Cultura

Nuevo disco de Pink Floyd, ¿viejas rencillas?

En cuanto se filtró algo, la noticia corrió como reguero de pólvora. Y no es para menos. Un nuevo disco de Pink Floyd, el primero en 20 años, es una de esas novedades capaces de hacer salivar a los viejos gruñones del rock progresivo, o rock sinfónico, como se decía en la España entre los 70 y los 80. Pero también es capaz de hacer arquear un ojo a los jóvenes que han escuchado innumerables veces la cantinela de la grandeza de los británicos o continuar su indiferente camino las huestes que entienden la música como mera banda sonora de fondo o de fiesta.

Pero el caso es que The Endless River está llegando, y ya trae consigo algunas controversias, por otro lado habituales en la historia del grupo. Realmente no parece que sean composiciones totalmente nuevas, sino principalmente temas instrumentales y ambientales procedentes de la época y sesiones de grabación del hasta ahora último disco, The Division Bell, en 1994. Será el primer disco sin la presencia deRick Wright, fallecido en 2008, que aunque durante una época en los 80 fue expulsado del grupo, siempre permaneció aunque fuera como músico contratado. Y siguiendo sus habituales desencuentros, y encuentros, Roger Waters, quien fuera bajista, cantante y líder con mano de hierro de la banda, hasta que la abandonó en 1985, ha aclarado a alguno de sus fans, no sin cierta ironía, que él nada tiene que ver con esta grabación, y que no forma parte de la banda desde hace 29 años.

Y es que no debemos olvidar que, después del inmenso éxito de The Wall en 1979, y su último trabajo con Pink Floyd, The Final Cut en el 83, Waters no sólo abandonó la banda, sino que les demandó ante la intención de los entonces permanentes David Gilmour, el guitarrista histórico, y Nick Mason, batería y fundador, de continuar bajo ese nombre. Demanda que perdió. Sólo en 2005 aparcaron sus diferencias y estos cuatro componentes históricos actuaron juntos en los conciertos Live8 organizados por Bob Geldof.

Del blues y la psicodelia al rock progresivo

Un nombre, Pink Floyd, que ha revoloteado en la historia de la música rock desde sus inicios en el primer lustro de los 60, cuando nacieron bajo el nombre The Pink Floyd Sound y como homenaje a los bluesmenPink Anderson y Floyd Council. Tres estudiantes de arquitectura, Waters, Mason y Wright, y uno de arte, Syd Barrett, evolucionaron desde los ritmos blues hasta la psicodelia que impregnaba su debut, The Piper at The Gates of Down, en 1967. Pero Barrett sufría de inestabilidad mental, seguramente acrecentada por su ingesta de drogas alucinógenas, y para su segundo trabajo, A Saucerful of Secrets, ya estaba siendo sustituido por el guitarrista David Gilmour, dando origen a la formación que se consideró clásica.

La marcha de Barrett, que fallecería en 2006, tras haber grabado dos magnéticos y brillantes discos de culto en 1970 y haberse retirado completamente desde entonces, llevó la música de Pink Floyd hacia terrenos en los que la experimentación, los sonidos más ambientales, los largos pasajes. En definitiva, todos los argumentos que daban vida al llamado rock progresivo, se iban imponiendo. Hasta la llegada de Dark Side of The Moon en 1973, uno de los discos más importantes de la música llamada rock por su contenido, por su continente y por su influencia. Wish You Were Here continuaba su estela, aunque sin alcanzar sus cotas, y el oscuro Animals en 1977 anticipaba The Wall dos años después.


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