Su longitud es corta, no más de 500 metros. Pero nos basta. La calzada del madrileño  Paseo Recoletos es perfecta  para alargar los paseos dulces  o apurar las tardes tristes. Da igual, en él cualquier cosa se transforma en una celebración.  Ubicado entre la Biblioteca Nacional y la Plaza Cibeles, es el jardín público o alameda más antigua de Madrid. Creado en tiempos de Carlos III, debe su nombre a un convento de la orden de los agustinos recoletos trazado entonces en esa zona.

Recorrerlo supone encontrarse con incontables joyas: desde el Palacio Linares, junto a Cibeles, construido en 1873 y actual Casa de Américas, pasando por el Palacio del Marqués de Salamanca, hoy sede de la Fundación BBVA,  o el imponente edificio de la Biblioteca Nacional que corona el paseo con su diosa trepada en el frontón. Pero no sólo eso, hay terrazas, bancos, rincones especiales para disfrutar que la vida ocurra frente a nosotros en forma de transeúntes y árboles en movimiento. Y como toda elección es arbitraria, presentamos una lista de siete cosas que pueden hacerse en este magnífico paseo.

Feria de Otoño del Libro Viejo y Antiguo de Madrid. Hasta el 13 de octubre, los amantes de lectura y las joyas bibliográficas no puede perderse la feria que reúne más  de 40 librerías de Madrid, País Vasco, Cataluña, Andalucía, Valencia o Aragón en las que podrán conseguirse primeras ediciones, ejemplares originales, así como libros viejos, antiguos y descatalogados. El horario de la feria es de once de la mañana hasta las nueve de la noche.

Un vermú en el Espejo o el Gijón. Quedan todavía unos días de terrazas para disfrutar. Y qué mejor opción para hacer uso de ellas que en el Gijón o el Espejo, lugares centenarios y emblemáticos del Paseo Recoletos, especialmente el primero, abierto en 1888 y todavía punto de referencia de tertulias literarias y artísticas. No son –ni el Gijón, ni el Espejo- sitios especialmente económicos. Sin embargo, en la calle Almirante se encuentra La Taberna del Gijón –vinculada al Café- y en donde es posible disfrutar, por un precio más económico, una caña o un magnífico aperitivo.

Un exposición en la Fundación Mapfre. En el número 23 del Paseo Recoletos, se encuentra una de las salas de la Fundación Mapfre. En estos días, en el espacio se presentan dos muestras, una primera reúne más de cien obras del movimiento italiano de mediados del siglo XIX , los  Macchiaioli, precursores del impresionismo. También España contemporánea. Fotografía, pintura y moda, una cuidada selección de fotografías que recorren la historia de España a lo largo de los dos últimos siglos, desde la invención del daguerrotipo, hasta el bombardeo de imágenes con el que convivimos en la actualidad. Las fotografías relatan los hechos históricos más relevantes de los siglos XIX y XX, en una narración que se acompaña de pinturas que muestran las coincidencias formales de ambos medios e ilustran la construcción de algunos de los estereotipos asociados a nuestra sociedad.

Una obra en el María Guerrero. Ubicado en el número 4 de la calle Tamayo y Baus, se encuentra el María Guerrero, un teatro construido a finales del siglo XIX y que suele albergar en su cartelera apuestas escénicas solventes. En estos días, se presenta  El Atlas de la geografía humana, una adaptación de la novela de Almudena Grandes realizada por el Centro Dramático Nacional. Cuatro empleadas de una editorial confeccionan  un atlas de geografíaen fascículos. Reunidas por azar en ese proyecto, y muy distintas entre sí, todas comparten, sin embargo, una edad decisiva, en la que el peso de la memoria matiza ya la conciencia del tiempo. Mientras investigan, buscan materiales y fijan datos, encontrarán ese punto de inflexión de la vida en que no pueden aplazar más la necesidad despejar dudas. Las funciones son de martes a sábados, a las 19:00 horas, y los domingos, a las 18:00 horas.

¿Y la caña después del teatro… dónde?  Entre las calles Barquillo, Conde de Xiquena, Almirante y Prim se encuentran espolvoreados unos cuantos locales dónde disfrutar de una cerveza. Los hay sencillos –bares-restaurantes clásicos pero solventes, de esos que no dejan mal- como El Almirante , en el número 24 de la calle que le da nombre, o el 4 de Xiquena, cuya carta italiana es magnífica. Más sofisticados –y mayores en precio- están el Café Oliver, cuyo servicio es francamente malo aunque, inexplicablemente, siempre está lleno.  Bueno hay una razón: es el punto de coincidencia de actores, periodistas, artistas y escritores. En Plaza del Rey, justo al principio de la calle Barquillo, en los límites del concurrido y animado barrio de Chueca, está la Revoltosa, una magnífica taberna en la que no podéis dejar de probar las cervezas artesanales.  Al otro lado del Paseo, en la mismísima calle Recoletos, existen también lugares magníficos.

La Gastrocalle.  ¿Y si de la caña pasamos a la cena? Al otro lado del paseo, en la calle Recoletos, se suceden, una tras otras, las mejores opciones para comer. Comenzamos en el restaurante Pelotari, uno de los asadores vascos más reputados de la capital; un número más arriba está New York Burguer ; en el cinco, Al-Mounia , referente gastronómico de la cocina marroquí en Madrid desde hace más de 40 años. En el 7 está  El Borbollón, de cocina vasco-francesa. El Barril de Recoletos, en el número 9, ofrece los mariscos más frescos; en el 10, La Cesta,  uno de los jóvenes espacios gastronómicos más consolidados de la capital. En la misma dirección, también está n Banzai, cocina japonesa con un toque de fusión.  Y para cerrar,  Mestizo, mexicano de altísimo nivel.

Con la Cibeles a los pies. Al final del paseo se alza CentroCentro, el espacio cultural público del Palacio de Cibeles, un lugar que se adapta a todos los gustos, todos bolsillos y todas las edades. Comenzando por su sala con amplios y cómodos sofás, en los que es posible sentarse a leer la prensa del día o un buen libro con total comodidad. Además, CentroCentro tiene en programación actualmente exposiciones de altísima calidad, como es el caso de la colección de la galerista Helga de Alvear, de la cual se ha hecho una selección para exhibirla al público; el coste de la entrada es 5 euros. Para subir a la azotea y ver las panorámicas de la ciudad hay que pagar 2 euros. También allí está el restaurante Mirador, con soberbias vistas de la ciudad.


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