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La infanta Cristina, una víctima de Urdangarin según sus amigos

Los amigos de la infanta Cristina han contado a la revista Vanity Fair que hay detrás de la imagen que desde hace varios años se ha mostrado de Cristina. Sus amigos quieren romper la imagen que los medios han querido transmitir de ella, demostrando que fue tan solo una víctima más de los negocios de su marido en los que participó por el amor que siente hacia él, sin realmente conocer la ilegalidad de todo ello. 

Poco más de un mes después del anuncio de la revocación, por parte del Rey, del título de duquesa de Palma a la infanta Cristina, la revista Vanity Fair se ha puesto en contacto con algunos de los amigos más íntimos de la infanta para descubrir que hay detrás del personaje que se ha creado en torno a ella. La infanta, imputada por la justicia, ha visto como su popularidad ha caído en picado, convirtiéndose en la ‘oveja negra’ de la Familia Real española.

Una víctima de su marido

Sus amigos la describen como una víctima de Urdangarin. Su amor hacia su marido la llevó a implicarse en varios negocios con él sin mirar qué firmaba. Su primera declaración ante el juez ocupó portadas por su famoso “no sé”. Como explican, la infanta tenía la convicción de que ella era absolutamente inocente, por ello no creía que llegaran a imputarla. “Hay que comprender que ella es una infanta de España, nunca se ha encargado de estas cosas. Las delegaba en su marido, como antes en su secretario o en su padre”, explica Roberto Molina.

Rosario Nadal también ha dado su visión sobre el momento que está viviendo su amiga. “Vivimos en un país donde la institución del matrimonio ha sido recurrentemente utilizada en beneficio jurídico y fiscal de los varones. Esto afecta a muchas mujeres que, por exceso de confianza o ignorancia, se han visto involucradas en situaciones similares”, explica Nadal. De nuevo, muestra a la infanta como una simple víctima por el amor y la confianza que depositaba en Urdangarin.

La revista también ha hablado con Virginia López-Negrete, abogada de la acusación popular Manos Limpias. La letrada duda del supuesto desconocimiento de la infanta sobre las actividades de su marido. Como cuenta, es sabido que el conde de Fontao, emisario del rey, fue a ver al matrimonio para avisarles de que estaban “haciendo las cosas fatal” y que debían cerrar el Instituto Nóos y Aizoon. López-Negrete es clara: “A mí, que puedo ser una mujer enamorada, a mí, hija del rey, me viene el asesor de mi padre y me dice que lo estamos haciendo mal, y yo le digo a mi esposo: ‘Oye Iñaki, nada, vamos a cerrar Aizoon y empezamos de cero’”. “No hizo absolutamente nada”, añade.

Dolida con la imagen que ofrecen de ella

Como ha explicado Alexía de Grecia, la infanta no quiere expresar sus sentimientos pero sus amigos saben que “esta dolida”. “Cree que se está juzgando solo una parte de su vida y se olvida todo lo que ha hecho por España”, explica la aristócrata.

“Para ella está siendo muy difícil pasar de ser la infanta moderna, tan querida…a supuesta ladrona. La han convertido en un monstruo interesado, altivo y egoísta, porque eso vende. A la infanta no la está juzgando la justicia, sino la opinión pública y los intereses creados”, añade Rosario Nadal.

Su primo Pablo de Grecia y Dinamarca, ha hablado sobre la posición del rey. “Felipe quiere muchísimo a su hermana, pero tiene una posición difícil. Es el rey. Él pide a la gente que sea honesta y transparente y el pueblo también se lo exige”, explica el príncipe.

Hace poco más de un mes que le fue revocado el título de duquesa de Palma tras un tenso pulso con el rey que continua. “Este momento pasará a la historia como el día en el que la fuerza de la opinión pública obligó a un monarca a adelantarse a la justicia”, explica Rosario Nadal a Vanity Fair. Como cuentan, el rey Felipe VI se vio obligado a revocar el título de la infanta dado que no quería renunciar a sus derechos dinásticos. Una decisión que Nadal relaciona directamente con que renunciar a esos derechos es admitir que es culpable.

El palacete de Pedralbes, una “casa funcional”

La revista, además, ha tenido oportunidad de visitar el palacio de Pedralbes, una casa de 1000 metros cuadrados y 2000 de parcela en la que, entre 2004 y 2013, los por entonces duques de Palma vivían en Barcelona con sus cuatro hijos. La casa todavía conserva algunos enseres y objetos de sus antiguos moradores: el cabecero del dormitorio principal, un bañador con rayas blancas, varios juguetes o unas letras pintadas colocadas en una puerta en las que se puede leer “Irene”.

La propiedad, que han podido visitar junto al abogado Agustín Hernández, la describe como “una casa funcional”. El palacete, que fue comprado y reformado por la pareja, ha sido vendido recientemente por 6,9 millones de euros, 600 millones menos que el precio que los duques pagaron.


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