Cultura

Las fiestas más salvajes del cine

¡Toga, toga, toga! Con la marcha de John Belushi a otro lugar mejor parecía que el género de las comedias gamberras tocaría a su prematuro fin. Pero nada más lejos de la realidad: el vaso (de cerveza) de la comedia cafre todavía hoy sigue medio lleno... y hecho, desborda espuma y absurdo por todos los lados.

El estreno de Malditos vecinos -que ha desalojado sin aparente esfuerzo a The Amazing Spider-Man 2 del primer puesto de la taquilla- nos ha recordado el inmenso poder de la payasada y la borrachera como elemento liberador. El saludable relevo generacional que, a diferencia de otros géneros del cine estadounidense, sí ha acabado produciéndose en la comedia gruesa.

Si hay que retrotraerse a su solemne origen, ese sólo puede ser Desmadre a la americana. Una verdadera oda a la anarquía a cargo de John Landis -moldeada a modo de spin-off cinematográfico de la revista de humor National Lampoon- en cuyas historias estaba basado el guión (del fallecido Harold Ramis, entre otros) y en la que se dieron cita otros tantos talentos del mejor Saturday Night Live (SNL). La competencia entre fraternidades universitarias llevada al terreno épico -y, por qué no, hasta bíblico- una odisea sin sentido ni objetivo que deja fuera cualquier sentimentalismo. ¿La clave del éxito? Tomarse muy en serio el absurdo: la música dramática de Elmer Bernstein es de suspense y tensión ‘real’, provoca un contraste con las situaciones que resulta extraño y que causa la risa.

La película fue la avanzadilla de todo un ejército de albóndigas, porkys y universitarios calientes que llenaron las pantallas de finales de los setenta y ochenta para, quizá, no abandonarlas jamás. Entre la montaña de sujetadores desabrochados y animales drogados se fundaron mitos que fundamentarían las nunca bien ponderadas películas de episodios (Made in USA o Kentucky Fried Movie, del propio Landis) y otras parodias cinematográficas (Aterriza como puedas, del trío ZAZ, Zucker-Abrahams-Zucker) que arrasaron en unos años de oro para la comedia americana.

Una vez santificada la fiesta, otros autores tendrían que venir a animar el cotarro. Los prematuramente hundidos hermanosFarrelly se llevaron la chorrada al manido género de la comedia romántica con Algo pasa con Mary, esa joya tierna y cruel de los tardonoventa que trazó poéticas analogías con el semen y el champú, que osó burlarse de las minusvalías y que, en definitiva, abrió nuevas vías para un género de capa caída tras las victorias iniciales del SNL, justo cuando Bill Murray caía en las garras del hipsterismo mortal de la hija de Coppola. Muy poco después, la primera American Pie haría lo propio en su variedad adolescente, una película simple que hizo saga y que reflejó con amabilidad y ternura la única preocupación de sus protagonistas: que les soplasen la tuba.

No faltaba mucho para que el género alcanzase su madurez y crepúsculo gracias a Judd Apatow, autor capaz de llevarse los personajes que protagonizaron todas las anteriores al mundo real, ése en el que usted o yo nos hacemos viejos. Supersalidos, verdadero éxito de hace unos veranos (escrito por Seth Rogen, protagonista de Malditos vecinos), situaba a los adolescentes de American Pie en una situación distinta, la última noche juntos de un grupo de colegas a punto de seguir caminos distintos. Todo en ella era lo mismo pero no del todo, y fundamentó un corpus cinematográfico que Lío embarazoso (la llegada del primer hijo) y la reciente Si fuera fácil (la de los temidos 40) no hicieron más que establecer.

Y para cerrar el círculo con épico estoicismo hablemos de Todd Phillips, quizá el único director que ha basado la totalidad de su carrera en homenajear las bases y aplicar ese estilo severo y, en su caso, también estilizado, a las orgías de descontrol personal habituales del género. Aquellas juergas universitarias sobrepasó los 100 millones de recaudación a primeros de la década pasada, homenajeando precisamente a la película que inició este recorrido, Desmadre a la americana, consagrando a Will Ferrell (corriendo en bolas por el vecindario) y abriendo las puertas a una nueva generación de cómicos televisivos que todavía siguen haciendo de las suyas en la pantalla. Sólo faltaban unos pocos años para que el mismo director facturase Resacón en Las Vegas, verdadero trallazo que pilló incluso Warner Bros con el pie cambiado y pendiente de otras cosas, y cuya estructura de thriller de suspense, poblado por chinos desnudos y desórdenes de personalidad varios, acabaría resultando un inesperado análisis del día después de la gigantesca juerga empezada dos décadas atrás.


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