Cultura

Semana Santa: ¿Por qué la izquierda rechaza los ritos populares?

El menosprecio a estas fiestas confirma el elitismo de muchos progresistas españoles

Semana Santa: ¿Por qué la izquierda rechaza los ritos populares?
Semana Santa: ¿Por qué la izquierda rechaza los ritos populares?

Es un ritual clásico de estas fechas. El izquierdista arrogante, subido a su altar de Facebook, informa al mundo de su opinión sobre la Semana Santa: “Otra vez a pasear muñecos”, explica a sus seguidores. Son solo cinco palabras, pero condensan décadas de clasismo, antirreligiosidad y arrogancia intelectual del “progre” español. Por fortuna hay excepciones, entre ellas el historiador extremeño César Rina, que publicó el año pasado un excelente artículo titulado “Izquierda, Semana Santa y cultura popular”. Allí lamentaba que “cada primavera, la twitter-intelectualidad, aquella que su mano derecha no conoce el Gramsci que lleva su izquierda, se da un festín a costa de vídeos de los rituales sureños”, lamentaba.

Los ejemplos abundan: uno de los más comentados es aquel discurso de Anna Simón, presentadora de La Sexta, lanzada a ofender a la Semana Santa en 2013. Su ‘chiste’, comentario o lo que fuera describía las celebraciones como “una fiesta donde la gente se disfraza con unos capirotes, se pelean por deslomarse la espalda para llevar una estatua que podría ir sobre ruedas y luego lloran a moco tendido cuando llueve porque no pueden sacarla”, se burlaba. El humorista de Canal Sur Manuel Sánchez “Manu” le contestó con un monólogo y un vídeo donde también aparecían imágenes de una cadena de televisión alemana FTL, burlándose de los andaluces que disfrutaban de los pasos, además de llamarles vagos, alienados y culturalmente atrasados.

"La Semana Santa o las romerías no están relacionadas con el escaso nivel de estudios, cultura o racionalidad de sus perpetuadores, sino que tienen que ver con modelos modernos de identificación", explica el historiador César Rina

En la cultura popular, especialmente la de izquierda, puntúa el menosprecio a los cofrades, como símbolo de que no se transige con “el opio del pueblo” (se suele olvidar que Marx y Engels también consideraban la religión como “el corazón de un mundo sin corazón”, al final de esa misma frase). Podemos comenzar citando el tema “Devoto”, donde el rapero sevillano Tote King resume todos los tópicos atesorados por quienes consideran la Semana Santa como un ritual casposo, franquista y repulsivo. “Cuando llega esta semana es cuando más deseo que llueva / cuando asoma la sotana por La Macarena o por Triana/ Gloriosa vocación que os corre por las venas, como el ‘fúrbol’/ No os salva ya de este tema ni Antonio Burgos”, recita.

Clasismo rampante

Nunca faltarán -por desgracia- “vanguardias culturales” que quieren librar al pueblo de vínculos sociales cultivados durante siglos. Despreciarlos siempre es más fácil que comprenderlos. Otros episodios similares fueron las canciones de grupos de izquierda como Maga (“Silencio”) o Narco, cuyo repertorio rebosa himnos antirreligiosos. Llegaron al paroxismo con el disco Registro de penados y rebeldes (2003), donde incluyeron el videojuego “Matanza del cofrade”, que recibió una condena judicial en 2005 y luego obtuvo del perdón de la Hermandad del Cristo del Gran Poder tras pedir disculpas.

"Es un hecho social total, un fenómeno donde se reflejan múltiples dimensiones: desde la religiosa a elementos de identidad de tipo familiar, de barrio, de grupo social, de pueblo...", apunta Isidoro Moreno

En realidad, como explica Rina, las fiestas de estos días son odiadas por santones de cualquier ideología, desde jerarcas eclesiales integristas hasta intelectuales bajo palio del grupo Prisa, como Antonio Muñoz Molina. Todos ellos se muestran encantados al describir al pueblo como seres sin civilizar. “La Semana Santa o las romerías no están relacionadas con el escaso nivel de estudios, cultura o racionalidad de sus perpetuadores, sino que tienen que ver con modelos modernos de identificación, con la sociedad de masas volcada al ocio, al turismo y al espectáculo y con la búsqueda de arraigos y tradiciones que combatan las incertidumbres y ralenticen el paso vertiginoso del tiempo. Pero en esta nueva época victoriana y biempensante que retratara tan bien Pasolini, obispos y 'progres', Asenjo y Muñoz Molina, van de la mano con el mantra del racionalismo y la domesticación”, denunciaba.

Hay líderes de la izquierda que no aciertan ni cuando ponen de su parte. Quedó claro en el célebre episodio en que Pablo Iglesias celebró que un cargo de su partido hubiese participado en estos rituales. Fue Clara Martínez, número dos de Podemos por Murcia, que interpretó una emotiva saeta carcelera en la Procesión del Silencio. “No soy religioso, pero me emociona…”, escribió el líder de UP en Twitter. La respuesta de Rina no fue entusiasta: “Que el adalid de los ‘pueblos de España’ desconozca las múltiples dimensiones de la Semana Santa y vea en una saeta algo inicialmente religioso, evidencia el largo camino que aún queda por transitar para acercarnos a lo popular libres de etiquetas y cajones ideológicosestancos. Estos rituales pertenecen al horizonte de las emociones y darles una centralidad religiosa supone asumir las narrativas eclesiásticas, ensimismadas en purificarlos de paganismo, espectáculo y diversión”. señala. El historiador extremeño ganó el premio Arturo Barea 2014 por su investigación Los imaginarios franquistas y la religiosidad popular (1936-1949).

Pies desclazos y barrigas llenas

Isidoro Moreno, antropólogo cultural de izquierda, es otro de los defensores de la idea de que la Semana Santa es algo más que una fiesta religiosa. “Yo diría que es un hecho social total, un fenómeno donde se reflejan múltiples dimensiones: desde la religiosa a elementos de identidad de tipo familiar, de barrio, de grupo social, de pueblo...  y personal. No por casualidad mucha gente que emigró en los años 50 y 60 vuelve a sus pueblos ahora”, explicaba en 2009 al Diario de Sevilla. Tampoco olvida la potencia de su vertiente estética. “Es lo que algunos llaman arte efímero, que no es sólo el patrimonio artístico, sino el contexto. En estos días se celebra el principio de la primavera. Algunos celebran la resurrección de la vida con minúsculas y otros con mayúsculas, todo es compatible”, recuerda. Moreno es autor del ensayo  clásico La Semana Santa en Sevilla: Conformación, mixtificación y significaciones (2001), que ha sido ampliamente elogiado por estudiosos de diversa ideología.

Manuel Chaves Nogales, prestigioso periodista sevillano de la primera mitad del siglo XX, fue autor de unas alabadas crónicas recogidas en el clásico Semana Santa en Sevilla (2013). Allí describe unas celebraciones que no son patrimonio de los poderosos, sino que reflejan las luchas sociales dentro de la capital andaluza. “Entre la cofradía del Silencio y la Macarena, el alma sevillana juega libremente todas sus apetencias y se llevar por los más varios requerimientos. El pie descalzo del penitente y la barriga llena del cofrade, el ayuno y las torrijas, la meditación y el vino”, explicaba. También recordaba el placer de las transgresiones, como los nazarenos de La Macarena ligando con devotas “por lo bajini” o escapándose a beber unos chatos en los bares.

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