Entrevista a Miguel Pérez de Ayúcar, ‘group leader’ en la misión Rosetta

“En la ingeniería de Rosetta hay muchos españoles y de alto nivel”

Miguel Pérez de Ayúcar es uno de los investigadores que lidera la misión de la ESA para poner una sonda sobre un cometa en movimiento.

El ingeniero Miguel Pérez de Ayúcar
El ingeniero Miguel Pérez de Ayúcar SINC

La sonda Rosetta y sulanderPhilae llevan 21 instrumentos científicos, pero ninguno está liderado por españoles. ¿A qué cree que se debe?

Probablemente influye que Rosetta es una misión bastante antigua, diseñada en los años 90 y construida a principios de los 2000. En España no había tradición para investigar estos temas tan específicos y, aunque existen algunas universidades y organismos que participan en algún instrumento (la Universidad Politécnica de Madrid y el INTA lo hacen en la cámara OSIRIS) o trabajan intensamente en misiones planetarias, entonces no teníamos el conocimiento suficiente para crear un instrumento.

Pero en la misión sí participan técnicos e ingenieros españoles ¿no?

En la ingeniería hay muchos españoles de alto nivel. Trabajan tanto en el centro de investigación y tecnología espacial de Noordwijk (Países Bajos) como en el centro de operaciones de la misión, en ESOC (Alemania), en equipos de control y dinámica de vuelo de Rosetta. Y aquí en España, en ESAC, donde en este proyecto somos un 40% de españoles. También coordinamos la ingeniería del softwarey estamos presentes en el área de calidad, así como en la gestión y difusión de los archivos de la misión, que son la base de los estudios científicos. Además, varias empresas españolas han fabricado subsistemas de la nave.

¿De qué se encarga el equipo de operaciones y planificación que usted dirige?

“Si estuvieras en la superficie del cometa y dieras un salto, tendrías energía suficiente como para ponerte en órbita”

Nuestro grupo coordina a las instituciones que lideran los 11 instrumentos del orbitador de Rosetta para crear una serie de comandos, ejecutarlos a bordo y que se puedan tomar las imágenes, registrar los espectros o realizar cualquier otra operación científica. Es bastante complejo porque todo el mundo quiere observar a la vez, pero no se puede. Hay que determinar los recursos del satélite en cada momento y controlar las interferencias entre dispositivos. También diseñamos parte de las trayectorias y apuntamos el satélite, por ejemplo, para dirigir las cámaras durante el descenso y aterrizaje de Philae en el cometa 67P este 12 de noviembre. Cuando esté sobre él se registrarán datos sobre los gases, la temperatura, magnetismo, constantes dieléctricas, etc.

¿Este ‘acometizaje’ es el reto de ingeniería más difícil de la misión?

Ahora es el reto más inminente, porque el descenso es único. Es un momento que pasa y ya está. Si te pasas de largo o Philae se estrella durante el aterrizaje, será el final para este robot. Pero los retos se van sucediendo. Roseta ha dado varias vueltas alrededor del sistema solar hasta llegar a su objetivo. Para perseguirlo ha habido que llevarla muy lejos, hasta la órbita de Júpiter, y a pesar del tamaño enorme de sus paneles solares –32 metros, la envergadura de un Airbus 321–, no aportaban suficiente energía. Así que nos obligó a hibernar la nave, apagar todos los sistemas durante casi  tres años y volverlos a activar. Ese ‘despertar’ fue realmente crítico, pero afortunadamente salió bien. Otro momento clave fue la inserción en órbita hasta alcanzar la misma velocidad del cometa. Además, la naturaleza variable de los cometas siempre te obliga a estar preparado para cambiar rápidamente los planes.

¿Qué ocurrirá cuando el cometa se vaya acercando al Sol?

“Si te pasas de largo o Philae se estrella durante el aterrizaje, será el final del robot”

Será otro momento crítico. Cuando esté más cerca de nuestra estrella –en el perihelio– el cometa 67P será mucho más activo y los gases y partículas que desprenda pueden afectar al satélite, por lo que habrá que alejarlo. Ahora estamos orbitando a unos 10 km del cometa, el día 12, antes del descenso, nos retiramos un poco y tras una serie de maniobras nos volvemos a acercar para dejar caer el lander. Después Rosetta estará a entre 20 y 30 km hasta que, sobre febrero o marzo de 2015, ya más cerca de Marte, la actividad del cometa será tal que no seremos capaces de mantener la órbita por el empuje del polvo y los gases sublimados desde su superficie. Date cuenta que la cola o cabellera de un cometa puede llegar a tener unos 100.000 km y nosotros estamos tan cerca como 10 km, así que al final habrá que alejarse.

¿Por qué es única esta misión?

Son varios los motivos. Por primera vez se ha logrado orbitar alrededor de un cometa. No solo llegar y observarlo, sino hacerlo a su alrededor de forma permanente. También es algo único seguir la evolución de un objeto de este tipo durante tanto tiempo y tan de cerca, a pesar de las distancias tan lejanas a las que se encuentra. Estamos viendo su superficie con definiciones de centímetros. Tampoco se había logrado hasta ahora.

¿Qué es lo más emocionante de trabajar con Rosetta?

El trabajo es muy intenso, pero los resultados son increíbles. Sobre todo las imágenes del cometa, que según van llegando son espectaculares. Es un mundo tan diferente… Por ejemplo, en el tema de la gravedad, que es unas 10.000 veces menos que en la Tierra. Una persona que aquí pese 80 kg, allí apenas tendría 8 gramos. Si comparamos un desprendimiento de rocas en los Pirineos o cualquier otra montaña terrestre, una acción que imaginas muy rápida, allí una caída de 200 m puede tardar una hora en completarse. Son cosas inimaginables. De hecho, si estuvieras en la superficie del cometa y dieras un salto, seguramente tendrías energía suficiente como para ponerte en órbita.


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