Cultura

La Polla Records: ¿aquelarre antiespaña o retrato real del país?

Los padres del punk nacional se vengan de años de marginación con una gira triunfal

Evaristo Páramos, cantante de La Polla Records, durante su actuación en el Palacio de los Deportes
Evaristo Páramos, cantante de La Polla Records, durante su actuación en el Palacio de los Deportes Ricardo Rubio

Sobre el papel, era un plan glorioso: los legendarios La Polla Records volvían a lo grande para una gira por pabellones deportivos, haciendo coincidir la fecha de Madrid con el día de la Hispanidad. Ofrecían así una especie de aquelarre anarquista para alérgicos al autoritarismo. El éxito en la venta de entradas fue tan desbordante que tuvieron que añadir otra fecha más, el día anterior al desfile militar. ¿Qué puede haber más bonito que escuchar a La Polla Records en una ciudad tomada por los tanques?

Se puede pensar que el grupo de Evaristo Páramos es la cosa más alejada del ejército español, pero en realidad tienen mucho que ver: su éxito en los años ochenta fue impulsado -en parte- por las casetes grabadas que se intercambiaban los reclutas que hacían el servicio militar obligatorio y necesitaban una música desafiante y divertida que compensase tanto disciplina. En un tiempo donde el punk no sonaba en la radio, los cuarteles fueron la mejor red de difusión para la poesía antisistema de unos chavales de clase trabajadora cabreados con el modo en que funciona el mundo.

Evaristo está pletórico a sus casi sesenta años: se conserva mejor que cualquiera de Sex Pistols y la banda sigue sonando como un rodillo

La gira 'Ni descanso, ni paz' es la hazaña pop de este año, con llenazos (en ocasiones, dobles) en los principales pabellones de España. Algo así solo está al alcance de muy pocos, digamos Rosalía y Vetusta Morla, grupos en la cima de su carrera con presencia constante en los medios de comunicación. La Polla Records lo consiguieron por el camino más complicado: haciéndose fuertes en el circuito de bares macarras de toda España.

Plena forma

¿En qué estado de forma podemos decir que se encuentran? Desde el minuto uno, el grupo hace suyo el inmenso recinto con su rodillo de guitarras, una batería trepidante y un sonido perfecto. Abren fuego con “Salve”, un himno contra la educación religiosa y su papel en la formación de las élites en España. “Hay que estar ‘majareto’ para hablar de amor de Dios/ y al mismo tiempo en sus escuelas/ preparar los cuadros de mando de la represión fascista”, corean quince mil personas. Suena un poco a batallita del pasado, pero llevamos tres minutos de concierto y el público ya está metido de cabeza.

La banda es un derroche de adrenalina, sobre la que Evaristo surfea con elegancia y autoridad, enfundado en una camiseta que parece comprada en las tiendas Desigual el año que se puso de moda el pañuelo palestino. Tiene casi sesenta años, perfectamente llevados, pero se conserva mejor que cualquier superviviente de los míticos Sex Pistols. No es fácil tocar punk a las puertas de jubilarse: hablamos de un género simplón que requiere convencimiento y energía; andar bajo de cualquiera de las dos convertiría el repertorio en inofensivo. La Polla Records, que siempre tuvieron un directo pletórico, suenan como chavales en su primera gran gira. Himnos como “Ellos dicen mierda…”, “No somos nada” y “Carne para la picadora” atruenan en Madrid como cuando Evaristo lucía cresta.

Además de cuarentones y cincuentones, hay mucho milenial con camiseta de Marea o Extremoduro saciando su nostalgia de lo no vivido

¿Cuál es la función de un concierto de La Polla Records en 2019? Como todo acontecimiento importante, no cumple una sino varias. La principal: apagar la sed de nostalgia, recordar a los cuarentones y cincuentones reunidos los mejores años de su vida. “No disfrutamos en el paro, ni disfrutamos trabajando. ¡No, no, no, no! ¿Qué podemos hacer con tanto dinero? ¿Qué podemos hacer con las ventajas sociales?”, rezan los primeros versos de “Nuestra alegre juventud”. Quizá sean los que mejor describen el proceso de crecer en los años del arrase del PSOE ochentero, cuando el malestar social que pudiera experimentar cualquier estudiante era sospechoso, ya que el país acababa de salir de una dictadura y el discurso de modernizador no tenía sitio para disidentes ni para quejicas. Por supuesto, además de nostálgicos de su época punk también abundan los mileniales con camisetas de Marea y Extremoduro, saciándose de nostalgia de lo no vivido (lo contado tantas veces por sus hermanos mayores).

Terapia de grupo

La segunda función no es tan evidente. Siempre que alguien opina que la música popular española de los años ochenta fue tirando a conformista, sale el politizado de turno recordando a grupos como Eskorbuto, Kortatu y La Polla Records. Por supuesto, tiene razón, ya que en tiempos de rendición de la izquierda estos artistas sirvieron de educación política para los adolescentes más comprometidos. Muy mal tiene que estar la izquierda de un país para que los conceptos fundamentales de marxismo y anarquismo sean explicados a un par de generaciones por unos punkis politoxicómanos.

Después de ver como se desinflaban las aspiraciones del 15-M, hasta el comunista más convencido tendrá que reconocer que los compañeros anarquistas suelen llevar razón

La realidad es que La Polla Records nunca fueron una llamada a las armas, sino unos cronistas brillantes del derrumbe de las posibilidades de cambio. “¿Cuánto viviremos?, ¿cuánto tiempo moriremos? En esta absurda derrota sin final”, dice su letra más coreada esta noche. “Dentro de nuestro vacío solo queda en pie el orgullo, por eso seguiremos de pie”, continua poco después. No estamos ante el subidón de voltaje de quienes aspiran a un mundo más justo, sino apuntados a una terapia de grupo para sacudir la frustración y poder continuar el camino. “Hace ya tiempo que se acabó/ el necio sueño de una vida feliz/ nunca tendremos un salvador/ que nos regale otra oportunidad”, recita un estadio entero con Evaristo.

Atender a sus letras obliga a darles la razón en todo, especialmente a las puertas la repetición electoral. “Señores diputados, la situación es extremadamente grave. Debemos hacer un consenso para meterlo dentro de un marco, ¡qué monada! Como primer punto del orden del día, actualizaremos nuestro sueldo. Como segundo punto, bajaremos el de los demás”, dice la introducción hablada de “El congreso de los ratones”. Las letras de La Polla son muchas veces el retrato más fiable del país. Después de ver como se desinflaban las aspiraciones del 15-M, hasta el comunista más convencido tendrá que reconocer que los compañeros anarquistas suelen llevar razón.

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