Cultura

Partirse la cara, escribiendo

Alfaguara y La Fábrica publican Guerreros Urbanos, con fotos de JEOSM y textos de Arturo Pérez Reverte.

Una imagen del libro de Jeosm con textos de Arturo Pérez-Reverte.
Una imagen del libro de Jeosm con textos de Arturo Pérez-Reverte.

Uno le quitó la efe a la palabra grafiti en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española; el otro lleva casi 20 años escribiendo su nombre con spray en los muros de ésta –Madrid- y unas cuantas ciudades más. Ambos se conocieron por una novela: la que uno escribía y la que otro ayudó a contar. Los separan 30 años y sin embargo comparten un adjetivo. Uno que realmente los retrata. Arturo Pérez-Reverte y JEOSM son unos bravos: seres broncos, combativos, fieros. Señores, sin duda –caballeros, me permito agregar- pero también bravos. Se trata el escritor y académico de la lengua –Pérez Reverte-, y el fotógrafo y poseedor de un raro don para capturar el alma de las personas con la yema de los dedos – JEOSM-. Los dos disparan, al corazón. Y quien lo dude: que se acerque la diana.

Uno le quitó la efe a la palabra grafiti en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española; el otro lleva casi 20 años escribiendo su nombre con spray en los muros

Juntos publican Guerreros Urbanos (Alfaguara La Fábrica), un foto libro en el que Arturo Pérez-Reverte escribe una serie de textos y foto leyendas para las imágenes de JEOSM, potentísimas instantáneas que aparecen desplegadas a lo largo de 127 páginas. Todas y cada una de ellas documentan la acción de un grupo de escritores de grafitia lo largo de cuatro años –sí, escritores, porque a ellos lo de grafiteros no les vale, no les gusta; tampoco lo de artistas-. Ellos son tíos de las calle: asaltan trenes, vagones, ventanas, lo que sea, para dejar impresos en ellos sus siglas. Las fotografías en las que JEOSM retrata a estos personajes son, además, nocturnas: nadie deja la cara descubierta; los unifica un espíritu de infantería, ese de quienes van a romperse la cara -a dejarse las tripas- en una guerra que solo tiene como aliciente estampar el nombre en una pared. Porque se trata de eso: de enunciar la propia existencia en el lugar más recóndito y arriesgado de la ciudad. ¿Existe algo más abstracto y a la vez universal que enunciar el yo? ¿Quién va a una guerra para existir y no para acabar con la existencia del otro? Ellos. Sin duda, ellos.

Arturo Pérez-Reverte, quien conoció a JEOSM cuando adelantaba su investigación para la novela El francotirador paciente (Alfaguara, 2013), pareció oler el asunto a kilómetros de distancia. Después de 20 años entre las trincheras, Pérez-Reverte puede jactarse de saber quién posa y quién no; quién es real y quién no. Sabe cómo son, a qué huelen y cómo lucen los que mueren matando. Los escritores de grafiti, -claro que de albanokosovares tienen poco- , se delatan ante sus ojos como combatientes. Sin embargo, la batalla de estos chicos y chicas tiene otras señas, otras causas: es la que libra la periferia contra el centro. Una rara guerrilla de seres que desean, por encima de todo, existir. Porque este asunto no va de edulcorar la guerra, sino de reconocer los códigos de quienes luchan. Esa es la sustancia. Ese es el dedo y la llaga (enséñeme la piel, lector, y se lo cuento, parece exclamar este libro).

Llevo cerca de 20 años ligado al mundo del grafiti. Soy fotógrafo, pero también y sobre todo grafitero veterano, por tanto. Escritor de grafiti, c

“Llevo cerca de 20 años ligado al mundo del grafiti. Soy fotógrafo, pero también y sobre todo grafitero veterano, por tanto. Escritor de grafiti, como decimos con orgullo en nuestro mundo (…) Conocí a Arturo cuando él escribía su novela El francotirador paciente (…) Calificó estas imágenes de “guerrilla urbana”, y algo de eso tienen, o mucho. De ahí el nombre del libro: Guerreros urbanos. Es el mío un libro de orgullo de casta, de afirmación de una especie clandestina y dura, que solo busca la aprobación de sus iguales, no de la televisión, ni los medios; solo la de los guerreros urbanos de este entorno real y sincero, grafiti para escritores de grafiti; una guerra interna, incruenta y apasionante, por la competición y la superación, y con ello labrar esa carrera, ese nombre, ese prestigio entre compañeros que te hará leyenda en las calles”, dijo JEOSM, el  fotógrafo de 34 años, en una entrevista publicada con ocasión del libro.

Cuando se les ve juntos a Pérez-Reverte y a Jeosm, se reconoce algo que es –al mismo tiempo- aguerrido y enternecedor. Uno cree en el otro, por las mismas razones pero desde lugares distintos. Escucharlos hablar sentados en altos taburetes, con sendas Alhambra especial –botella verde – en mano, uno tatuado hasta las trancas y el otro con americana, despierta al mismo tiempo empatía y sorpresa. Eso es lo que tienen los bravos: hacen piña ahí donde se consiguen, aunque los separe la edad, la profesión o las circunstancias.

“Lo bonito de esto es que es un proyecto de amigos. Suena raro hasta para mí, pero así es. Es la verdad. Mi relación con Reverte nació con su libro El francotirador paciente"

“Lo bonito de esto es que es un proyecto de amigos. Suena raro hasta para mí, pero así es. Es la verdad. Mi relación con Reverte nació con su libro El francotirador paciente. De entre muchos 'escritores' a los que preguntó, él se interesó por mí. Yo no hablaba de mi mismo, sino de la escena en general. Y eso le hizo pensar que yo era la persona ideal para ayudarle. Se puso en contacto conmigo para pasarme el borrador de su libro para que le echara un vistazo e hiciera una “corrección” de textos. Le ayudé con el tema del argot, de las localizaciones y a adaptar su discurso al mundo del grafiti. El trato al que llegué con él fue que se harían cambios necesarios bajo mi punto de vista, ya que el grafiti es algo que me toca muy de cerca y todo lo que allí quedara debía ser real. Preferí no ganar dinero y ser honesto. Porque cuando hay pasta de por medio, las cosas se pervierten, y de alguna manera te condicionan.”, aseguró JEOSM.

Los que saben de fotografía –aquellos que separan el trigo de la paja- conocían el trabajo de JEOSM desde mucho antes de que se editara este libro. Desde su serie de retratos SoldadosRealidad–lo auténtico era el único filtro de aquellas imágenes- hasta Sacrificio (Autoedición, 2015) un libro que aúna retrato y contexto de la escena de Artes Marciales Mixtas (MMA) en España. “No podíamos ver caras machacadas y desfiguradas, gestos tan fuertes, y no ver el origen de ello, el porqué de tener una cara o un cuerpo así. Para mí fue también un reto personal".

Los que saben de fotografía –aquellos que separan el trigo de la paja- conocían el trabajo de JEOSM, desde mucho antes de que se editara este libro.

Todo en las imágenes de JEOSM ocurre sobria y arbitrariamente: en blanco y negro; aunque convendría decir ‘blanco o negro’.Porque en su mundo se es o no. La importancia de lo vivido supera todo esteticismo. Sin colores, la vida se la juega en los matices; y la herida es más herida; la hendidura más hendidura; y la costra más costra . JEOSM, con su mirada que taladra, consigue grises donde otros meten filtros ñoños. JEOSM no hace eso. Él mira a la cara, como quien ofrece el corazón o los puños. Acaso porque rompió la suya desde muy pronto, JEOSM ve heridas y sonrisas ahí donde otros ven mofletes y granos."Una buena foto siempre la concibo en el blanco y negro como Baylón, de Madoz o de Isabel Muñoz. El color es un factor que cada artista elige para desarrollar su lenguaje y mis colores son estos dos”, dice. Que él se llame a sí mismo escritor guarda una larga y profunda justicia poética. Él, JEOMS,  sale a partirse la cara escribiendo su nombre en un muro. El académico de la Lengua, Pérez-Reverte, reconoce la belleza escondida en esa operación, en esa bella guerra que cuentan ambos en estas páginas.

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