"No queremos escritores, ni editores, ni críticos: han tenido su tiempo, han hablado de todo lo que han querido y a los lectores nunca nos han hecho caso. Jamás nos han preguntado por qué leemos, por qué nos gusta tanto un libro o por qué nos disgusta otro. Ha llegado nuestro momento", con esas palabras describió la periodista Mercede Milá el espíritu de Convénzeme, su programa dedicado a libros que comenzó a emitirse este domingo en Be Mad, el nuevo canal de Mediaset en TDT. Acaso porque Milá no comenzó siendo muy empática con los autores  y editores, a quienes excluyó de plano,  bastante pocos escritores y profesionales de la edición se aventuraron a verlo.

Se llama así, Convénzeme, con Z, como homenaje a Stephan Zweig. Casi tanto como el nombre del programa –que se salta sin mucho ingenio la norma ortográfica-, hace gala de una cierta extravagancia, poca ortodoxia y de una todavía menor dosis de imaginación, además de poco rigor. El formato obedece a esta dinámica: tal y como lo han hecho este domingo, los lectores charlarán todas las semanas con Mercedes Milá en la librería +Bernat de Barcelona, tratando de convencerle de por qué se tiene que leer o no determinados libros. Se llama la Zeta y la Zeta roja. En esta edición fue posible escuchar, por ejemplo, a una joven de 27 años que puso a parir El Principito de Saint-Exupéry , libro que acaba de leer por primera vez, mientras que ensalzaba a Lucía Etxebarría.

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El espectro del programa pretende cubrir títulos de literatura clásica y contemporánea, en sus distintos géneros y narrativas, tampoco sin ningún rigor u orden. Son justamente los lectores quienes proponen los libros, describen la historias que plantean, analizan –como pueden- la trayectoria de sus autores y exponen en primera persona qué sentimientos les ha generado su lectura.  Que Mercedes Milá no es el Bernard Pivot de Paolo Vasile es algo que pueden imaginar todos. Sin embargo, resulta increíble cómo un mismo formato televisivo puede reunir en tan poco tiempo tanto sentimentalismo y previsibilidad; tanta cerrilidad y poca lectura. Hasta la crítica a la autoayuda es ñoña. "Me parece increíble que los libros de autoayuda, no te ayudan. Me sentí estafada. Por eso recomiendo que nadie lo lea", dijo una de las lectoras invitadas.

Hay una sección titulada “videoselfie”, donde otro lector aporta sus recomendaciones. En este caso se trató de Cosas que brillan cuando están rotas , de Nuria Labari trata el tema del terrorismo y la implicación del periodismo en este asunto desde la óptica cotidiana de una familia común. “Es un libro simplemente genial”, aseguró otra de las lectoras –la mayoría son mujeres-, por cierto. Se analizaron otros libros, algunos con una  previsibilidad soporífera, como Rayuela. Entre el esnobismo que Milá atribuye a los que se dedican profesionalmente a escribir, editar y analizar libros y la ñoñez, previsibilidad y pobreza de su propuesta queda entremedias, una vez más, la ocasión perdida. Salen perdiendo, como siempre, los espectadores y lectores, aunque a juzgar por la breve pesquisa, al menos en lo que al sector editorial y del periodismo cultural respecta, nadie se ha dignado a verlo. "No soy muy de esa señora", han dicho algunos.

Al menos una docena de los consultados –escritores,editores y periodistas- dijo ni haberse planteado tal cosa como vero es programa. Uno solo, el escritor Sergio del Molino, arremetió contra Milá y su programa, previa aclaratoria de que no lo había visto ni tenía pensado hacerlo:  "Sin verlo, estoy muy a favor del programa de libros de Mercedes Milá. Espero que el paso siguiente sea que los lectores orinen sobre los títulos que no les han gustado. O que vomiten sobre ellos, y la presentadora los exhiba orgullosa y chorreantes: mirad, esto es lo que opinan los lectores sobre Faulkner, resabiados elitistas. Espero que el programa triunfe, la furia del gentío crezca en violencia y el gobierno acabe prohibiendo la literatura. Ojalá pasemos a la clandestinidad y vivamos tiempos de gloria y catacumba". Ironías a un lado, el programa es de una ignorancia y simpleza escalofriante. Y salta a a vista que muy pocas personas lo han visto. Si así hubiese sido, alguien en su sano juicio se habría pronunciado.