Cultura

La fuente de Guiomar y Machado, el lugar que eligió Sánchez para cortejar a Torra

Pedro Sánchez y Torra en la fuente de Guiomar y Machado.
Pedro Sánchez y Torra en la fuente de Guiomar y Machado. EFE

El encuentro entre el presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra, y el presidente de Gobierno Pedro Sánchez se celebró con la mayor cortesía. La reunión terminó casi recubierta por una gruesa película de azúcar a punto de derretirse bajo la canícula del verano. Torra regaló a Sánchez dos libros sobre Cataluña, Imago Catalonia, de mapas, y Aran, un país, de fotografías, así como una botella de licor de ratafía. Un digestivo, por cierto, acaso para que no se hiciera bola en el estómago el marcador del encuentro: autogobierno, quizá; autodeterminación, cero.

Una de las escenas más llamativas del encuentro se produjo durante el paseo que dieron ambos políticos a través de los jardines del palacio de gobierno. Se detuvieron, además, en la fuente donde el poeta Antonio Machado (1875-1939)  se reunía en secreto con la escritora Pilar de Valderrama (1889-1979), la musa que bajo el nombre de Guiomar inspiró Canciones a Guiomar (1929) y Otras canciones a Guiomar (1936), un pseudónimo del que se sirvió ella para firmar el largo intercambio epistolar que sostuvo con el poeta y, por supuesto, para esconder una relación que comenzó en 1928 y se mantuvo en secreto hasta 1950, cuando Concha Espina escribió un libro sobre la naturaleza de ese personaje al que dirige Machado sus poemas, y de la que hubo mayores detalles tras la publicación póstuma de las memorias de Valderrama. 

"En un jardín te he soñado, /alto, Guiomar sobre el río, /jardín de un tiempo cerrado/ con verjas de hierro frío" escribió el poeta sevillano sobre aquella mujer. Acaso pergeñó muchos de esos versos a los pies de esa fuente de la que Pedro Sánchez le había hablado al presidente de la Generalitat durante la inauguración de los Juegos del Mediterráneo de Tarragona, a finales de junio, y que en esta visita le enseñó.  La fuente, que está junto a la residencia, es una imagen recurrente en la poesía de Machado, junto con el jardín y el agua. 

Los jardines del palacio de La Moncloa, una antigua posesión del marqués del Carpio que databa del siglo XVII, pasó de noble en noble hasta que, en 1784, fue recibida en herencia por María del Pilar Teresa Cayetana de Silva, decimotercera duquesa de Alba. Al morir ésta, el rey Carlos IV adquirió el palacete y la huerta en la que hoy destacan unos imponentes jardines y en cuyo interior, en los años 30, el poeta vio transcurrir buena parte de sus días madrileños. 

En aquel tiempo,  año 1932,  eran jardines de aristócratas abiertos al público por las autoridades republicanas a los que la gente acudía por tratarse de un espacio ameno y acogedor. Acaso por su naturaleza discreta y de celosía, el poeta pensó que sería el lugar ideal para citarse con Pilar de Valderrama, la mujer que ocupó su corazón tras la muerte de la jovencísima Leonor Izquierdo Cuevas, quien murió poco después de casarse. Acaso a Pedro Sánchez también se le pasaría por la cabeza que el enclave resultaría, por qué no, propicio para cortejar y ablandar al libérrimo Torra, quien acudió a La Moncloa, botella bajo el brazo pidiendo autodeterminación. Así, en medio del jardín y a los pies de un grifo abierto, tuvo lugar este encuentro del que quedan algunas fotografías. Un álbum que se reparte entre la cursilería y la propaganda. 



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