Gourmet

Más ‘chuches’ y menos Prozac

Hola, me llamo Eva y soy adicta… a las gominolas. Siempre lo he sido, desde niña, quizá porque me crie rodeada de ellas en un ambiente donde mi madre y mi abuela las consumían sin moderación ante mí. Durante un tiempo intenté desengancharme, presionada por los comentarios de mi dentista y de quienes no las ven saludables ni adecuadas para adultos. Pero hoy, lejos de querer abandonarlas, las defiendo orgullosa respaldada por numerosas tiendas que me dan la razón.

Para mí las gominolas son el mejor antidepresivo, porque no existe un mal día que una bolsa de chuches no consiga arreglar. Sólo con sus variadas formas y sus vivos colores consiguen animar el tono de un día gris desde el primer golpe de vista y con probarlas la sonrisa está garantizada. En happypills saben bien de lo que hablo y comercializan las chuches como medicamentos para afrontar los lunes, contra el hombre del tiempo gafe, contra las lavadoras que se estropean sin avisar… Presentados en botes de medicina o ‘kits de emergencia’ con forma de pastillero, son una idea original como regalo para curar a quienes siguen sin ver el poder de las gominolas. Eso sí, para que hagan efecto se aconseja consumirlas SIN moderación. Actualmente cuentan con tiendas en Barcelona, Zaragoza y Bilbao, pero sus productos se pueden adquirir también a través de la tienda online de su web.

Y también presentados en botes pero con aire más sinestro encontramos los conjuros de Abracazum(Gran Vía 55, Madrid) para acabar con ese pesado adicto al whatsapp o para hechizar al jefe y que nos suba el sueldo. Se elige un bote (desde 2 a 20 euros), un conjuro (42 variedades a cual más divertida) y se rellena al gusto con chucherías españolas rebautizadas con simpáticos nombres. Chuches para hacer magia, ¡me gusta! Sólo espero que exista el de “gominolas que adelgazan, cuántas más comas más pierdes”.

Por definición, las gominolas no deberían ser tan poco saludables ya que se componen de zumo de frutas, azúcar y gelatina. El problema viene cuando al producirlas industrialmente, sustituyen el zumo por colorantes y saborizantes artificiales y la gelatina (que es pura proteína), por aglutinantes y espesantes como almidones y harinas. Además de una carga extra de conservantes, acidulantes, conservadores del sabor... Por todo esto existen miles de detractores que no se cansan de proclamar lo insanas que son cada vez que intentas comerte alguna. Para dejar sin argumentos a estos aguafiestas llegaron los refuerzos suecos como Oomuombo, que comercializa hasta 180 variedades diferentes, todas ellas sin grasas trans ni colorantes, sin gluten ni soja ni alérgenos, y sin manipulación genética alguna. Ser el país que más gominolas consume por habitante al año y llevar consumiéndolas un siglo y medio han hecho que se preocupen al máximo por su composición hasta convertirlas en un producto saludable. Cuentan con tiendas autoservicio que apuestan por embalajes de papel y que además sirven caterings de chuches para todo tipo de eventos.

Woncandyes otro ejemplo de gominolas saludables, de máxima calidad y para todos los públicos. Las intolerancias alimentarias aquí no son problema, pues las hay disponibles sin glúten ni azúcar ni soja u otros alérgenos. Además, su oferta se amplía con una variedad enorme de chocolates y bombones que se pueden mezclar al gusto con las gominolas. Un precio único por gramo para que te sirvas a tu antojo. Actualmente las encontramos en Barcelona y repartidas por casi toda Andalucía y en breve llegarán a Madrid.

Y por último, un cásico que demuestra que el consumo de gominolas no entiende de modas: Caramelos Paco. Fundada en 1934, esta tienda de caramelos próxima a la Plaza Mayor puede presumir de ser un clásico de la capital. Impresiona la amplísima oferta disponible, que inunda las paredes y nos deja embobados sin saber que pedir. Aquí nos encontramos las de toda la vida, las que comían nuestros padres y les daremos a nuestros hijos, las que no pasan de moda. Caramelos clásicos como los gajos de naranja y limón o los de cuba libre, nubes y gominolas de colores cubiertas de azúcar, entre otras muchas variedades. A mí me llevó mi abuela cuando era niña y hoy la considero visita obligada cuando vienen a verme amigos de otras ciudades. Cañita y bocata de calamares por la mañana y caramelos Paco por la tarde.

Pues eso, que soy adicta confesa a las chuches y pienso seguir siendo mientras me queden dientes. Y seguramente después también, que para algo se inventaron las piruletas.


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