Cultura

Pitingo: “Enrique Morente bailaba en mis conciertos”

Cierra en Madrid la gira 'Mestizo y Fronterizo', que elevó su talla internacional

Pitingo: “Obama no quería irse de mi concierto, tuvieron que avisarle los de protocolo”
Pitingo: “Obama no quería irse de mi concierto, tuvieron que avisarle los de protocolo”

Antonio Manuel Álvarez Vélez (Ayamonte, Huelva, 1980) es uno nuestros artistas más internacionales. Siguiendo una triste costumbre nacional, ha sido más respetado fuera que dentro de nuestras fronteras, aunque esta percepción cambia gira tras gira. Va ganado la batalla a quienes solo han visto la superficie de su propuesta artística. Verle en directo es encontrarse con un artista sólido, fluido y versátil, enamorado de la alquimia de la música. Gran vocalista flamenco, siente una fuerte atracción para el pop, especialmente el de raíz afroamericana. Pone la guinda a la etapa Mestizo y fronterizo con tres conciertos en Madrid -28, 29 y 30 en el teatro Nuevo Apolo- y se retira a preparar su disco para 2020, uno de los más esperados.

¿Cuales fueron los mejores y peores momentos de esta gira que termina?

Antes de la primera fecha, siempre hay mucha incertidumbre. Fue un lujo grabar con Sam Moore, de los míticos Sam & Dave, un artista al que llevo escuchando desde los 14 años. Ahora tiene 84 y sigue cantando muy bien. Es algo mágico y surgió una amistad. Cantar para Barack Obama, tratar a Phil Collins en Miami o que me llame Roger Waters (Pink Floyd) cuando viene a Madrid también es bonito, aunque a Waters le conozco hace ya doce o trece años. Me gusta comprobar que el público sigue fiel a lo que hago después de veinte años. Yo he tratado de cuidarles, de darles lo que quieren, ellos lo saben y lo agradecen.

¿Qué recuerda de su concierto privado para los Obama?

Fue especial y muy íntimo. Nos llamaron sin decirnos a quién íbamos a cantar, solo que era una persona “muy importante”. Estaba toda la familia, siete u ocho personas, el trato fue relajado. Mis coristas de gospel se pusieron a llorar al verle. Eran muchos años esperando que hubiera un presidente negro. Fue muy cariñoso. Se ponía a bailar, cerraba los ojos y no se quería ir a las cuatro de la mañana. Le tuvieron que decir los de protocolo que ya era la hora. Obama también conoce a Sam Moore.

¿Qué le une a Roger Waters?

Cuando me llamaron de su oficina les colgué tres veces porque no me lo creía. Mis palabras exactas fueron “vete al carajo”. Tuvieron que llamar a mi representante y ya entendí que era verdad. Fui a Nueva York a grabar con Waters, luego a París y a Argentina con la gira, donde llenó el estadio de River Plate nueve días y yo estuve con él. Batió un récord de asistencia. Lo de Phil Collins sí me lo creí a la primera (risas). Creo que los artistas de esa talla valoran que no seas 'pelota', que no te pases el día diciéndoles lo buenos que son, como una mosca cojonera. Son gente humilde y humana, les encanta la normalidad. Waters me preguntó si conocía alguna canción suya y le dije que no, pero que me sonaba el estribillo de El muro. Miraba a sus amigos y se partían de risa.

Hay una parte del público que no se acaba de creer su buena relación con Enrique Morente. Se supone que él es la autenticidad y usted la rendición del flamenco, llevarlo al extremo pop.

Morente conocía perfectamente esa percepción. En mi debú estaban Pepe Habichuela, Juan Habichuela, Carmen Linares, Antonio Carmona y Juan Carmona. También José Manuel Gamboa, un flamencólogo que ha trabajado en muchos discos de Morente. Mi primer disco era más flamenco pero tenía una canción llamada Soulería y el maestro me dijo “por aquí, no te muevas de ahí”. Le dije que me iban a llover hostias y contestó que ni caso, que solamente había que preocuparse cuando no te criticaban. Hizo el prólogo del disco y vino a muchos conciertos de la gira. Se levantaba de su silla en el teatro y se ponía a bailar. Le encantaba que pasara del flamenco al pop y de ahí a la música negra.

Parece que ya han remitido los insultos y las bromas que le persiguieron durante años.

Hay una parte del público que no se conforma con no seguirme, se dedica a no seguirme y a criticar algo a lo que tampoco han prestado tanta atención. Es algo muy español, aunque también es de aquí lo de querer tanto como el público me quiere. En Estados Unidos me preguntan como es posible que los españoles tengan tanta mala leche. Yo creo que eso está cambiando y algún periodista ha reconocido que se me ha tratado injustamente. Ahora el reto es volver a mosquearles otra vez, levantar un poquito de ampolla. Al principio, la crítica me afectaba, pero he llegado al punto que no.

Me alegra que los insultos sean agua pasada.

En España se ha puesto a parir a Paco de Lucía por tocar cruzando las piernas, una postura que usaba para llegar mejor al mástil. No me comparo ni con Paco ni con Enrique, que son unos genios. Ellos se llevaron las hostias verdaderas y nosotros los rocecitos. También se ha criticado mucho a Falete, que es un gran artista. La gente desconoce la dificultad que tiene cantar lo que canta. Hay quien reivindica el flamenco puro y a veces me gustaría meterme en sus casas para ver cuántos discos de flamenco puro tienen.

José Menese decía que le costaba cantar por bulerías. ¿Le pasa a usted con algún palo?

Tengo mucho cariño a Menese y estuve muchas veces con él. Recuerdo una ocasión en que me llevó a un festival y actué con la bandera republicana de fondo. Yo pensé “esto qué coño es” y aquel día lo aprendí. Menese tenía mucho respeto al flamenco y es normal que no se sintiese cómodo con un palo tan gitano. También tenía sus cosas, por ejemplo las críticas que hizo a Enrique Morente, que nunca entendí. No deberíamos hablar mal entre compañeros. Yo empecé con gente como Menese, Gerardo Nuñez y Rafael Riqueni, aunque muchos no lo crean.

¿Hay algún palo que se le resista?

Creo que no: si voy a un festival de Andalucía canto por malagueñas, soleás, seguiríyas, cartageneras, tarantas o lo que sea. No digo que cante mejor que los demás, pero canto. En esas situaciones, me cuesta hacer algo afroamericano, pero lo mismo meto un detallito. Cuando me suelto con la música negra es si me llaman de un festival en Atlanta. La primera vez me asomé y vi que el 80% del público era negro. Al principio, me sentía intimidado, pero luego me animé y decidí arrancar con una soleá para seguir con Georgia On My Mind. La reacción fue genial, se pusieron enloquecidos de lo bien que pegaba. Son muy abiertos: es exagerado lo que les gusta What a Wonderful World por bulerías.

¿Como decide qué parte de una adaptación canta en inglés y cuál en castellano?

Tengo la regla de no tocar estribillos emblemáticos, por ejemplo ese de “I Just Called To Say I Love You” de Stevie Wonder. También me gusta mandar las adaptaciones cantadas cuando pido permiso, para ver qué comentarios me hace el autor. Bobby McFerrin, por ejemplo, quedó encantado con Don`t Worry, Be Happy por bulerías. A Luis Eduardo Aute también le gustó lo que hice con De alguna manera hasta el punto de que me hizo el prólogo del disco Cambio de tercio (2014), donde cantaban Miguel Poveda, Estrella Morente y Carmen Linares. Luego me dijo que la canción parecía mía. Siempre busco el beneplácito de los artistas.

¿Hay algún experimento que no le haya salido?

Varios. Intenté adaptar al castellano I Wish de Stevie Wonder, pero es una canción muy canalla, donde un chaval sale a la calle, tontea con las niñas y escribe una frase sucia en la pared del colegio. La tuve que dejar en inglés. También me rendí en más cosas, incluso he grabado alguna que ahora no me gusta. También hay que saber decir “vaya mierda”. Lo que se mantiene es que siempre intento dar un mensaje: en esta gira fue el rechazo al racismo y el siguiente también tendrá el suyo. Me gustan las canciones de amor, pero no solo las de amor.

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