Cientos y cientos de series emitiéndose y sólo las elegimos a ellas. ¿Por qué? Cada una de las mujeres que describimos en este texto tienen algo en común: no se olvidan fácilmente. Marcan los minutos, se comen la escena y triplican las miradas sobre sus interpretaciones. Ellas, las actrices que las encarnan, han sido las encargadas de que se queden grabadas en nuestras retinas como ejemplos claros de tipos de mujer, si es que se debe hacer diferenciación.

Las series de televisión, además de servir como medio de comunicación de masas, tienen la peculiaridad de que proyectan una imagen de las personas en las que los telespectadores se sienten reflejados. A veces las odian, las quieren, incluso, como pasa en algunos casos extremos, las imitan hasta la saciedad. Pero más allá de eso, las ficciones televisivas muestran a la mujer reivindicando su papel, en ocasiones superior infinitamente en interpretación al del hombre, y que nunca se valora como debiera.

Es el caso, para empezar, de Anna Gunn. Ella fue la artífice de que millones de personas se debatieran entre odiar o querer a Skyler White, la mujer del mayor narcotraficante de metanfetamina de la pequeña pantalla y que tan sola ha dejado a la audiencia. Podríamos escribir kilómentros engordando las plegarias para que Breaking Bad regrese; ahora sólo nos queda rendirnos a su magnificencia. Skyler White pasó de ser la esposa perfecta, aguantando la mano de su esposo en los momentos más duros, a ser la que se revelaba contra el sistema, la que no dejaba pasar ni un ápice masculinidad en sus proyectos y la que llegó a desear la muerte del hombre que un día fue su más fiel esposo.

La transmisión de valores de Skyler

No hicimos, quizá, demasiado caso durante las primeras temporadas, de la transmisión de valores que representaba Skyler White, del paso de un estadio del matrimonio a otro, del amor propio que puede sentir una mujer cuando se siente traicionada. En definitiva, el papel que representaba la, por fin, premiada con un Globo de Oro, Anna Gunn, es digno de estudiarse en todas las facultades de psicología.

Un psicólogo, y de los mejores, es lo que necesitaría la mujer más malvada de los Siete Reinos. Cersei Lannister, la hembra que hace y deshace a su antojo todo lo que toca, ve o escucha. La actriz que la interpreta, Lena Heady, llegó a decir, no sabemos si de broma o en serio, que estaba en la bancarrota pese a protagonizar una de las series más existosas de los últimos años. Nuestra Cleopatra del siglo XXI anclada en un mundo de fantasía diseñado para que la mujer no tenga la voz cantante, pese a sus esfuerzos. Cersei Lannister representa a la mujer dominada por el hombre, a la que no reprime sus instintos sexuales y a la que lucha por no ser ninguneada en un mundo dirigido por la testosterona.

Lucha de poder con la testosterona

Fantasía, realidad o basadas en hechos reales, las series de televisión no serían lo mismo sin la lucha de poder entre la testosterona y la fuerza irremediable por frenarla. Hablamos de Masters of Sex, la serie que fue la revelación del 2013 y cuya audiencia espera con ansias la vuelta de la primera temporada. En ella, Virginia Johnson, interpretada por una sublime Lizzy Caplan, es la antítesis al hombre en una época en la que la mujer debería quedarse en casa, parir y cuidar de los hijos. La serie, basada en los años 50 en Estados Unidos, recorre en cierta manera la trayectoria de una mujer que se abre paso en un mundo de hombres, luchando con lo poco que tiene y que consigue, gracias a su talento, el reconocimiento general. Podría haber similitudes entre la descripción de Cersei Lannister y Virginia Johnson, pero todos sabemos que la primera consigue lo que quiere a bases de tretas maquiavélicas y, la segunda, se deja los cuernos, el sudor y la vida entera por alcanzar su sueño.

Un sueño que, aunque no en la forma sí en el fondo, comparte con la siguiente protagonista. Es rubia, guapa y con cuerpo esculpido a base de gimnasio y dietas. Llegó a Los Ángeles en busca de su gran aspiración en la vida: ser actriz de Hollywood. Sin embargo, y siete temporadas después, parece que Penny, la protagonistas femenina de The Big Bang Theory no ha conseguido ni acercarse al cartel más famoso de la ciudad del cine. Penny, la vecina de al lado de la que nadie sabe su apellido, es una mujer ducha en relaciones sexuales, camerera y… poco más. Su carácter, aunque gracioso y abrazable en algunos momentos, representa a la mujer de los bajos fondos, a las que comen gratis, beben gratis y consiguen todo lo quieren por su aspecto físico. Reconozcamos que, en las series, como en la vida real, hay de todo.

Lena Dunham, la que todo el mundo odia

Llegamos al ecuador de esta enumeración tan femenina dejando para el final al cuarteto que está marcando la ficción televisiva de los últimos años. Lena Dunham, Juliana Margulies, Sofía Vergara y Robin Wright. Sus personajes distan galaxias de parecerse, más si nos fijamos en que la despampanante colombiana forma parte de esta lista, pero lo hace por una razón en concreto. Ella, la única latina de esta reunión de talento y estrógenos, tiene en su haber la desgracia de ser la eterna nominada por su papel en Modern Family. Donde va, todas las miradas se posan en sus curvas, esas que revelan que su papel en la serie no está muy alejado de la realidad. Un papel, para muchos, abocado a ser la mujer florero de un hombre viejo al que no le queda mucho más que aparentar y lucir a su mujer allá por donde pasa. Ese tipo de mujer al que nadie quiere parecerse pero al que muchas no le harían ascos disfrutar alguna vez en la vida.

En contraposición a ella, y su antítesis más apoteósica, está Lena Dunham. Para quienes no la conozcan (esa gente rara) es la directora, protagonista, guionista y creadora de la serie más progresista, transgresora y útil desde que Sarah Jessica Parker decidiera abandonarnos. Muchos creían que Girls, la serie en cuestión, iba a ser “la nueva Sexo en Nueva York”. Pero Girls es mucho más. Con cada capítulo, y más en esta tercera temporada, la Dunham, como se la conoce cariñosamente, está creando mini-obras maestras que muestran cómo es el ser humano en realidad. Ella no tiene ningún reparo en aparecer desnuda en cada episodio pero, una vez que te acostumbras, y créanme que lo harán, sus carnes mórbidas aparecerán en un segundo plano para dar paso al pensamiento interno de cada espectador consciente de las palabras de esa serie son fiel reflejo de las relaciones humanas.

La que no es nada humana, y parece sacada de otro mundo, es Robin Wright, la actriz que interpreta a Claire Underwood en House of Cards, la exitosa serie de Netflix que hasta el mismísimo Barack Obama se declara fan absoluto. Wright, ganadora de un Globo de Oro por este papel, dijo que sólo se embarcaba en este proyecto si la serie, que recordemos se emite de un tirón en la plataforma de vídeo, se rodaba como si fuera una película. Esto deja entrever el carácter de la actriz, aparejado al de su personaje. Muchos lo tachan de feminista, depravado y poderoso. Y es así. Claire Underwood consigue lo que quiere a cualquier precio, da igual quien muera, quien sangre o quien llore. Ella tiene un cometido y no se rendirá hasta conseguirlo. Su mirada, fría como el iceberg que rasgó los sueños del Titanic, congela hasta a su marido, curtido ya en las artes amatorias de su peculiar mantis religiosa.

¿Y si Alicia Florick y Hillary Clinton fueran la misma persona?

Cierra este homenaje a las mujeres Julianna Margulies, nuestra Hillary Clinton particular. Muchas dirán: "ojos que no ven, corazón que no siente". Otras serán partidarias de someter al escarnio público al que se hubiera atrevido a profetizar su voluntad. Pero pocas, como Hillary, se verán capacitadas para resurgir de sus cenizas como el Ave Fénix para darnos a todos una lección de cómo sobrellevar una crisis matrimonial.

En ese reducido grupo, del que en pleno Siglo XXI poca gente formaría, se encuentra Alicia Florrick. La protagonista de The Good Wife cada vez se parece más a un alter ego de la política demócrata tal y como demostró desde el minuto 1 de una de las mejores series políticas del momento.

Alicia es el ejemplo de alguien que se ha recompuesto, a quien le rompieron el corazón en millones de pedazos y quien los ha tenido que recoger públicamente. Es el ejemplo del tesón, la bondad y la humildad. Con sus fallos, como todo ser humano, pero protegiendo siempre la intimidad de quienes más le importan y castigando a quien trastocó su vida como quien castiga a un niño por no hacer los deberes, para que aprenda. Y esto es lo que todo hombre debe hacer: aprender que las mujeres no sólo están en las pantallas, también en la vida real. 


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