de tocar la guitarra como si fuera un instrumento de percusión. Sabe que una sección de ritmo potente y contagiosa es más de media canción. Seguramente Sweet Barrio lo aprendieron de su afición por la música jamaicana. “El reggae fue el latido principal de nuestras canciones desde los inicios, quizá por eso -porque está muy metida dentro de nosotros- la obviamos cuando nos preguntan por nuestras influencias. Sentimos especial admiración por los primeros años de Bob Marley & The Wailers, por estilos como el ‘rocksteady’ y por el sello Trojan Records”, recuerdan. Otra vez los años setenta (y el final de los sesenta).

Publicado su primer álbum, demostrada la solvencia en directo, ¿cuál es el siguiente paso? Tocar, tocar y volver a tocar para descubrir hasta qué punto hay conexión con su público natural. cCn los llamados 'modernos', dudo que logren rascar algo). Es posible que sea un juicio demasiado tajante: tienen de su parte a Jorge González, miembro de los superventas Vetusta Morla, que esta noche también hace un cameo tocando percusión. Sweet Barrio son conscientes de que no han inventado nada, pero esperan ir cuajando una receta a la altura de sus modelos. “Aportamos una forma de condensar las influencias, esperamos que un sonido único. Si lo hemos logrado es mérito también de Campi Campón, nuestro productor y una pieza imprescindible del proyecto”, subrayan. De una manera o de otra, la música de extrarradio siempre va a volver. Sweet Barrio aspiran a mucho: ser el último eslabón de una brillante cadena. Merecen de sobra espacio para desarrollar su propuesta.

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