METEOROLOGÍA

Así es el oficio de observador de nubes

Rubén del Campo ha trabajado durante años como observador de nubes en la Agencia Estatal de Meteorología. El recién actualizado Atlas Internacional de Nubes incluye una de sus fotos sobre una nube que nunca se había fotografiado.

Fotomontaje con Rubén del Campo sobre el nuevo tipo de nubes 'Asperitas' recién catalogadas
Fotomontaje con Rubén del Campo sobre el nuevo tipo de nubes 'Asperitas' recién catalogadas

En plena era de los satélites las agencias meteorológicas aún necesitan a especialistas que miren las nubes desde tierra y describan su evolución. Rubén del Campo trabajó durante años como un de estos “observadores de nubes” desde un observatorio de Canarias. Una de sus fotografías ha sido incluida en el Atlas Internacional de Nubes actualizado esta semana por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) después de varias décadas. El nuevo Atlas incluye nuevas categorías, como las nubes de rodillo (volutus), las nubes generadas por aviones (contrails) y las nubes onduladas que recuerdan a la superficie de un mar embravecido (asperitas). Charlamos con Rubén sobre el oficio de observar los cielos.

¿Cuál es el trabajo de un observador de nubes?

Los observadores de meteorología somos un cuerpo del Estado. Hay unos 450 en toda España y el trabajo es variado, no solo miramos las nubes. Nos dedicamos a observar los parámetros atmosféricos y entre ellos las nubes. Lo que miramos es la cobertura nubosa, qué cantidad de cielo está cubierto por nubes y qué tipos de nubes son.

¿Y observáis el cielo a ojo?

Es una observación visual, claro. Aunque cada vez contamos con más tecnología, lo que hace un observador meteorológico es salir a una azotea o una terraza que esté libre de obstáculos visuales y dividimos mentalmente el cielo en ocho partes. Consideramos o calculamos mentalmente cuántas de esas partes están cubiertas de nubes. De manera que si el cielo está completamente cubierto son 8 octas y si está completamente despejado serían 0 octas. En función de la cantidad de octas tenemos cielos poco nubosos (de 0 a 2), cielos nubosos (de 2 a 5) y muy nubosos (de 5 a 8) . Y 8 de 8 serían cielos “cubiertos”. Ese es el procedimiento que, como te digo, es a “ojímetro”.

En la era de los satélites hay gente en la superficie que se dedica a mirar hacia arriba, "a ojímetro"

¿Y estas observaciones se hacen varias veces al día?

Eso depende de cada observatorio en cuestión, pero la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) tiene varios observatorios principales en los que hay observadores meteorológicos profesionales. Hay una serie de horas llamadas “horas climatológicas" que las establece la OMM en las que todos los observatorios del mundo realizan la observación a la vez. La hora 7 climatológica, por ejemplo, puede ser en Madrid las 8 a.m pero en EE.UU. pueden ser las 2 de la madrugada. Es una observación simultánea en todo el mundo y se hace seis veces al día. También hay personal de AEMET en todos los aeropuertos civiles y militares de España y ahí las observaciones son cada media hora. Aquí solo interesa la cobertura nubosa, no el tipo de nubes, salvo que sean generadoras de tormentas.

Mar de nubes en Tenerife
Mar de nubes en Tenerife Miguel Ángel Caro Bayo (Wikimedia Commons)

En la era de los satélites, sigue habiendo personas que varias veces al día salen, miran al cielo y anotan lo que ven.

Pues sí, en la era de los satélites hay gente en la superficie que se dedica a mirar hacia arriba para determinar qué tipo de nubes hay y qué cantidad de cielo están cubriendo en cada momento. Esa información in situ también es necesaria.

¿Y tú en cuál trabajabas?

En el observatorio de Izaña, en Tenerife, está en alta montaña, a 2.400 metros de altitud. En ese observatorio mirábamos al cielo tres veces al día, y tenía una particularidad, y es que allí observaremos nubes hacia arriba y hacia abajo. Porque al estar a esa altitud teníamos la oportunidad de ver lo que en Canarias llaman el “mar de nubes”, que es esta nubosidad que se queda atrapada en las montañas. Y, claro, nosotros estábamos por encima.

O sea, que vosotros teníais cielo por debajo…

Bueno, sí, podríamos decirlo así, en plan poético. Teníamos nubes incluso a un kilómetro y medio por debajo de donde nos encontrábamos.

Y además de ver cuánto cielo cubren, ¿anotáis el tipo de nubes que veis?

Se anota qué tipo de nubes, o mejor dicho a qué género pertenecen. Existen diez géneros de nubes principales, y cada uno hace referencia a las características esenciales de la nube. Y es importante la evolución. Si por ejemplo se está acercando un frente frío, que puede dejar lluvias, suele haber una secuencia. Empiezan apareciendo en el cielo nubes altas - los cirros famosos, estas nubecitas blancas con aspecto sedoso y brillante - y poco a poco el cielo se va cubriendo. Van apareciendo después cirroestratos, luego altoestratos, son nubes que van ganado en grosor, y esta secuencia nos da información sobre el acercamiento o alejamiento de un frente.

La sabiduría popular ya predice lo que anuncian las nubes: “borreguitos en el cielo, charcos en el suelo”

Entonces las nubes que vemos en el cielo son como la precuela de las siguientes, dan lugar a otras…

Sí, de hecho la sabiduría popular lo ha reflejado, como en el famoso dicho “borreguitos en el cielo, charcos en el suelo”. La gente que vivía del campo lo sabía, porque estaba permanentemente observando la atmósfera y su evolución. Estos “borreguitos” en realidad son cirrocúmulos o altocúmulos, y estas nubes pueden aparecer en la parte delantera de un frente, en la avanzadilla.

¿Por qué observar desde tierra? ¿La información que se ve desde el satélite no es suficiente?

Bueno, es una información complementaria. Es verdad que desde el satélite tenemos una cobertura global, de todo el planeta, y podemos ver con muchas horas de antelación como un frente se va acercando. Pero la información en tierra no deja de ser interesante, porque hay más matices, estamos viendo el tipo de nube. El satélite todavía no es capaz de decirnos exactamente qué tipo de nube es la que tenemos delante. Es verdad que gracias a los canales del visible e infrarrojo podemos ver un tipo de nubes u otro. El canal infrarrojo viene muy bien para detectar nubes altas, que son nubes que están muy frías y entonces aparecen muy brillantes en ese canal. En cambio para ver nubes bajas, que son estas que dejan niebla, son nubes más cercanas al suelo y en el canal de infrarrojo no aparecen, pero aparecen en el canal visible. Y todo esto es ciencia, pero hay que reconocer que las nubes tienen una componente estética también, muchas veces se observan las nubes un poco por placer.

Tú eres enamorado de las nubes, ¿desde cuándo te viene esta pasión?

A mí me ha gustado la meteorología desde siempre. Yo soy lo que podríamos considerar un “friqui” (risas). Ya desde pequeño, desde que tenía 9 o 10 años y me compraron mis padres un termómetro de estos de máxima y mínima, me encantaba anotar las temperaturas. Y luego, ya con la adolescencia, me encantaba ver las nubes de tormenta, cómo se desarrollaban y daban lugar a los chubascos del verano. Yo creo que prácticamente desde que tengo uso de razón me ha gustado mirar al cielo.

Las nubes se forman como cuando te duchas y se empaña el espejo

Oye, ¿y tú me puedes explicar definitivamente, y de forma sencilla, cómo se forma una nube?

Lo primero que hay que tener claro es que una nube no es vapor, porque el vapor de agua es invisible. Cuando vemos una nube lo que vemos es ese vapor condensado, convertido en gotitas o cristalitos de hielo. La capacidad del aire para retener vapor de agua es muy dependiente de la temperatura, cuando esta baja por debajo de un umbral, ese vapor se condensado y se convierte en estas gotitas o cristalinos de hielo. Lo que ocurre es que la superficie terrestre tiene fuentes de vapor de agua (océanos, ríos…) y si tenemos las condiciones adecuadas, como aire frío en las capas altas, este vapor de agua es capaz de ascender desde la superficie hasta un nivel atmosférico donde la temperatura es suficientemente baja para que se condense. Sería algo análogo a cuando nos duchamos y nuestro agua caliente provoca que el espejo frío se empañe. El calor se condensa en una superficie fría, el agua de las nubes es algo parecido. Luego es algo más complejo porque para que se formen esas gotitas necesitamos núcleos de condensación, que son aerosoles.

Entonces, cuando Rajoy dice que no sabemos por que llueve se equivoca, ¿verdad?

Hombre, muchas veces es difícil explicarlo (risas), pero realmente sí se pueden saber cuáles son los procesos físicos que producen las precipitaciones. Estos procesos conducen a la agregación de las gotitas y llega un momento en que alcanzan una masa suficiente para que la fuerza de la gravedad actúe y caigan. La flotabilidad de las gotas ya no actúa, cuando alcanzan un tamaño crítico empiezan a caer y se produce esa precipitación.

Esto depende también de cambios de presión o de temperatura, ¿no?

Una presión atmosférica baja lo que facilita básicamente es que se produzca ese ascenso del vapor de agua de las zonas superficiales a capas altas Cuando tenemos altas presiones ocurre lo contrario. Yo como analogía digo que es como cuando hinchas una rueda de la bicicleta, si le das fuerte con el émbolo luego pones la mano en la válvula de la rueda y la notas caliente. En un anticiclón lo que ocurre es que el aire de las capas altas de la atmósfera baja hacia la superficie y en ese descenso se comprime y se calienta, al calentarse ocurre lo contrario de lo que necesitábamos para que se formaran las nubes, necesitábamos aire frío, y ahora tenemos aire caliente que disipa las nubes.

Háblame del Atlas Internacional de Nubes.

Es la guía de referencia visual para clasificar las nubes, y se basa en una clasificación que desarrolló un farmacéutico británico llamado Luke Howard a principios del siglo XIX y que tiene el valor de que dos siglos después ha variado poco. Tiene la ventaja de permitir clasificar cualquier nube que veamos en cualquier parte del mundo y ha sido revisado varias veces a lo largo de la historia, no muchas. La última fue en 1987, antes de la era de internet. Lo novedoso de la nueva versión que se acaba de publicar es, en primer lugar, que es digital y se puede consultar en internet, y por otro lado que se ha pedido ayuda a observadores de nubes aficionados y profesionales para que enviaran sus fotos. Se hizo un llamamiento en 2014 para que enviaran sus fotos de nubes con un montón de información sobre la observación, sobre el lugar, cómo estaba ese día o la imagen del satélite. Es información muy interesante para conocer en qué condiciones estaba la atmósfera cuando se fotografió la nube.

Y se incorporan varios tipos de nubes nuevos…

Sí, hay doce tipos nuevos, que no es que de repente hayan aparecido nubes nuevas en el cielo, sino que ya se venían observando pero no tenían carácter oficial. A modo de ejemplo se reconocen las nubes Asperitas, que son unas nubes que recuerdan un poco a la superficie del mar encrespado pero al revés, como si hubiera un mar en el cielo. Para el reconocimiento de este tipo ha sido fundamental el papel de asociación británica Cloud Appreciation Society, muy activa en la observación de nubes, que hicieron a su vez un concurso de fotos y seleccionaron una imagen que fue la que ganó y la que la OMM luego tuvo en cuenta para ilustrar el Atlas. En estos tiempos el tener una cámara de fotos facilita mucho las cosas, pero no es que haya más asperitas, lo que hay son muchos más observadores.

Imagen del "Cirrus castellanus" fotografiado por Rubén en Izaña e incluido en el Atlas
Imagen del "Cirrus castellanus" fotografiado por Rubén en Izaña e incluido en el Atlas Rubén del Campo

¿Y una de las fotos que se han incluido en el Atlas es tuya?

Pues sí, no es que sea la foto más espectacular del Atlas, ni mucho menos, pero era una nube que estaba descrita pero no estaba fotografiada, es un cirrus castellanus. Es una nube alta, de estas de cristalitos de hielo, y lo de “castellanus” hace referencia a que la forma recuerda un poquito a las almenas de un castillo. No se había fotografiado nunca y allí en el observatorio de Izaña, como tenemos tantas oportunidades de ver nubes, un día apareció. Hice la foto, la mandé a la comisión de la OMM con todos los datos que pedían y consideraron que era un buen ejemplo y la han añadido en el Atlas.

También se ha descrito un nuevo tipo de nube enrollada.

Sí. Esta nube, la volutus, es una nueva especie. Esta formación nubosa se conocía ya como “Morning glory” y se da sobre todo en Australia. Son nubes enrolladas o en rodillo que van a asociadas a una ondulación del flujo de viento, la circulación atmosférica se ondula y en la cresta de estas olas se forman estas nubes con forma de rodillo. Se conocían, y había fotografías, pero no tenían una denominación oficial que apareciese en el atlas de nubes. No tenían un nombre científico unificado y ahora ya el que la vea sabe que es un volutus y es una nube “oficial”.

Nubes de rodillo (volutus) fotografiada desde un avión
Nubes de rodillo (volutus) fotografiada desde un avión Mick Petroff (Wikimedia Commons)

¿Cuál es la nube más impresionante que has visto nunca?

Aunque las nubes de tormenta (cumulonimbos) son impresionantes, para mí lo mas impactante fueron unas asperitas en Izaña, en noviembre de 2015, que fueron absolutamente espectaculares, algo bestial.

¿Qué nube te encantaría ver que no has visto?

Me faltan muchas nubes por ver todavía. Me encantaría ver una supercélula, que son tormentas organizadas. Y me gustaría verla a cierta distancia no solo por seguridad, sino porque estéticamente desde lejos son muy bonitas y llamativas. Son las que aparecen en los documentales de los cazadores de tormentas americanos, de estas todavía no he visto.

¿Cómo de grande puede llegar a ser una nube?

Limitar una nube es complicado. Si vemos un cúmulo lo vemos y es fácil, podemos decir que cubre diez kilómetros cuadrados de terreno. Pero cuando se acercan borrascas que llevan frentes asociados, que son un conjunto de nubes, de a veces tienen cientos o miles de kilómetros.

Entonces, en tu vida diaria, cuando miras al cielo, ¿eres capaz de saber cómo viene el tiempo?

Hay algunas pautas y determinados tipos de nubes nos pueden dar información de lo que va a pasar. Pero no es una ciencia exacta. En el Teide, cuando aparece un tipo de nube que cubre el la cima se decía “Si el Teide tiene toca, recoge la ropa”. Así que sí, hay nubes que pueden indicar qué tipo de tiempo viene. No es exacto pero muchas veces ocurre.

Ahora trabajas en comunicación de AEMET, alguien te sustituyó en tu puesto de “pastor de nubes”?

De momento está vacante, así que si alguien se anima puede solicitar el puesto (risas).


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