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¿Qué fue de David Lynch?

Los caminos del Señor son inescrutables, y los de David Lynch, ni te cuento... Ese objeto de culto popular de los 80 no deja de sorprendernos con sus peregrinas actividades más aun que con su imperturbable tupé.

Muchas son las expresiones artísticas del surrealista Lynch a lo largo de los últimos 40 años, unas con más fortuna que otras, pero todas más o menos dentro de una misma línea onírica que le convirtió en icono de la modernidad. Del cine pasó a la televisión, de la televisión a las series web, pasando por la pintura, la producción musical y llegando a la meditación trascendental.

Puede que sea esta práctica milenaria la que le haga no parar. No nos extraña, después de gastarse más de un millón de dólares en su aprendizaje con el Maharishi Mahesh, alguna salida hipnótica le tenía que dar, y de la misma manera que le hace ponerse una cabeza de conejo a Naomi Wats y decir frases inconexas durante dos horas, ahora las celebrities se pirran por ponerse los leggins y brands que acaba de diseñar el cineasta. La verdad es que muy bonitos no son, caminan entre el surrealismo y la teletienda, y hay que tener redaños para ponérselos, pero la causa para llevarlos es buena. Todos sus beneficios se destinan a la ayuda de mujeres víctimas de abusos.

La iniciativa partió de la asociación Live The Process. La asociación quería ofrecer una guía espiritual para lograr “una salud holística a través de una óptica modernista” y no sabemos ni como ni cuando el señor Lynch convirtió esta idea en una línea de ropa deportiva, pero el caso es que, tanto unos como el otro, se han quedado la mar de contentos.

Pero ésta no es la primera incursión en el mundo del diseño de David Lynch. Puede que sea su obsesión por el café -bebe unas 20 tazas diarias- la que le llevó a diseñar distintas mezclas de granos y lanzar su propia marca. Por cierto que el spot con el que lanzó su David Lynch Blend Coffee no tiene desperdicio ninguno, spot de autor lo llaman.

En 2011 diseñó el Club Silencio, un garito en el centro de París que te transporta fácilmente al universo Lynch. Un escenario Twin Peaks, una coctelería Mulholland Drive y una sala de cine para proyectar cine de autor mientras se toma una copa de brandy y se disfruta de un buen puro.

Y se ha atrevido incluso a diseñar botellas de champagne para la marca Dom Perignon, The Power of Creation, una serie limitada de las cosechas de 2003 y 2004 que, según sus propietarios, son tan intrigantes, misteriosas y excitantes como la creatividad de Mister Lynch. Habrá que probarlas.


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