Cultura

Juaristi: “Los bolcheviques se convirtieron en socialdemócratas y anticomunistas a tiempo completo”

El escritor y ensayista echa mano del barco Capitaine Paul Lemerle para desentrañar el siglo XX en su libro Los árboles portátiles.

El escritor vasco Jon Juaristi.
El escritor vasco Jon Juaristi. EFE

El 25 de marzo de 1941 zarpó de Marsella hacia Martinica el barco Capitaine Paul Lemerle. A bordo viajaban centenares de fugitivos del fascismo, bolcheviques, liberales, judíos, refugiados españoles republicanos, pintores, escritores. Se dirigían todos desde la Francia de Vichy hacia las colonias de ultramar. En el interior, alojados en ese enorme vientre de nave que huye, viajan André Bretón, sacerdote del surrealismo; Claude Lévi-Strauss, el hombre que concibió el estructuralismo; el pintor vanguardista Wilfredo Lam; el escritor y revolucionario Víctor Serge; el periodista y escritor Toribio Echevarría. Las ideas del siglo XX sacudiéndose en las bodegas de un barco que viaja lejos, acaso rumbo al siglo XX.

El 25 de marzo de 1941 zarpó de Marsella hacia Martinica el barco Capitaine Paul Lemerle...

Setenta y cinco años después, todos y cada uno de estos personajes emulsionan en las páginas de Los árboles portátiles, un ensayo de Jon Juaristi (Bilbao, 1951) publicado por Taurus, y en el cual el ensayista y escritor reconstruye no sólo el encuentro casual de los hombres y mujeres más importantes de segunda mitad del siglo XX sino la forma en que su encuentro casual, el intercambio de conversaciones e ideas, contribuyen a la aparición de fenómenos como la nueva izquierda, el estructuralismo y las vanguardias artísticas relacionadas con el colonialismo. ¿Qué tienen en común el bolchevique que huye del fascismo con el judío que intenta salvar la vida tras la invasión de Alemania a Francia? ¿Son sus contradicciones las mismas que las del siglo XX?

Los hombres son como los barcos: árboles sin raíces. Leños que el mar empuja

Los hombres son como los barcos: árboles sin raíces. Leños que el mar empuja. “Joven me viste, y vísteme soldado,/ cuando vio los armiños de Sidonia,/ la selva Caledonia/ por Júpiter airado,/ y las riberas de la Gran Bretaña/ los árboles portátiles de España”. En estos versos de la Égloga a Claudio, de Lope de Vega, que cita Juaristi, aluden a la Armada Invencible. Pero es, también, la imagen del errante, la prueba de que todos los hombres y mujeres han llevado a cuestas una guerra de la que huyeron –arrancados en su mayoría- buscando una tierra mejor dónde hundir raigones. Ellos cruzan los mares como los libros el tiempo. Son el bosque que se mueve. El desarraigo que atiza y el lugar en tránsito. A estos árboles portátiles retratados por Juaristi, algo los arponea y sujeta, pasen cuatro siglos o uno.

- Un trasatlántico zarpa desde Marbella, en 1941, y deja atrás una Europa que se cae a pedazos ¿Qué clase de viaje hace? ¿Ideológico? ¿Del XIX al XX? ¿Qué nuevo tiempo se forma en las bodegas de ese barco?

-Este libro sería un episodio que tiene algo de fractal con respecto a la historia de la segunda mitad del siglo XX , que vivió determinada por tres mitos progresistas: las vanguardias postcoloniales; el estructuralismo y la nueva izquierda. Los tres podrían entenderse mejor si nos acercamos a sus orígenes, casi todos ubicados alrededor de la Segunda Guerra Mundial y que surgen casi de manera casual gracias a acontecimientos aleatorios, de los cuales algunos tienen lugar a bordo del Capitaine Lemerle.

"Este libro sería un episodio que tiene algo de fractal con respecto a la historia de la segunda mitad del siglo XX "

-Wilfredo Lam, André Bretón, Claude Lévi-Strauss. Sólo con esos tres ya parecía suficiente para agrietar los grandes mitos que señala, pero ¿de qué forma?

-El mito poscolonial, que sobreviene de la superación del pintoresquismo y el folclore del romanticismo del XIX, tiene una expresión clara en algunos de esos encuentros. Wilfredo Lam es el primer vanguardista del siglo XX. Aunque ya se había encontrado en Marbella con Bretón y después con Picasso, pero es sobre todo el encuentro con Lévi-Strauss en este barco lo que marca a Wilfredo Lam. Lévi-Strauss, que comienza a hablarle de la negritud y las tradiciones afroamericanas a un Wilfredo Lam que está desesperado porque tiene que volver a Cuba cuando ha comenzado a triunfar en Francia, queda alucinado por completo. Claro, Lévi-Strauss no se da ni cuenta de lo que está pasando. A partir de ahí, Wilfredo Lam se convierte en el pintor de la negritud cubana y antillana.

"Guardan relación con el mito de la Nueva Izquierda y que podríamos llamar un marxismo disidente; que busca un nuevo sujeto revolucionario"

-Si a eso se suma que el Capitán Lemerle viajan los exilados luxemburguistas y troskistas, la mayoría de ellos huyen además ¿Qué efectos tiene ese viaje?

-Ellos guardan relación con la idea del mito de la Nueva Izquierda y que podríamos llamar un marxismo disidente; que busca un nuevo sujeto revolucionario. Hoy todavía existe esa búsqueda desesperada, porque a partir de la II Guerra Mundial eso de que el proletariado es el nuevo sujeto de la revolución ya no se lo cree nadie. En el Capitán Lemerle viajan todos esos luxemburguistas que vienen del mundo el bolchevismo y que cuando regresan a Europa vuelven por lo menos socialdemócratas cuando no anticomunistas a tiempo completo. En cualquier caso ahí se produce una mutación, un cambio importante. En el caso del estructuralismo, ese encuentro de Lévi-Strauss (que era todavía una antropólogo positivista) con Bretón permite ir definiendo (con los debates en el barco) lo que van a ser algunas de las premisas del estructuralismo.

"En el Capitán Lemerle viajan todos esos luxemburguistas que vienen del mundo el bolchevismo y que cuando regresan a Europa vuelven por lo menos socialdemócratas"

-La revolución del bolchevismo europeo la hicieron artistas desclasados burgueses, dice usted. Mientras que América hizo la revolución con las clases medias.

-Sí.

-Pero América no habría sido el centro de un estallido único de no haber sido por eso. EEUU se convirtió en un hervidero gracias a eso.

-Hay un cierto fermento en la cultura norteamericana gracias el exilio europeo, pero no con éste. Es Fue muy importante, por ejemplo, la presencia de exilados alemanes de Weimar en la costa Oeste de los EEUU, sobre todo en California, con la presencia de cineastas como Fritz Lang, Michael Curtis y toda esta gran generación del cine de entreguerras que tiene que marcharse a América y que lleva, además, grandes técnicos. De hecho, en el Capitán Lemerle viaja todo el equipo de Fritz Lang, que él había dejado en Europa. Mucos de ellos entablan amistad con Lévi-Strauss.

-¿Y el surrealismo y las vanguardias europeas?           

-No sucede esto. Cuando Bretón llega a Nueva York va a vender varias cosas, una de ellas el surrealismo, que había llegado previamente a América a través de Duchamp. Había llegado la plástica surrealista pero no la poesía surrealista; en Nueva York eso importa más que la literatura y sobre todo la poesía europea, que no entendían.

"Bretón no sabía inglés y no estaba dispuesto a aprenderlo, porque era un tipo de una soberbia desmesurada"

-Bretón fue, según escribe, precisamente el menos hábil intentándolo.

-Para empezar, Bretón no sabía inglés y no estaba dispuesto a aprenderlo, porque era un tipo de una soberbia desmesurada. Le parecía una lengua de bárbaros y él era un descendiente de la gran tradición clásica francesa, o eso creía él. Tenía ese aspecto de ‘grand siècle’, Gran Siglo del que habla Lévi-Strauss, esa pompa que a los americanos no les interesaba , como tampoco les interesaba la teorización sobre el surrealismo, porque su tradición no era ésa. Si es que tenían algo como una tradición. Se desarrolla un cierto interés en el surrealismo, sobre todo gracias a algunos marchantes. El asunto es que esa vanguardia intelectual y política europea que nace en el periodo de entreguerra en Europa lo va a tener muy difícil para entrar en Estados Unidos. No es lo mismo que pasa con la cultura de masas, que puede integrar elementos vanguardistas pero que además está muy ligada a la industria, para empezar a la del cine.

-Dice usted que Peggy Guggenheim encontró en Bretón un psicoanalista Low-cost. Hay cierta crueldad de su parte

- (Una leve y discreta risa) Peggy Guggenheim era una coleccionista. Coleccionaba pintura y pintores. Podía hacerlo. Como se sabe, era muy tacaña y prácticamente contrata a Bretón como psicoanalista porque no le interesaba pagarse a un freudiano de estricta audiencia, porque eran más caros. Así que ella le contaba a André Bretón sus desdichas con Marx Ernst. En fin... El surrealismo dejó bastante fríos a los artistas americanos. Los nuevos pintores, a los Jackson Pollock y los Marc Rothko, el surrealismo el interesaba más bien poco. No sentían interés por las complicaciones teóricas y, sobre todo, no admitían unas direcciones totalitarias de las vanguardias como las que se habían dado en Europa. No admitían a ningún Lenin o Trotsky artístico, como terminó Bretón, que la pasa muy mal, y acaba haciendo una revolución en Haití que termina siendo un perfecto desastre porque abre la puerta a los Duvalier y las sucesivas dictaduras de Haití. Un perfecto desastre. Bretón es una figura de una frivolidad espantosa, algo que Victor Serge ve bastante claro después de pasar por una fase de adoración sin límites. Es entonces cuando se da cuenta de que era un cantamañanas.

-Estados Unidos fue poco permeable en general a las vanguardias europeas…

-Como fue poco permeable al socialismo. Hay un ensayo de Georg Simmel donde se pregunta por qué los Estados Unidos no puede ser socialista. En EEUU las minorías bolcheviques no son capaces de establecer en el mundo su lugar y no es ahí donde se establecen.

"El barco es un microcosmos. Llevaba en su interior una mezcla de todo lo que era Europa en ese momento"

-Al confrontar las biografías de quienes coinciden en ese viaje, el lector asiste a las grandes contradicciones que hay entre ello. ¿Son las mismas contradicciones que hay en el siglo XX?

-El barco es un microcosmos. Llevaba en su interior una mezcla de todo lo que era Europa en ese momento, incluyendo colaboracionistas. Va todo este medio curioso en el que probablemente también iba algún espía. Ese barco era un micro cosmos malavenido entre ellos. Por eso me interesaba la figura de Toribio Echeverría, que es un socialista vasco, de Eibar, muy poco intelectual en el sentido moderno. Era un autodidacta, un obrero consciente, que desde niño había leído mucho en bibliotecas públicas. No había tenido una educación superior ni universitaria pero era un hombre muy listo, muy intuitivo y con un gran respeto por la realidad. Por lo que ve y lo que le interesa. Es el que da el contrapunto.

-En las páginas de este ensayo alude a la novela del mar, en cómo esta elabora una fotografía política de los hombres que viajan en sus naves. Dice que el barco no es una sociedad en sí misma, sino una comunidad.

-Es una comunidad marcada por el viaje. Lo que desean es llegar a un lugar determinado. Los integrantes del Pequod quieren cazar ballenas, pero los que viajan en este barco buscan ponerse a salvo e la persecución fascista.

"Los integrantes del Pequod quieren cazar ballenas, pero los que viajan en este barco buscan ponerse a salvo e la persecución fascista"

-Punto en común más que suficiente.

-Escapar de los fascismos es distinto, para empezar hay estalinistas y antiestalinistas. Esto en el barco se manifiesta como una división clara. Serge lo comenta. Los estalinistas para él son contrarrevolucionarios y gente muy terrible y por tanto no trata con ellos. Es más, creo que hay denuncias. Este tipo de contradicciones que terminan expresándose en la guerra fría está incubándose en esos años.

-La elección de este viaje no fue casual. ¿Qué quería desentrañar en este pasaje?

-Este viaje me obsesionaba desde hace tiempo. Yo conocí Vlady en 1986, en México, cuando hizo su exposición antológica en el Palacio de Bellas Artes. En México yo tenía familia, digamos de artistas, fundamentalmente pintores y arquitectos. A través de ellos llegué al Colegio de México. Es curioso porque Llegué a México con el terremoto, en 1985. A través de uno de mis primos, que era catedrático de arquitectura en la UNAM conocí a refugiados españoles. Yo lo acompañé, hablamos mucho y me presentó a Vlady, que fue quien me habló de este viaje y que un socialista vasco, Toribio Echavarría había ido en ese barco en el que también había viajado Lévi-Strauss. A partir de ahí comencé a leer. Sabía que quería escribir algo sobre este viaje, pero tenía que encontrar una fórmula narrativa y leer bastantes más cosas.

"El discurso de Trump es insostenible. No se puede presentar a Estados Unidos como una nación, porque no lo es"

- Los exilados sienten aprensión por los inmigrantes económicos, asegura. Más allá de eso, en el libro hay una serie de conceptos que mantienen vigencia: el exiliado, el inmigrante económico, el refugiado.

-Ese es el problema. En Europa hay una forma distinta de entender el problema. La migración masiva no siempre se puede distinguir. Eso no sucedía en el periodo de entreguerras. Víctor Serge distingue bastante bien en el barco quiénes son los emigrantes políticos y luego toda esa morralla que, a su juicio, se mueve por motivos económicos. En ese sentido se equivoca porque sí había un grupo social porque que, con la intención que tuvieran o no de buscar un capital, huían de Europa por una causa objetiva: porque iban a exterminarlos.

-¿Los judíos, se refiere?

-No es una clase social, tampoco una comunidad sino un conjunto de comunidades religiones, pero no es una clase social ni un grupo político. Estos son unos ricos que van a hacer fortuna, piensa él, pero obvia el hecho bastante claro de que los judíos son perseguidos por el nazismo. En esos momentos el mundo de los refugiados políticos está más o menos claro. ¿Quiénes son los perseguidos? Los demócratas liberales que no quieren tener que ver nada con el nazismos; los judíos… lo que está más que claro es que en ese barco no van inmigrantes económicos en estado puro. No es un barco de sicilianos que está llegando a New Island.

"Me atraía esa idea del bosque en Macbeth que se mueve. Pero también es interesante como metáfora de los libros, que son los verdaderos árboles sin raíces"

-Sin embargo, a lo que me refiero es que la idea de viaje, de migración, no ha cambiado.

-Ese tipo de fenómenos venía sucediendo desde el siglo XIX. América era un campo libre para los disidentes. Para empezar, con el hecho de que Estados Unidos se crea con disidentes religiosos que llegan de Inglaterra.

Un detalle de la portada del ensayo de Juaristi.
Un detalle de la portada del ensayo de Juaristi.

-Por la poca tolerancia a la diferencia que parece encarnar Donald Trump, no será por mucho tiempo.

-Estados Unidos ha sido un país de emigrantes con grande problemas entre ellos. El discurso de Trump es insostenible. No se puede presentar a Estados Unidos como una nación, porque no lo es. No es una nación, en el sentido de Europa, sino un conjunto de sociedades bastante estancas. El mundo americano lo conozco bastante bien. Es un mundo de migrantes.

-El título del libro: Los árboles portátiles. Alude a los versos de Lope. Pero para usted, ¿qué es un árbol portátil? ¿es arrancamiento, búsqueda de un lugar donde colocar sus raíces…?

-Es desarraigo. El árbol portátil es un árbol sin raíces. Puede ir de un lugar a otro. Son los barcos. En Lope obviamente son los barcos de la armada invencible; el frágil leño de Fray Luis de León es una sinécdoque con respecto a la materia que están hecha, pero me venía muy bien porque tiene una suerte de imagen surrealista cuatro siglos antes de que apareciera el surrealismo y esto me parece divertido. Ocurre porque es una imagen clásica, aunque portátil despista mucho porque era un neologismo cultista curioso pero de una enorme eficacia y podría aplicarse tanto a los barcos como a los hombres. Son como árboles sin raíces que se mueven de un lado para otro. Me atraía esa idea del bosque en Macbeth que se mueve. Pero también es interesante como metáfora de los libros, que son los verdaderos árboles sin raíces.

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