Iñaki Domínguez (Madrid, 1981) es licenciado en Filosofía y doctor en Antropología. Entró en el mundo del ensayo sin pertenecer a ningún clan académico conocido (va por libre y el público lo agradece). Su primera publicación fue Sociología del moderneo (Melusina, 2017), donde habla del narcisismo y el consumismo militante en la subcultura hípster. Su libro más famoso, de largo, es Macarras interseculares (2020), donde investiga los submundos madrileños de las últimas décadas; ahora mismo tiene en el horno una secuela donde hace lo mismo pero abarcando todo el país. Esta primavera ha estrenado un podcast sobre mitos callejeros titulado Código macarra (Subterfuge radio).

Su nuevo libro se titula Del iluminismo a Matrix. Una historia del relativismo moderno (Akal, 2021), seguramente la obra más filosófica y ambiciosa de su carrera, donde impugna los espejismos de los que todos somos víctimas en nuestra vida cotidiana. "En lugar de transformar la realidad, se nos invita a inventar realidades", lamenta. Aquí un resumen de su charla con Vozpópuli.

Pregunta: Publica una historia del relativismo filosófico, cuestionando a fondo sus implicaciones. ¿Qué se pierde la sociedad actual siendo relativista?

Respuesta: El relativismo nos deniega las certezas, que son muy necesarias para la vida humana. Como dice un comentarista estadounidense que cito en el libro: “dos principios básicos para la salud mental son la verdad y una conexión con otros”. Tanto la verdad como nuestra conexión con otros nos están siendo arrebatadas, y no es coincidencia puesto que ambas están entrelazadas. El relativismo extremo nos niega un campo común de interacción. También una forma de aislamiento extremo, una especie de Matrix.

P. Cita usted una inquietante reflexión de un personaje de Pío Baroja: “Después de Kant el mundo es ciego (…) Y esto, tan grave, no es todo; hay además otra cosa que se desprende por primera vez claramente filosofía de Kant y es que el mundo no tiene realidad”.

R. El hecho de que desde Kant desacreditemos la realidad material, puesto que ya no es 'en sí', sirve a los intereses del poder. Mientras en la mente de la persona de a pie lo primordial es creer esto o lo otro, pensar en positivo, o autodeterminarse -puesto que hoy la ideología hace preponderar lo subjetivo-, las élites económicas se apropian lo material. Decir que todo es un constructo cultural sirve a los intereses de poderosos, que son los que se apropian el mundo mientras los demás nos vemos casi obligados a habitar fantasías huecas, imaginarias. Eso es Matrix: degradar la realidad material para vivir vidas imaginarias en las que con solo decidir ser algo ya nos convertimos en ese algo o con solo pensar en positivo todo se arregla. Pero lo cierto es que las decisiones mentales no transforman la realidad. Eso es un engaño ideológico: "La cosa en sí no existe, deja, que yo me la quedo". En lugar de transformar la realidad se nos invita a imaginar realidades.

Instagram es una matriz de representación con la que tratamos de compensar carencias reales", lamenta el autor

P. Otro hilo crucial que recoge el libro es una conversación entre el filósofo John Searle y Michel Foucault, donde el segundo reconoce que “En Francia debes tener un diez por ciento del texto incomprensible. En caso contrario, la gente no creerá que es profundo”. ¿Sigue rigiendo la impostura intelectual en ciertas esferas de nuestro debate público? ¿Puede poner ejemplos?

R. Sí, esa impostura intelectual es especialmente potente en Estados Unidos. En particular, en el campo de la llamada Teoría. Se trata de un enfoque postmoderno que, como su propio nombre indica, carece de enganche con lo material, es una especie de arte no figurativo que, como la teoría queer o el pensamiento positivo, trata de corregir la representación sin tocar las bases materiales de esta. Además, dichos enfoques filosóficos son particularmente confusos por razones de pura mercadotecnia. Como diría Nietzsche, tales escritores “enturbian sus aguas para que parezcan profundas”. Cuando uno dice simplezas, las disfraza con palabras obtusas para parecer que está aportando algo original o sensacional. Algunos suplen sus carencias intelectuales siendo deliberadamente confusos.

P. El ensayo explica con numerosos ejemplos que ha desaparecido al autoestima, que dependemos en exceso de la opinión de los demás. ¿Son espacios virtuales como Instagram una especie de Matrix de la percepción humana?

R. Ocurre con el pensamiento positivo, la teoría queer, el arte abstracto, el lenguaje inclusivo, la financiarización de la economía ... Internet es un terreno representacional al que otorgamos excesiva prioridad. Todos estos fenómenos señalan el origen de Matrix: vidas vividas exclusivamente en el plano de la fantasía, de la imagen especular. Instagram es ya una matriz representacional con la que tratamos de sobrecompensar las carencias reales de las que adolecemos en la vida real. Eso es Matrix: confundir la fantasía con la realidad, querer ver gigantes donde hay molinos, para poder sobrellevar una vida precaria e insatisfactoria. Y ese narcotizar al ciudadano haciéndole creer sus propias fantasías es una herramienta del poder para manipular a la población. En lugar de luchar por materializar los deseos nos dedicamos a creernos nuestras fantasías.

P. Su texto habla también de la izquierda psuedocontestaria, desde el ecologista Al Gore incurriendo en gastos faraónicos de energía hasta la generación ‘woke’ y sus inquisiciones. Encuentra el origen común de estos fenómenos en el puritanismo.

R. Esta izquierda es norteamericana y surge precisamente cuando toda revolución material ha quedado neutralizada (tras la pseudorevolución de los años sesenta). Los antiguos miembros de grupos armados de izquierda son integrados en la universidad americana como profesores y se inicia la financiarización de la economía. Es decir, que surge el capitalismo tardío, neoliberal. La izquierda ‘woke’ no es una herramienta frente al sistema sino una emanación ideológica del substrato económico neoliberal. La izquierda ‘woke’ es puritana, en la peor tradición norteamericana, y sus conceptos básicos son transferidos desde el capitalismo clásico: 'Autodeterminación del sexo = el hombre hecho a sí mismo', 'Género fluido = capitalismo líquido", "Cultura de la cancelación = el cliente siempre tiene razón". En todos los casos hablamos no de transformar la realidad material, sino de modificar los discursos. Por otro lado, al igual que Judith Butler, la autoayuda va de “resignificar los discursos”, no de modificar los hechos objetivos. Hablamos de una izquierda integrada en la matriz discursiva neoliberal que favorece los intereses neoliberales.

La izquierda ‘woke’ no es una herramienta frente al sistema sino una emanación neoliberal", explica Domínguez

P. Me interesa mucho comentar el meme sobre angustia posmoderna que incluye en la página 213. Mi pregunta es si cree que estamos ante una situación imposible o si la mayoría de las veces nos ahogamos en un vaso de agua.

R. Los niñatos ‘woke’ de Yale, Berkeley, etcétera, se ahogan en un vaso de agua porque les interesa venderse como víctimas. Me da igual su raza u orientación sexual. Muchos estudiantes de Yale van de víctimas cuando pagan 70.000 dólares al año solo para estudiar. No hay nada peor que un niño pijo que va de víctima, ¡lo que faltaba! Pero, no solo eso. EE UU consume el 25% de los recursos del mundo, representando su población un 5%, nada más. Un estadounidense medio consume tanta energía en un año como dos japoneses, como seis mexicanos, como trece chinos, como treintaiún indios, como ciento veintiocho ciudadanos de Bangladesh, como trescientos setenta etíopes. Pero no solo eso, el líder de los Panteras Negras Huey P. Newton, que vivía en el gueto de Oakland, tenía coche con 16 años en 1958 -¿cuántos padres de familia europeos tenían coches entonces?- y fue a la universidad en 1960 -¿cuánta gente iba a la universidad en Europa en esos años?-. Pero parece que lo importante no son los datos materiales sino la pertenencia a una u otra tribu adscrita a preferencias sexuales o al color de la piel. Para el resto la idea consiste en compensar simbólicamente (con asuntos identitarios, sueldos simbólicos, pensamientos positivos) la creciente precariedad económica en la que vivimos.

P. Usted es un ensayista prolífico, cuyos textos despiertan gran interés en general, pero especialmente cuando escribe sobre submundos y subculturas. Sus artículos y su podcast sobre macarras han atraído incluso de productoras televisivas. ¿A qué atribuye esta pequeña fiebre?

R. Creo que es algo ligado subterráneamente a cosas que he dicho en esta entrevista. Tenemos un interés excesivo en la pulcritud, vivimos en sociedades esterilizadas. Nuestras vidas cada vez menos son menos auténticas, reales, apasionadas, dolorosas, y, por ello, deseamos contemplar un mundo más real, crudo y veraz: el mundo de la calle, la delincuencia. A esto se debe, también, que referentes musicales como Rosalía o C.Tangana, entre tantos otros, se nutran estéticamente de los barrios bajos. Se trata de una simulación puramente estética que señala, como tantos otros fenómenos, a Matrix: la total desvinculación entre representación (estética macarra) y materialidad (substrato socioeconómico). Queremos manipular la representación sin alterar el mundo objetivo porque así le interesa al poder.