Cultura

Liam Gallagher no es feliz: ¿vivimos una epidemia depresiva en el pop?

Las disfunciones mentales y los suicidios son cada vez más frecuentes entre las estrellas del pop

Liam Gallagher.
Liam Gallagher. Europa Press

Hace demasiado tiempo, al menos dos décadas, que los canciones de los hermanos Gallagher interesan menos que sus entrevistas. El grupo creció entre conflictos internos, insultos a otros artistas (Blur, Radiohead, James Blunt…) y las dificultades para manejar un éxito supersónico desde su primer álbum, 'Definitely Maybe' (94), del que ahora se celebra el 25 aniversario. Con la edad siempre llega algo de madurez, evidente en algunas de las respuestas -muy sentidas- que daba esta semana Liam Gallagher a la revista española 'Icon'. El cantante habló de la frustración porque Oasis no hayan seguido el camino hacia la cima de otras bandas británicas, por ejemplo Coldplay, Muse y Depeche Mode. "Estoy muy cabreado, pero intento superarlo", concluye.

Tampoco rehuyó explicar su situación personal: "Después divorciarme me quedaron, no sé, un millón de libras. Que sí, es un montón de dinero, pero intenta comprarte una casa con eso en Londres, va a ser pequeña. Así que pensé en irme a la puta España, donde mi dinero vale más, ponerme moreno, adelgazar y pensar en mi puto próximo plan. Pero al final me quedé en Londres, en una casa pequeña y pálido", admitía. También reconoció la necesidad de estar en una banda, a pesar de que a los conciertos de su grupo Beady Eye terminaron registrando asistencias tan modestas como mil espectadores.

"El problema es que tienes montañas de dinero y tiempo: lo único que haces es buscar el siguiente subidón", explicó Keith Flint (The Prodigy), que decidió suicidarse el pasado 4 de marzo.

Más difícil todavía, Liam asegura que Noel Gallagher no anda mucho mejor. "Tenemos otro hermano y tampoco se habla con él. Noel está en su puto mundo ahora mismo. No sé qué pasa con ese cabrón. No es feliz haciendo pop cósmico. No es feliz siendo el líder. No es feliz teniendo todo el dinero. No es feliz con su bella novia. No es feliz con sus 80 millones de libras. No es feliz con nada. ¿Qué coño le hace feliz? Va a terminar tocando en pubs porque los fans de Oasis van a terminar hasta las narices de él", lamenta. Las peleas entre ambos han privado a sus millones de fans de una reunión de Oasis, que hoy parece más lejana que nunca. Se habla más de un posible musical que de su regreso a los escenarios. ¿Cómo puede ir todo tan mal teniendo todo en tu mano para evitarlo?

La factura de las drogas

También es destacable el caso de Pete Doherty, cima del 'cool' de los años 2000 gracias a su noviazgo con la supermodelo Kate Moss y al éxito de proyectos como The Libertines y Babyshambles. Este año cumplía los temidos cuarenta y concedió una demoledora entrevista a Channel 4, donde terminó llorando al recordar el tiempo y las oportunidades que había perdido por culpa de las drogas. Ahora intenta llevar una vida tranquila junto a su joven novia, su banda The Puta Madres y su perro bautizado con el explícito nombre Narco. El resto de miembros de The Libertines le incluyen en sus negocios, por ejemplo un hotel en la costa británica; además se encargan de gestionar la parte económica porque él es incapaz de hacerlo. Doherty tiene ahora la regla de no hablar de sus hijos, nacidos de diferentes mujeres.

Mucho peor es el caso de Keith Flint, vocalista del grupo de rock electrónico The Prodigy. El músico se ahorcó en su domicilio el pasado 4 de marzo. La decisión llegó después de que se vera obligado a vender su granja de un millón y medio de libras para afrontar el divorcio de su esposa, la modelo japonesa Mayumi Kai. Muchos recordaron entonces una entrevista a corazón abierto que concedió a la revista 'FHM' en 2015. Por ejemplo, la descripción de su vida al comienzo de los dosmiles: "Fue un periodo oscuro. Bebía y tomaba demasiadas drogas. El problema es que tienes montañas de dinero y tiempo: lo único que haces es buscar el siguiente subidón. Llegó el punto en que tuve que parar. No quería ser un el típico deshecho humano parlanchín", recuerda. En otra de las frases, presagiaba su destino: "No estoy ahorrando en absoluto. Me gasto íntegramente mi dinero. Siempre he tenido la sensación de que, cuando todo esto acabe, me suicidaré", confesaba.

El pasado 8 de septiembre, David Guetta recordaba el cumpleaños de su amigo Avicii, que hubiera celebrado los 30 ese día si no hubiese terminado con su propia vida en abril de 2018. El joven discjockey se mató haciéndose cortes con una botella de vino rota. La escena de la música electrónica no había registrado apenas casos de muertes prematuras, en todo caso muchas menos que la del pop-rock. Entonces comenzó la fiebre comercial del EDM, Electronic Dance Music, caracterizada por los sonidos pegadizos, salarios astronómicos y las giras globales intensivas por grandes recintos.

Retiradas a tiempo

La advertencia que mandó el suicidio de Avicci fue atendida por algunas supertestrellas globales: el discjockey Hardwell, exmiembro de Swedish House Mafia, decidió el año pasado retirarse de los escenarios con una carta explicativa: "En los últimos tiempos me he conocido mucho mejor a mí mismo y me he dado cuenta de que todavía quedan muchas cosas que quiero compartir con mi familia y amigos, muchos caminos que quiero explorar… Pero ser Hardwell las 24h del día me deja con muy poca energía, amor, creatividad y atención para mi vida personal", escribía.

El doctor Norman Rosenthal, psiquiatra del Instituto de Salud Mental Estadounidense participó este año en la mesa del International Music Summit (Ibiza) para explicar los factores que encontraba determinantes. "El síndrome del desfase horario acarrea a todo tipo de problemas, como el llamado síndrome del trabajador quemado, que siempre va aparejado a la depresión. Cuando llegan a ese punto, muchas personas no ven ninguna salida, se desesperan y pierden la conexión con la realidad y con la gente a la que quieren. Llega un momento en que el individuo deja de sentir los lazos que le unen con su familia y amigos", subraya. "Es necesario entender que si seguimos presionando nuestro cuerpo como si fuera una máquina, va a llegar un momento en que se va a parar. Y drogas como la cocaína vacían aún más el tanque de reservas de energía. En muchas ocasiones, cuando los músicos acuden a esta clase de estimulantes es porque la luz roja de sus reservas ya lleva tiempo encendida", advierte.

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