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La necesidad de dar las gracias por lo gratuito

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Una pareja de guepardos cuidándose: algo gratis (flickr | brimack - imagen con licencia CC BY-SA 2.0).
Una pareja de guepardos cuidándose: algo gratis (flickr | brimack - imagen con licencia CC BY-SA 2.0).

El desagrado ha ocupado casi todas las posiciones en nuestro sentir. Precisamente esta usurpación ha llegado cuando muchos paladeaban la posibilidad de que sus vidas fueran agradables. Caras, pero necesariamente complacientes, de acuerdo con la imposición social de un consumismo desmedido. Es más, agradar venía a ser como la suplantación de casi todas las normas de convivencia.

Lo del bienestar no ha dejado, ni un solo instante, de ser uno de los más eficaces y engañosos eufemismos, en medio, por cierto, de un generalizado imperio de los mismos. Con todo, poco alcanza a ser más desagradable que lo convertido en norma para demasiados. Me refiero a tener deudas y, bien no poderlas pagar, o que el pagarlas te convierta, casi de la noche a la mañana, en pobre, es decir algo poco grato para cualquiera. Destrozos que han permitido avistar que el modelo económico no tiene problema alguno en transmutar lo grato en ingrato.

Todo lo contrario pasa ahí afuera, en lo vivaz. La infinitud de esfuerzos que incesantemente  despliegan los derredores nada demandan de nosotros y, sin embargo, nos están favoreciendo sin pausa. Ya sé que no es lo mismo pero al menos consuela saber que en los escenarios naturales no hay paro, mucho menos deudas y que nada resulta caro, sencillamente porque todo lo esencial es gratuito. Una gigantesca inversión en continuidades se lleva a cabo en cada rincón del planeta no asfaltado o cementado.

La plena historia de la vida desemboca en cada uno de nosotros sin que necesitemos mover un solo dedo para beneficiarnos de la avalancha de información, logros y destrezas que hay en todos y cada uno de los genomas con los que convive la humanidad. Pero son muchos los regalos, es decir, bienes completamente gratos por gratuitos, que recibimos. La Natura es una base de aprovisionamiento por la que nada pagamos. Entre lo que nos regala figura casi todo lo esencial como la vivacidad en su conjunto, el crecimiento de lo que comemos, la transparencia de lo esencial, que sigue siendo el agua y el aire, la redistribución de los minerales y compuestos químicos como el fósforo, nitrógeno, oxígeno, azufre y muchos más. A lo que conviene sumar la fertilidad natural, acaso el proceso más complejo y necesario que conocemos.

De ahí que a unos pocos nos exaspere el que se desprecie tanto a lo que nos sale gratis. O a los que hacemos muchas cosas sin cobrar. Por eso nos atrevemos a proponer el reconocimiento de una ética de la gratitud hacia lo gratuito. Si lo haces, os lo aseguro, disminuye ese desagrado rampante que nos invade.

Gracias por leerme, que también es gratis, y que la vida os atalante.


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