Análisis

¿Motivos para atacar a Guardiola? Ser catalán y nacionalista y no esconderlo. Ser culto y educado y parecerlo. Y haber triunfado

Hace meses escribí en la revista profesional 'Training Fútbol', pionera en España de este tipo de publicaciones y dirigida por Jesús Cuadrado Pino, que uno de los alicientes de la temporada 2013-14 era ver la evolución del Bayern Múnich y de Pep Guardiola en un reto que se antojaba apasionante. Mejorar a un equipo que lo había ganado prácticamente todo y que había desbancado al FC Barcelona del oficioso trono mundial futbolístico. Y mejorarlo introduciendo un estilo de juego que no era opuesto al muniqués -porque el alemán estaba repleto de sensacionales jugadores y los grandes jugadores siempre se manifiestan con amplios repertorios y porque había sido dirigido por Jupp Heynckes, siempre amante de la posesión de la pelota- pero que cuenta con muchos elementos diferenciadores.

El movimiento de balón en amplitud antes que el lanzamiento a mitad rival; la presión adelantada seguida de contraataque corto frente al repliegue medio; la zona frente a lo mixto; el balón siempre por el suelo y el tiro como “pase a la red” frente a la combinación de juego raso con centros elevados y tiro desde todas las distancias… Una pirueta en el aire de Pep en un equipo que había tocado techo y en un país que no suele tender a medir a los extranjeros con la misma vara que mide a los compatriotas. Fascinante aventura la de Guardiola.

Remataba yo el artículo deseando el éxito de Pep y deseando, por tanto, que los muchos que anhelan que se dé un trompazo lo recibieran en su vez. Porque Guardiola tiene, por lo que se ve, pocos –aunque se supone que buenos- amigos, y muchos enemigos. ¿Motivos? Ser catalán y nacionalista y no esconderlo. Ser muy inteligente, culto y educado, y parecerlo. Haber triunfado, reiteradamente. ¿Les parece poco? Con esto ya tenía asegurada la inquinia de multitudes.

Pero es que además a Guardiola se le achaca que desprende un inequívoco aire de estar encantado de haberse conocido. Le conozco -aunque sólo un poquito- personalmente. Y sí, estoy de acuerdo en que va sobrado de autoconfianza. Pero les pregunto: ¿alguna persona medianamente inteligente no se da cuenta de que sin ella, y a dosis masivas, es imposible manejar desde el césped a sus compañeros jugadores de superélite como él los manejaba y es imposible dirigirlos luego como entrenador? Delante de cien mil personas cada tres días. Tareas inabordables para la inmensa mayoría de nosotros.

Afilan sus cuchillos ahora los resentidos, ante la posibilidad de que el Bayern de Pep no gane la Champions. Y si quedara ya eliminado en semifinales por el Real Madrid, la dicha de los mezquinos sería infinita. Puede suceder. El Bayern –también lo escribí- mostró lógicas dudas en otoño. Los efectos del choque entre tradición y novedad. Lógico. Hace no mucho vimos en Madrid a un Borussia Dortmund descorazonador y simplón, y ése fue su gran y único rival… que quedó en una segunda plaza a mil años luz del campeón.

En el Schalke de hace nada Raúl deslumbró a las masas, cuando en España ya era una figura de segunda fila. Vale, aceptemos pues que la Bundesliga es de nivel inferior a la española, al menos en lo que se refiere a los puestos altos. La Liga alemana, así contemplada, podemos considerarla un triunfo menor. El gran reto es el inminente Bayern-Real Madrid.

Es cierto que en la propia Alemania varios de los tics del modelo Masía, aquéllos que personalmente también considero más churriguerescos y superfluos (la renuncia a profundizar antes de sumar tres pases; el pobre uso del tiro exterior; la renuncia a potenciar el juego aéreo…) tienen mosqueado al personal. Es entendible. También es cierto que en aquel FC Barcelona de Pep –y luego del difunto Tito Vilanova- todos eran muy buenos, pero había dos simplemente insustituibles: Puyol y Messi, aquel Messi. No hay en el Bayern uno como Puyol, noble, rápido, leal, valiente, fuerte, atento… Y no hay en el mundo uno como aquel Messi. Por eso este Bayern no es tan redondo como aquel FC Barcelona y a veces asaltan las dudas. Más dudas aún con un 1-0 en contra en la mochila. Sí, el Real Madrid puede que pase a la final. Yo diría que están a la par.

Pero no canten victoria todavía los que esperan el chasco de Guardiola. En el mundillo futbolístico ha habido y hay algunos entrenadores geniales y hasta revolucionarios. Gente que te pone ante las neuronas lo que estaba ante tus ojos y no lo sabías ver. O gente que da un volantazo y enseña caminos nuevos, originales. Gente como Wade, Michels, Sacchi, Menotti, Bielsa… En España yo entiendo así a Olivós, a Lillo y a Guardiola. Gente que no necesariamente ha ganado todo o ha ganado siempre. Porque uno de los peligros de este tipo de personas, en cualquier campo, es que vayan tan por delante de los demás, que no se mantengan a un paso, sino que nos dejen descolgados, que se desconecten. Se pierden con frecuencia para la cotidianeidad. Aunque sigan siendo portentos o precisamente por ello.

Pero no todos, ojo. Pep Guardiola es tan revolucionario, que decidió ganar con el FC Barcelona de una manera que asombró al mundo, cuando pudo haberlo hecho de cualquier forma, con tal plantilla. Pero también es tan listo, tan inteligente y tan práctico que supo marcharse de la Ciudad Condal cuando previó que en aquella plantilla menguaba el hambre a medida que crecían las edades de todos, los egos de algunos y las injerencias de demasiados. Pep vio todo esto justo a tiempo y tomó la mejor decisión.

Es un revolucionario, pero es muy listo. Y no se escapa demasiados pasos por delante del rebaño. Que el Real Madrid tenga cuidado y acierto en Munich. Los va a necesitar.

P.D. ¿Cruyff y Mourinho? Dos figuras simplemente esenciales. Ambos por su carisma excepcional, y el portugués, además, por su capacidad. Pero no revolucionarios.


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