Cultura

"Dios es colombiano": la canción más blasfema de la Semana Santa

Igor Paskual apuesta por sacar al rock and roll de su inofensivo letargo

Igor Paskual en un fotograma de su polémico vídeo
Igor Paskual en un fotograma de su polémico vídeo

Hace más de medio siglo, en la década de los cincuenta, un género llamado rock and roll sacudió a la sociedad estadounidense, todavía en fase puritana. Poco a poco, se fue domesticando hasta convertirse en banda sonora de hamburgueserías, anuncios de móviles y series de dibujos animados. ¿Es posible, todavía, que respire un poco de vida? Eso intenta Igor Paskual (San Sebastián, 1975) probablemente el rockero más ilustrado de nuestro país. No conviene pinchar su última canción, “Dios es colombiano”, en presencia de miembros de las cofradías. “La letra tiene que ver con el hecho de buscar el paraíso en tierra. La idea de compensar los sufrimientos. La cocaína es quizá la droga que te hace sentir como un pequeño Dios. Supongo que por por eso es tan adictiva, como el poder: una vez que has probado a ser Dios, nadie quiere dejar de serlo. Sin cafeína y sin cocaína se caería occidente. Los ritmos emocionales y los horarios de trabajo que tenemos no son naturales”, explica.

Lo violencia de la letra, una letanía compulsiva, surge de preguntas que todos nos hacemos. “Tengo una obsesión enorme con el bien y el mal. Desde pequeños nos han enseñado que el mal es castigado y que tiene consecuencias negativas para quien lo comete. Pero eso no es cierto, el mal sólo recibe su merecido si el bien se opone con todas sus fuerzas a él. El día a día está absolutamente condicionado por los ejercicios de poder de quienes pueden permitírselo. La gente bastante tiene con su día a día como para enfrentarse a los que ejercen presión por encima de ellos, sea en un caso de acoso escolar o de corrupción en un ayuntamiento”, afirma. Costará encontrar a alguien capaz de desmentir eso.

Prejuicios 'progres'

Comento con Paskual una escena reciente. El escritor católico Juan Manuel de Prada es entrevistado por la estrella de la televisión Andreu Buenafuente. Este último le pregunta cómo es posible que alguien tan inteligente como el escritor pueda creer en Dios. ¿No es alucinante que las celebridades 'progres' exhiban ese desprecio olímpico por la gente religiosa? “Los intelectuales o parte de la izquierda suelen menospreciar las cuestiones religiosas y éstas terminan siendo utilizadas, vacías de contenido, por la derecha. Es bochornoso como la Iglesia predica el odio al diferente, al homosexual, al pobre…En España, la Iglesia Católica se ha apropiado del aspecto religioso, cuando todo lo que dicen y hacen es lo justo lo contrario de lo que se predica en el Nuevo Testamento. La religión en este país sirve como forma de identidad de una cierta clase social donde lo menos importante es el amor al prójimo. Digamos que sobrevive como ritual”, lamenta.

"El mundo tradicional de la clase obrera se acabó, pero los sindicatos siguen funcionado con parámetros caducos del siglo XIX”, destaca Paskual

Entre metáforas sexuales y rimas con la palabra “gramo”, también se cuela alguna reflexión política, por ejemplo “la clase obrera/ ni está ni se la espera”. Paskual nació en una familia humilde Donosti y siempre aspiró a entrar en el mundo de lujo y privilegio que en principio le estaba vedado. “La clase obrera existe, pero ha perdido la consciencia de serlo. Ya no forma un bloque homogéneo y con fuerza, sólo comparte una desesperación común. Al no haber grandes fábricas con miles de empleados, ya no hay objetivos comunes y su poder  ha desparecido. Hay millones de individuos aislados tratando de salir adelante como pueden. El gran truco de la clase dominante fue separar los intereses de cada persona. Por ejemplo, hace años, la gente que trabajaba en el ferrocarril formaban un todo, ahora los intereses de un maquinista, uno que esté en talleres o vendiendo billetes no son los mismos. Eso termina con su capacidad de influencia. El mundo clásico de la clase obrera se acabó, pero los sindicatos siguen funcionado con parámetros caducos del siglo XIX”, apunta. Lo sabe de primera mano, ya que su padre era ferroviario que en los veranos en el pueblo le llevaba a ver el paso de los trenes para comentar con orgullo su puntualidad y las características de cada máquina.

La adictiva “Dios es colombiano” también es el anuncio de un nuevo álbum, con publicación prevista para junio. “Es un canto a la vida, de alegría. Es como si fuera un escudo contra la tristeza, canciones que nos alejan de la muerte. Recorro bastantes estados de ánimo y para eso empleo un buen número de estilos que siento que me sirven. Por eso hay desde temas de un minuto hasta una versión de Violeta Parra de nueve minutos. No se parece en nada a los dos discos anteriores, reconozco que conseguir eso me ha llevado bastante tiempo”, concluye.

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