¿Se imaginan a un papa predicando el ateísmo ? ¿Se imaginan a Fernando Alonso apostando por la lentitud? ¿Se imaginan a Voltaire quemando bibliotecas? Siempre puede haber un extraviado en sí mismo que haga tales cosas, pero hay un ámbito donde resulta cotidiano que esto suceda.

Solo en materia ambiental son frecuentes actitudes y hasta empeños diametralmente contrarios a los propósitos de la materia. Sucede cuando algunos de los máximos responsables, casi siempre ajenos a la sensibilidad hacia la Natura, ni se disfrazan de respetuosos, ni camuflan sus proyectos insostenibles con el antónimo correspondiente. Me refiero a que un ministro de Medio Ambiente no puede prometer que intentará revocar leyes y disposiciones, tanto nacionales como internacionales, nada menos que para practicar la más artera de las formas de caza.

Sin embargo es lo que ha pasado con el parany. Explico en qué consiste para que se vislumbre, al menos, la coherencia de su prohibición. Hablamos de una trampa que de forma pasiva y por completo indiscriminada captura pajarillos, principalmente zorzales y fringílidos, aves migradoras que acuden a nuestro país a pasar el invierno. Se les atrae hacia lo que podemos llamar un área de descanso sumamente apetecible. Incluso de esos imanes surge el canto de unos congéneres que confirman lo idóneo del lugar. Solo que tales sonidos no surgen de las siringes, sino de magnetofones.

El parany consta de un bien situado conjunto de setos, árboles con prominencias que regularmente gustan a las aves para posarse. Y allí lo que encuentran es precisamente decenas de perfectos posaderos. Ramitas limpias y en posición horizontal. Solo que están impregnadas con liga, es decir, un pegamento del que las aves no podrán zafarse. De este modo han muerto, sobre todo en la Comunidad Valenciana, millones de aves a lo largo de los tiempos pasados.

Todo esto ha ocurrido hasta que las propuestas de prohibición de métodos de caza no selectiva arraigó entre nuestras disposiciones legales. Insisto, tanto nacionales como internacionales. Con todo, los practicantes de esta aberración no se rinden ante la evidencia y han presionado para que se dé marcha atrás, ahora con el apoyo nada menos que del ministro de Agricultura y Medio Ambiente de nuestro país. Lo escrito arriba: Hay papas que predican el ateísmo.


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