Política

Otro aniversario de la Constitución con largas a su reforma: no hay consenso

El presidente del Gobierno avisa de que "sólo por mayoría" no se puede y sólo el secretario general del PSOE está convencido de que 2018 será el año de la reforma de la Carta Magna

La presidenta de la Cámara Baja, Ana Pastor (2d), recibe los aplausos del presidente del Senado, Pío García-Escudero (d); el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (
La presidenta de la Cámara Baja, Ana Pastor (2d), recibe los aplausos del presidente del Senado, Pío García-Escudero (d); el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy ( EFE / Chema Moya

Un año más la reforma de la Constitución planea sobre la celebración de su aniversario y un año más, pese a los mensajes de algunos sobre la conveniencia de emprender cambios, la conclusión es que no será algo inminente. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, no ha querido dar un portazo, pero tampoco ha garantizado que ésta será la legislatura: "Es muy difícil saberlo". Y en las condiciones que ha puesto encima de la mesa para "hablar", como concede que ha prometido al PSOE, se vislumbran las complicaciones que lo impedirán: el jefe del Ejecutivo ha defendido que hace falta un "consenso muy generalizado", que ahora no existe, y se ha negado a reformarla por mayoría, porque sería "un disparate".

El "futuro" en el que ha dicho que puede reformarse la Constitución cada vez se antoja más lejano. Este miércoles, Rajoy ha insistido en que se puede hablar pero ha puesto una larga lista de condiciones. Antes de sentarse, ha dicho, hay que tener "una idea clara" de qué se quiere modificar y el convencimiento de que no se va a hacer para "contentar" a los independentistas.

Y más que hablar de las necesidades a las que otros apelan, Rajoy defiende las plena vigencia del actual texto y sus bondades, ya que, con su artículo 155, ha permitido "defenderse" de los ataques de los separatistas en Cataluña. 

Los jarros de agua fría a las expectativas del PSOE, cuyo secretario general, Pedro Sánchez, ha vuelto a defender que en un plazo de seis meses se abrirán los trabajos para la reforma, han llegado del Gobierno y de Ciudadanos. El líder del partido naranja, Albert Rivera, defiende la necesidad de actualizar el texto constitucional pero desconfía enormemente de los socialistas, porque algunas de sus propuestas, y ha citado la "nación de naciones" que Sánchez ya no menciona, pueden "romper" el país.

Ciudadanos, ha dicho, quiere reformar la Constitución, pero no para conceder "privilegios" ni crear ciudadanos de primera y de segunda. Sus objetivos son clarificar competencias, eliminar aforamientos políticos y reformar el Senado, nada de "contentar a los que nunca están contentos, que son los separatistas".

Susana Díaz se aleja del optimismo de Sánchez

Pero, además, el líder del PSOE recibe fuego amigo. Inmediatamente después de que Sánchez atendiera a la prensa antes de que comenzaran los actos de la celebración de este 39 aniversario, la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, se ha dirigido a los micrófonos y ha discrepado del optimismo de su secretario general.

Ve "urgente" reformar la Constitución, pero mientras Sánchez insiste en que la hoja de ruta que, dice, pactó con Rajoy sigue en marcha, la líder del PSOE andaluza no ve "voluntad" ni en Podemos ni en el PP. Unos, ha dicho, porque quieren cambiarlo todo y eso "no es posible" y otros, porque su líder está "en estado puro" y no cree que esté en disposición de afrontar esa tarea "necesaria".

Mientras tanto, el líder del partido morado, Pablo Iglesias, ha defendido que el debate sobre esta reforma lo tiene que afrontar "el conjunto de la patria". Más que comisiones parlamentarias como la territorial creada por el PSOE, y en la que no participan, Iglesias pide "un diálogo de país" porque "incumbe a toda la sociedad". 

La respuesta se la ha dado después la presidenta de la Cámara Baja. Sin hablar directamente de la reforma de la Carta Magna, Ana Pastor ha avisado de que "los cambios y transformaciones" que permitan dar "continuidad" a la "historia de éxito" de España, deben hacerse "en la sede de la soberanía nacional". El Congreso, ha dicho, es "el lugar para hablar y para debatir" sobre cambios y llegar a acuerdos. 

Y ha abogado por hacerlo y emprender una "profunda reflexión" para seguir construyendo el futuro pensando más en lo que une que en lo que separa y teniendo en cuenta que cualquier transformación "se ha de tejer entre todos", dejando a un lado las siglas políticas y buscando un consenso que no es "la fórmula de una garantía aritmética". 

Un consenso que nadie ve ahora. Finalizado el acto institucional, esto es lo que se ha respirado en las conversaciones alrededor del Hemiciclo y en el Salón de Pasos Perdidos, donde se han intercambiado muchos saludos, pronósticos sobre el 21D y nulas expectativas sobre la reforma constitucional.

Pablo Iglesias no ve números para que la reforma se abra paso esta legislatura e insiste en que no se sumará a la comisión territorial del PSOE.

Con la misma firmeza que ha defendido su oportunidad a su llegada, el líder de Podemos ha admitido después que ahora mismo la reforma de la Constitución es imposible, porque no le dan los números. A cambio, desde su partido intentarán impulsar algunas de sus propuestas para la reforma de la ley electoral o el Senado, pero al margen de la comisión territorial del PSOE, al que sigue sin verle ninguna utilidad. Ni se plantean entrar. 

En los habituales corrillos con los periodistas, el único que hecho alarde de optimismo ha vuelto a ser Pedro Sánchez: no cree que Rajoy le esté dando largas. El líder del PSOE ha deslizado que habla con el presidente del Gobierno a menudo y ha insistido en que la reforma se abrirá paso el próximo año.

A su juicio, los mensajes que ahora lanza el Gobierno y el PP son los normales en un clima de campaña electoral, pero otra cosa será cuando la normalidad vuelva a Cataluña. Está convencido de que el debate comenzará a partir de septiembre del próximo año, cuando arranque ese periodo de sesiones.

Entonces España estará otra vez en precampaña, con unas elecciones autonómicas y municipales a la vuelta de la esquina, pero el líder de los socialistas cree que "precisamente por eso" será el momento, porque entonces al presidente del Gobierno sí le interesará envolverse de una imagen de reformismo. 

Ahora, todos conceden en que las elecciones catalanas lo paralizan todo, también la reforma de la financiación autonómica, a la que Sánchez ha tratado de urgir al ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, que ha fiado su debate a que Cataluña tenga un gobierno. Hasta entonces, ha dicho, no convocará el Consejo de Política Fiscal y Financiera.

Tampoco ha habido coincidencia de opiniones, como no podía ser menos, sobre los resultados del 21D. Todos, a excepción del PP, se ven con opciones de gobernar. El líder de Ciudadanos, que nada más llegar al Congreso a las 12.00 aprovechó los micrófonos para hacer campaña por Inés Arrimadas, ha defendido como una buena opción un Govern presidido por su candidata y con el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, como vicepresidente.

Mientras, el líder del PSOE no quiere hablar de otro escenario que no sea el de Iceta presidiendo. No se cree las encuestas, insiste en que el PSC subirá más de lo que se pronostica, pero no aclara cuál será la fórmula: descarta cualquier pacto con los independentistas y está convencido de que el denominado bloque constitucionalista no sumará. ¿Entonces? "Es la política", es su respuesta.

Y como cada uno vende a su candidato, Iglesias ha aprovechado una charla con Sánchez para defender que el auténtico candidato Borgen es Xavier Domènech. Al líder de Podemos tampoco le sale ninguna cuenta y apunta que para apoyar al tercero, posición en la que sitúan a Iceta, defenderán al candidato de los comunes. Pero admite que el escenario más verósimil a día de hoy es el de la repetición electoral. 


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