El baúl de Barataria

Cervantes… ¡Todo un personaje!

Estamos en la cita sanjorgesca del 23 de abril, en donde se establece, junto al mito de la muerte en la misma fecha de nuestro ingenioso don Miguel y del bardo de Stratford-upon-Avon (hecho tan falso como la casa del presunto William que tanto turista visita en inversa proporción a los pocos que pasan por los veros sitios del complutense), la fiesta del Día de Libro.

Al margen de esos tópicos de los días de, y que con la que está cayendo no viene mal un 10% de descuento en los libros, creo que es buena excusa para sacar del baúl de Barataria salida del magín de nuestro Príncipe, unos títulos en los que él no es el autor: es el personaje.

En Madrid 1605, editado por Algaida, los escritores Eloy M. Cebrián y Francisco Mendoza, nos llevan a un flashback detectivesco, desde nuestros tiempos a los de Cervantes, en busca del manuscrito perdido que versa nada menos que sobre un hidalgo de los de lanza en astillero, rocín falco y galgo corredor. Una de intrigas, un thriller como se dice ahora, castizo y bien propio, pues nos sobran marcos incomparables, personajes irrepetibles, y tramas bien tramadas sin tener que recurrir a exotismos ajenos. Para pasar un buen rato con dos intrigas en un mismo cuidado volumen.

Si queremos vivir directamente en aquel Madrid de nuestro Siglo de Oro, paseando por lo que hoy pomposamente se llama el Barrio de las Letras, nada mejor que Ladrones de tinta, editado por Ediciones B, de Alfonso Mateo-Sagasta, una historia con un tal Avellaneda de por medio, queriéndole jorobar a nuestra ilustre pluma (y en esto hay oculta chanza), y sobre todo al editor de una exitosa novela de caballerías muy poco al uso, con la publicación de una segunda parte que el creador alcalaíno no ha escrito. Muy recomendable.

Como curiosidad decimonónica, que es posible encontrar para descargar (con toda la legalidad del ordenamiento) para tabletas y e-readers, está El loco de la Guardilla. Paso que pasó en el SXVII y su segunda parte El bien tardío, ambas obritas de Narciso Serra, y que en el siglo XIX fueron representadas como zarzuelas, y en donde nuestro literato se topará con colegas como el glorioso cojo madrileño Quevedo, o el licencioso sacerdote el Fénix Lope. No son de una calidad excelsa, pero son unas perlas en verso que harán las delicias del lector curioso y amable.

Eso sí, si alguien por un casual tiene en casa, o es capaz de conseguir los siete volúmenes de la Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra de Luis Astrana Marín, no tendrá mejor para saber sobre un increíble personaje de su propia y azarosa vida, y que ha hecho de nuestras letras, referencia universal. Tal vez se pase el biógrafo de visión romántica, pero se lo merece. Al fin y al cabo, Homero inventaría la narración, pero don Miguel, la novela. Y él, todo un personaje de novela.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba