Cultura

Duetos virtuales: la tortura musical viene del más allá

Que la tecnología apenas tiene límites es algo que a nadie sorprende hoy en día. Y en el mundo de la música, aún menos. Aceptado por tanto este grado de posibilidades ilimitadas, quedaría por marcar las fronteras de la ética. Pero ésta palidece cuando es de dinero de lo que hablamos.

Natalie Cole junto a una placa homenaje a su padre, Nat King Cole (Gtresonline).
Natalie Cole junto a una placa homenaje a su padre, Nat King Cole (Gtresonline).

Tecnológicamente es factible grabar hoy en día una canción contraponiendo una voz actual y viva a la de un artista ya fallecido. No hay ningún problema con ello. Apenas la autorización de sus herederos, habitualmente prestos a ampliar sus cuentas de resultados en base  a los derechos adquiridos. Los duetos virtuales son hoy en día algo que no sorprende.

Pero, aunque siempre se engalanen con los ropajes del tributo sincero y sentido, queda una pregunta en el aire: ¿el músico fallecido hubiera aceptado de buen grado compartir micrófono y pista de grabación con quien es unido? Es algo que no sabremos, pero daríamos cualquier cosa por preguntar a alguno de estos artistas:

  • Frank Sinatra: la Voz era obviamente uno de los más deseados, y la cantante Céline Dion fue de las primeras en aprovechar la tecnología. Su All the way pasó a la historia en 1999. De los resultados no opinamos.

  • Elvis Presley: a Elvis se le ha resucitado incluso en holograma. Por tener, tiene hasta discos completos en los que diversos artistas cumplen su sueño de cantar junto al Rey. Pero destaquemos uno que nos pilla aquí al lado: hasta esa musa de la modernidad más insustancial que es Russian Red se marcó el Love me tender junto a él. Ahí queda eso.

  • Louis Armstrong: el acabose. No de otra forma puede calificarse escuchar la pétrea voz del gran Armstrong arrumada por las tonadillas almibaradas del saxo de Kenny G, uno de esos ejemplos que parecen demostrar que el romanticismo, en manos de según quién, puede convertirse en un arma de destrucción masiva.

  • Nat King Cole: aceptaremos en esta galería de horrores que tal vez su hija, Natalie Cole, sea de las que más razones tuviera para unirse a su progenitor. Unforgettable fue un éxito descomunal, y, al fin y al cabo, la cosa quedaba en casa.

  • Ella Fitzgerald: el eterno pipiolo rubio de Rod Stewart hace mucho tiempo que cambió sus paseos por el lado canalla a lomo de los Faces por el más económicamente rentable smoking de crooner. Así que no tuvo dudas en unir su aguardentosa voz a la de la llamada Primera Dama de la Canción en What are you doing New Year’s Eve?

  • John Lennon: no sabemos si imaginaría alguna vez que años después de su muerte sus tres antiguos compañeros usarían unas demos entregadas por la propia Yoko Ono para grabar Free as a bird o Real love. Y además, no sabemos qué hubiera opinado (si Yoko le hubiera dejado, claro).

  • Bob Marley: todo un disco, Chant Down Babylon, el que le dedicaron artistas de hip hop y del más comercial rhythm & blues, con el añadido de Aerosmith, al bueno de Bob, otorgándole una pátina de modernidad que tal vez nunca hubiera buscado.

  • Rocío Dúrcal: sí, de esta necrofílica afición no se libra nadie. Ya Nino Bravo y Cecilia habían caído en sus garras, pero la pizpireta Dúrcal tampoco evitó ver unida su voz a la de nombres como Sabina, Dyango o su hija Shaila.

Hay muchos más, sin duda, pero daríamos cualquier cosa por preguntar a Sinatra, Presley, Armstrong, Cole, Fitzgerald, Lennon, Marley o Dúrcal al respecto.


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