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Estamos buscando lo que en realidad tenemos delante

Desespera que ni siquiera en lo que estamos todos de acuerdo se estén logrando mínimos resultados. Queda claro que no basta ni la unanimidad para crear empleo. Cuando, por cierto, cabría un considerable número de supervivientes si el gobierno, una oposición que sólo se opone a sí misma y unos poderes económicos que nunca fueron tan ratas del barco como ahora, aceptaran la tabla de náufrago que aportaría la transición a una economía ecológica. Muy al contrario, tras haber conseguido que el barco se esté yendo a pique, se dedican a quemar los botes salvavidas. Contraviniendo, es más, un buen número de compromisos y tratados internacionales, como la constitución y los relacionados con la disminución de los gases de efecto invernadero.

Estamos buscando lo que en realidad tenemos delante
Estamos buscando lo que en realidad tenemos delante Wikimedia Commons

Cuando casi todo es deuda parece elemental, al menos, menguar la necesidad de importar casi todos los combustibles que precisamos. O no necesitar que a miles de kilómetros produzcan la mitad, prácticamente, de lo que comemos nosotros y nuestra ganadería. Muy al contrario se le ponen todas las trabas posibles al despliegue de las renovables o al desarrollo rural, en éste último caso, llegando a la práctica desaparición de las partidas presupuestarias que a tan coherente finalidad existían.

No un grupo ecologista, ni cualquiera de los muchos economistas que están seguros de la necesidad de que es en el sector primario y los con él relacionados donde más empleos cabría crear... ha sido la mismísima Organización Internacional del Trabajo la que afirma que es posible crear, a escala mundial, sesenta millones de empleos. Los que, como mínimo, el sector verde y los parados demandan y el planeta necesita. En nuestro país teníamos a algo más de medio millón de personas empleadas en tales menesteres. La ampliación de eólicas, termosolares y fotovoltaicas, además de duplicar, como mínimo, esa cifra, nos alinearían con urgente y sensata pelea contra la creciente pulmonía de la atmósfera. ¡Qué paraíso encontraríamos en la búsqueda de la transparente autonomía energética!

A lo que de inmediato se debe añadir que la no menos deseable transición a un modelo económico vivaz y, por tanto, no especulativo, conllevaría una mayor posibilidad de empleos en todo lo que venimos llamando economía productiva. Empezando por lo agrario y ganadero, la silvicultura y el turismo no masificado. Que arden ya como la Roma de Nerón.


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