Análisis

Después de Madrid 2020: empecinados en el error y en la teoría de la conspiración

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Madrid perdió de nuevo el pasado día 7 de septiembre en Buenos Aires la posibilidad de organizar unos Juegos Olímpicos de verano al elegir los miembros del Comité Olímpico Internacional (COI) a Tokio para organizar la competición el año 2020. Además, Madrid quedó relegada a la última posición, por detrás de Estambul,  al quedar eliminada en la primera votación.  

Se suele decir que se aprende más de una derrota que de una victoria, algo que debería estar especialmente asimilado en el ámbito del deporte. Pues bien, aunque parezca increíble, lejos de extraer las lecciones correctas, los responsables de la candidatura vuelven a caer en los mismos errores del pasado que consisten esencialmente en explicar la derrota mediante la teoría de la conspiración y de señalar al villano favorito de turno. 

Esto que fue muy obvio en 2009, cuando el COI se decantó por Río 2016 y desde la candidatura se acusó su presidente, Jacques Rogge, de haber engañado a Madrid,  es un poco más sutil esta vez. Pero el resultado es el mismo. Los máximos responsables, el Sr. Blanco, presidente de la candidatura y el Sr. Sánchez, Consejero Delegado, declaran en abierto que Madrid era el mejor proyecto, que no podían haber hecho nada más de lo que hicieron, y que no cambiarían nada del trabajo realizado. La conclusión a extraer coincide con las declaraciones que los responsables de Madrid 2020 realizan en privado: Madrid ha perdido porque los miembros del COI, no nos quieren, son corruptos, traidores, medievales, etc.  Si en 2005, en Singapur, el villano fue el príncipe Alberto de Mónaco, y en 2007, en Copenhague, lo fue Rogge, esta vez le toca el turno al jeque kuwaití Ahmad Al-Fahad Al-Sabah.  Seguimos haciendo amigos para próximas intentonas. 

Es evidente que la ventaja de la teoría de la conspiración es explicar de manera simplista la derrota y no tener que reflexionar demasiado sobre sus causas verdaderas que podrían poner en aprietos a más de un responsable político o deportivo. En una palabra, se trata de echar balones fuera y no asumir responsabilidades. 

Hay otras explicaciones posibles para el fracaso de la candidatura. Por ejemplo, en una serie de artículos sobre Madrid 2020, publicados en Vozpópuli en agosto de 2012, se abogó por la retirada de la candidatura y se adelantó que, de no retirarse, Madrid perdería la elección con casi total probabilidad por empeñarse en organizar un evento de estas características en medio de una crisis económica feroz (se decía también que al COI no le gustan los Juegos austeros) y porque otras ciudades europeas parecían estar reservando su candidatura para el año 2024.  

No se trata de pretender tener razón o no. Sólo los miembros del COI conocen los argumentos que les han llevado a elegir Tokio por delante de Madrid. Pero, sean las razones expuestas más arriba las culpables u otras, lo cierto es que una serie de personas apostaron, a pesar de claros indicios desfavorables, por el proyecto equivocado en el momento equivocado alimentando vanamente las ilusiones de muchos madrileños y españoles, gastando recursos escasos en una coyuntura de dificultad, paralizando o ralentizando la gestión cotidiana de la ciudad, condicionando la salida de la crisis y la salud del deporte español a la obtención de la designación olímpica,  arrastrando a la Casa Real a un proyecto de dudoso éxito,  y cosechando finalmente un sonoro fracaso en el intento. 

Los responsables del fracaso

Como se señalaba el año pasado, el Ayuntamiento, tras el fracaso de Madrid 2016, decidió cambiar a “políticos” por “deportistas” (que, dicho sea de paso, llevan media vida ocupando cargos electos o de designación política) para encabezar la candidatura de Madrid 2020 y lograr así el éxito. También decíamos que en realidad importaba poco qué clase de profesionales estuvieran al frente del proyecto más allá del hecho de que fueran competentes, lo que se ponía en duda con varios ejemplos a propósito de la participación española en Londres 2012. 

Al aceptar por las razones que fuera esta fórmula puesta en marcha por su predecesor en el cargo, la alcaldesa Botella se condenó a ir a remolque durante todo el proceso y a tener que dejar la iniciativa al equipo de Alejandro Blanco que esgrimía el argumento de que los “deportistas” conocían los arcanos del COI y, entendiendo también el lenguaje del deporte, eran capaces de comprender mejor las preocupaciones del COI y lograr así la ansiada meta de la designación.  El Gobierno de Rajoy que pudo seguir el ejemplo de Monti en Italia retirando su apoyo a la candidatura a causa de la crisis, no lo hizo. 

Al final, la ‘fórmula deportistas’ ha fracasado estrepitosamente, y contrariamente a lo que dicen Alejandro Blanco y su equipo, hay muchas cosas que se podrían haber hecho bastante mejor.   Sirvan de ejemplo dos situaciones ampliamente comentadas estos días: 

a) Lista de votos “conseguidos”.  Se mire como se mire es incomprensible que tres días antes de la votación se filtrara a uno de los periódicos más importantes de España la lista, con nombre y apellidos, de los miembros del COI que supuestamente habían “asegurado” su apoyo a Madrid, junto con la de aquellos que eran dudosos y los negativos. Esta decisión, entre incompetente y sobrada, pone también de manifiesto la relación insana que ha existido entre la candidatura y los medios madrileños, con muy pocas excepciones, consistente en hacerse favores mutuos y asumiendo los medios el rol de órganos oficiales de la candidatura sin la menor tentación de sentido crítico o analítico. El resultado ha sido que se ha ganado la batalla de la opinión pública interna en beneficio de un proyecto concebido teóricamente para el pueblo pero sin el pueblo (la mayoría de la población madrileña y española estaba convencidísima de que Madrid iba a ganar) mientras que de los 50 votos “asegurados”, sólo 26 votaron a Madrid en la primera ronda. Una vez perdida la elección, los mismos medios han seguido realizando su triste papel de acompañantes de la candidatura al suscribir la teoría de la conspiración en un círculo vicioso que se retroalimenta sin fin. Es deprimente comprobar una vez más que, en definitiva, lo que importa es la opinión de consumo interno porque aquí es donde se reparten los puestos y las prebendas, y que de lo que piensen en el extranjero ya nos ocuparemos cuando corresponda. 

b) Preguntas sobre el dopaje. Ya se dijo en este medio el año pasado que independientemente de que el dopaje se persiga por la vía penal o administrativa, lo importante es que las autoridades españolas atrapen a los deportistas tramposos o por lo menos a uno de ellos de vez en cuando. Aún estamos esperando algún resultado. Es sorprendente, por ejemplo, que el presidente de la Real Federación Española de Atletismo, José María Odriozola formara parte de la delegación madrileña.  Pues bien, a las preguntas que le formularon sobre dopaje y la Operación Puerto contestó el presidente de la candidatura y del Comité Olímpico Español diciendo que España está “a la altura de los países que más luchan contra el dopaje, no sólo en el número de controles, sino por el compromiso del Gobierno y de los atletas” y que “hemos tenido un problema por haber endurecido a la ley; al llevar la cuestión al terreno judicial, con las máximas garantías, se ha alargado el proceso de la Operación Puerto”.

Qué magnífica ocasión perdida de haber respondido con la verdad y una asunción de culpas. Una gran oportunidad para haber reconocido que somos conscientes de que las autoridades políticas y deportivas españolas no siempre han estado a la altura en su lucha contra el dopaje pero que existe el compromiso firme (difícil de creer por el momento, es verdad) de hacerlo a partir de ahora.  Nada que los miembros del COI no supieran ya pero qué importante hubiera sido decirlo, también de cara a nuestra propia opinión pública en España que necesita despertar a la realidad. Pero claro, era complicado porque muchos de los que formaban parte de la delegación madrileña llevan toda la vida en el deporte o en la política, o en los dos, y nunca han destacado por su lucha contra el dopaje.

Estos son sólo dos pequeños ejemplos, quizás sin influencia en el resultado final o que actuaron en combinación con otras causas más determinantes, pero son indicativos de la falta de humildad, empatía, sutileza, y diplomacia de los encargados de la candidatura madrileña y de su escasa comprensión de cómo hay que moverse en la esfera internacional. Ha sido además una candidatura que ha utilizado predominantemente el trazo grueso y  casi nunca ha sido capaz de pasar de la primera a la segunda derivada en su forma de acercarse a los miembros del COI.  Además, al tener que vencer tanto la posible resistencia interna consecuencia de la crisis como la batalla externa por los votos del COI, la candidatura ha mezclado los argumentos y ha puesto demasiado énfasis en lo que España y Madrid ganaban con los Juegos (nada menos que la recuperación económica de España, la salvación del deporte nacional, y el uso de unas instalaciones supuestamente terminadas al 80%) y no suficiente énfasis en lo que el COI ganaba con la designación de Madrid (al parecer limitado al ambiente simpático y festivo de nuestra ciudad). 

Demostrando con más hechos todas las fallas mencionadas, el Sr. Blanco se ha empecinado tras la derrota en mantener que el mejor proyecto ha perdido basándose en aquella primera evaluación del COI en que Madrid quedó en primer lugar.  No ignora Blanco que todas las ciudades que pasan el corte pueden organizar los Juegos, y que si esa primera evaluación fuese el criterio determinante, entonces no haría falta ninguna votación un año más tarde.  El mejor para el COI, que es el criterio que cuenta, es el que gana. Tampoco es cierto que los votos de Tokio de la primera ronda fueran a parar, como se nos ha dicho, a Estambul en el desempate para así deshacerse del supuesto rival más fuerte, Madrid.  Al contrario, los votos de Tokio de la primera votación se repartieron de una manera bastante equilibrada en el desempate; Madrid obtuvo 19 votos adicionales para alcanzar los 45 y Estambul 23 que le permitieron llegar a  49.  No había ninguna conspiración, sencillamente una mayoría de miembros del COI pensó que Estambul tenía mejor proyecto. Por cierto, declararse “humillados” por haber quedado por detrás de Estambul es de nuevo una prueba de falta de competencia y humildad por parte de nuestra candidatura, como lo es el no haber preparado por adelantado buenos discursos  en caso de que se produjera la derrota.

Fallar es humano, nadie está libre de cometer errores. Pero cuando se manejan proyectos de la envergadura de Madrid 2020, y se fracasa por tercera vez consecutiva, se debe poder esperar de los responsables que realicen un análisis serio de la situación y asuman sus responsabilidades. Para dejar terminado el trabajo como corresponde, el Ayuntamiento debería hacer llegar un formulario de evaluación a cada uno de los 96 miembros del COI presentes y votantes en Buenos Aires, si fuera posible de respuesta anónima, con una única pregunta: “Por favor, enumere la/s causa/s principal/es por la/s que, en su opinión, Madrid no ha obtenido la organización de los Juegos Olímpicos de 2020”.  Eso podría dar alguna pista sobre la causa del fracaso a los responsables del proyecto y despejaría del tablero definitivamente la teoría de la conspiración. 


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