Esta isla hotel es actualmente uno de los destinos más cotizados por esos amantes de la naturaleza que se aíslan del resto del mundo a golpe de talonario. Los pocos de los afortunados que llegan a esta isla lo hacen atraídos por otro tipo de animal: las tortugas marinas gigantes, de las que existen unos 100 ejemplares. Habitan allí dos especies que se reproducen y que fueron introducidas en Aldabra hace cincuenta años. Se cree que alguna de estas tortugas, que se pasean libremente,  podría tener casi 150 años. Se las puede ver normalmente entre los matorrales de anacardos, de cuyos jugosos frutos se alimentan.

Los que pueden pagarlo encuentran aquí uno de los refugios privados más agradables de esta parte del planeta. Se trata de un resort en el que no es difícil codearse con pilotos de Fórmula 1, famosos arquitectos, brokers londinenses, aristócratas europeos y millonarios anónimos, que suelen ser los mejores clientes.

No recomiendo caer allí solo. Ver la plantación de piñas, pasar unas horas en la cala del Yoga o pasar toda una mañana para ver el centenar de especies de pájaros diferentes puede ser un reto personal. Si busca diversión en la isla, no es el mejor lugar, porque sólo tienen 16 villas, con aspecto de mansión que al menos se deben alquilar por cuatro días. De todos modos también existen distintos presupuesto. Desde los 1850 euros por noche (la opción más barata) hasta los 12.000 euros de la opción más cara, siempre tenemos un cierto recorrido. Al menos el alojamiento es en régimen de pensión completa. Las propinas también están incluidas, porque un auténtico pirata sabe dónde dar el sablazo pero muy poco de generosidad. 


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