Cultura

El lado oscuro del negocio del reguetón

Lujo sin control, falta de profesionalidad y cachés que se multiplican por cinco en un año

J. Álvarez, luciendo camiseta de Escobar
J. Álvarez, luciendo camiseta de Escobar

El ascenso de la música latina tiene su lado sombrío. Un artículo reciente en la web Ocio Latino, que pasó injustamente desapercibido, cuenta la realidad detrás de los vuelos privados, los deportivos descapotables y los pabellones repletos. Lo firma un responsable de promoción, Víctor Sánchez Rincones, nacido en Colombia y residente en Madrid. Para empezar, el sector se ha salido de madre provocando una burbuja de consecuencias impredecibles. “Artistas de un solo éxito, pongamos el caso de Lunay, comenzaron el año cobrando 8.000 euros por concierto y han terminado pidiendo entre 25 y 40.000. El mercado está tan saturado que, en el caso de Barcelona, hay cuatro festivales de reguetón en un mismo mes. El que se lleva la palma es el Beach Festival, un evento que sin anunciar el cabeza de cartel ya tiene casi todo vendido”, explica.

Otras fuentes fiables confirman la burbuja. “He visto estrellas del ‘perreo’ con tres asistentes de vestuario: uno le da las gafas, otro le pone la chaqueta y el último le coloca los zapatos delante de cada pie”, confiesa una veinteañera, encargada de promoción. Los séquitos con los que se desplazan por el mundo pueden llegar hasta las 30 personas. “Los cabezas de cartel son muy codiciados. Hablamos de cifras de cinco ceros, cada vez más altas, hasta de 200.000 por un ‘show’ donde todo el mundo sabe que la estrella hace ‘playback’”, lamenta un promotor español.

No solo es el dinero, también hay que aguantarles. Imagina tratar con un veinteañero que lo ‘peta’ en medio mundo, rodeado de empleados que se pasan la vida diciendo que sí a todo. Además la mitad del tiempo van colocados. Los colombianos se meten, pero los ‘boricuas’ (puertorriqueños) se matan, actúan como si mañana se fueran a acabar todos los estimulantes del planeta”, añade un veterano agente musical, claramente crispado. Hoy los grandes nombres se desplazan en avión privado, a 5.000 euros la hora el modelo más barato, con todos los gastos a cargo del promotor. Estrellas como J. Balvin disponen de avión propio y pasan los gastos de combustible, pilotos y estacionamiento en el aeropuerto.

De reponedor a millonario

Los testimonios de la industria española coinciden en señalar el narcisismo y ostentación de la escena. Todas actitudes muy presentes en las letras del género. Antes eran sueños aspiracionales, ahora se han convertido en la vida cotidiana de media docena de estrellas pop. Bad Bunny pasó en tiempo récord de reponedor de supermercado a superventas global, mientras Anuel tiene un “léxico precario que raya en la vergüenza ajena” cuando toca enfrentarse a una entrevista (entrecomillado del artículo de Sánchez Rincones). Si a alguien no le apetece atender a la prensa, deja de hacerlo y punto.

La escritora cubana Mayra Montero, que defiende la calidad literaria del reguetón, explicaba esta semana sus dificultades para conversar con Bad Bunny, que "no se quiere exponer a las entrevistas”. Los artistas viven en burbujas y no asumen el trabajo cotidiano que requiere elaborar una carrera de largo alcance. Al contrario que en el mundo del fútbol, los jóvenes que triunfan en el reguetón y otras formas de música urbana latina no están obligados a seguir entrenamientos disciplinados, ni a mantener una imagen saludable ante patrocinadores, ni al constante escrutinio de la prensa. Una receta perfecta para perder la perspectiva.

Los artistas punteros son tan codiciados que se entregan a la ley del mínimo esfuerzo. “Lo peor es la falta de humildad y de profesionalidad”, repiten ejecutivos y empleados del sector

Los artistas de primera son tan codiciados que se entregan a la ley del mínimo esfuerzo. “Lo peor es la falta de humildad y de profesionalidad”, repiten como un mantra ejecutivos y empleados del sector. El pasado mes de julio, el puertorriqueño Ozuna llenó el Palacio de los Deportes de Madrid, pero ofreció un 'show' lamentable dominado por sonidos pregrabados. No trajo bailarinas, ni coristas, ni rapero de apoyo. Apostó por un concierto de bajo coste más parecido a un karaoke que a un espectáculo de clase mundial. Las pantallas desplegaban un contenido tristón, mezcla de visuales estilo Windows 98 y fragmentos de sus propios vídeoclips. Incluso hubo algún momento bochornoso, como cuando tuvo que abortar el éxito “Ahora dice” por problemas con las bases prepgrabadas. Hizo que el público cantara una versión corta 'a capella' y listo. Como otros músicos de la escena, Ozuna ocultó a su banda en los márgenes para que toda la atención se centrase en su figura. Esa noche la música fue lo de menos y el culto a la personalidad el plato principal.

Para comprender los problemas actuales, hay que recordar que los orígenes del género están entrelazados con ambientes de delincuencia en San Juan, capital de Puerto Rico. Quien mejor lo explicado es John Echevarría, el ejecutivo español que gestionó (desde Miami) el lanzamiento global del género. Descubrió el ‘perreo’ en 2001 casi por casualidad, mientras pasaba unas vacaciones familiares en la isla. Una noche le invitaron a una discoteca y alucinó con el ambiente. “Me llamó la atención el atuendo de los camareros. Todos iban con una riñonera con pinta de guardar dentro una pistola. Llevaban una especie de sonotone, como si fuesen del FBI. Me pareció raro y pregunté. Me dijeron que era porque los 'bichotes' frecuentaban el local. En el narcotráfico 'bichotes' son las manos derechas de los ‘capos’. Y efectivamente mirabas las mesas y en todas había dos o tres botellas de Dom Perignon”, recuerda.

Banda sonora mafiosa

Su relato es elocuente. “Otra cosa de la que me entero es que los 'bichotes' están limpiando dinero con el reguetón. ¿Cuánto cuesta lavar dinero? Si eres un genio, pero genio de verdad, te cuesta un 25%. Lo habitual es que te vayas al 40%. Si entregas 100 dólares te llevas 60 limpios. Estos vendían discos y perdían un dólar por pieza. Recuerda que entonces se vendían los compactos a las tiendas a diez dólares. Perder un dólar por disco era una limpia de dinero brutal, gloriosa. ¡Sacaban un 90%! Y además estaban en la pomada. En las discotecas, las fiestas, con los reguetoneros, aunque en esa época estos solo eran conocidos en Puerto Rico, compraban las radios que programaban su música”, recuerda Echevarría. La conversación, conducida por el también ejecutivo discográfico Adrian Vogel, puede leerse completa en este enlace.

En realidad, el género con orígenes más parecidos al reguetón es el gangsta-rap, que arrasó en los años noventa en Estados Unidos. Por eso hay que alegrarse de que no se hayan registrado episodios mayores de violencia, como los que terminaron con las vidas de Tupac Shakur y Notorious B.I.G, entre otros. Lo que sufrió el reguetón es el paso por la cárcel de muchas de sus estrellas, desde el pionero Tego Calderón hasta el superventas Nicky Jam. Los delitos más habituales entre los cantantes son posesión de armas y de sustancia estupefacientes. Calderón recuerda la cárcel como un experiencia que le obligó a espabilarse. “Allí conocí gente que me hizo ver que yo no era tan desafortunado como creía, que me estaba quejando de más. Tuve claro que ese no era mi sitio. El interés en ser criminal hizo que me costara adaptarme a la vida, pero al final conseguí centrarme”, señaló en una entrevista en 2007. Nicky Jam también confiesa que estuvo entre rejas , tras un periodo oscuro donde se mezclaron fracaso comercial, depresión y adicciones varias. Resurgió gracias al impacto mundial de “El perdón” (2017), pero podría no haberlo hecho. ¿Otro episodio elocuente sobre lo perdidos que andan algunos? En agosto de 2016, el alcalde de Medellín regañó públicamente al reguetonero de Puerto Rico J. Álvarez por posar con una camiseta de Pablo Escobar antes de participar en la Feria de las Flores, pagada con dinero municipal. Allí Escobar no es un héroe pop, sino el culpable de muchas tragedias reales.

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