El PP aplaude la intervención de Rajoy en la investidura

El PP confía en cambios en la cúpula del PSOE: "Sánchez tiene cara de derrota"

Primer revolcón de Sánchez. El viernes, otro. "Al líder del PSOE se le ha puesto cara de derrota", piensan en Génova, donde alimentan la idea de cambios en la cúpula del PSOE. Tras la ruptura con Podemos, sólo quedan las urnas. Y hasta entonces, "todo es posible", aseguran.

El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, en el pasillo del Congreso.
El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, en el pasillo del Congreso. EFE

Todo arranca de nuevo. Se reparten otra vez las cartas y a jugar otra partida. Sánchez abandonaba este miércoles el edificio con gesto severo. Algo contrariado. Había recibido un sonoro 'no', ya previsto, pero un 'no' al fin. Incluso el PNV votó en contra, algo que hace menos de una semana no entraba en los pronósticos. Solo Ciudadanos se retrató junto al candidato. En total, 130 síes frente a 219 votos en contra. La diputada canaria, Ana Oramas, se abstuvo. Ahora no hay prisas. Moncloa había anotado una cita con Ciudadanos para este lunes. De momento, se aplaza. Sin fecha. Hay que esperar a que se difuminen los ecos del debate. Rivera, empeñado en defender su acuerdo con el PSOE, se mostró muy duro con el PP. Durísimo, dicen las fuentes mencionadas. En Moncloa piensan que este exceso de celo en arremeter contra Rajoy puede pasarle factura a la formación naranja en caso de nuevas elecciones. Al menos seis de cada diez votantes de Ciudadanos proceden del PP. La dureza de Rivera sorprendió incluso a Rajoy, quien se mostró poco afable para con el líder de Ciudadanos pero sin ensañamiento, consciente de que habrá que sentarse a negociar. "A Rivera se le fue la mano", insisten. "Pero si hay elecciones, el emparejamiento de Ciudadanos con los socialistas, quizás nos favorezca".  

"Si hay elecciones, el emparejamiento de Ciudadanos con los socialistas, quizás nos favorezca", insisten desde el PP

Rajoy salía sonriente del hemiciclo. Ese revolcón de Sánchez le habría correspondido a él en el caso de haberlo intentado. "Una derrota es una derrota", comentaba un diputado del PP. Y Sánchez ha pasado a la historia. Por el lado negativo. Es el primer aspirante que no logra su objetivo en una investidura. Y el viernes, otra, de acuerdo con todas las previsiones. Un fracaso. "Se le empieza a poner cara de perdedor", mascullan en el PP, donde no se asumía con entusiasmo el papel protagonista que desempeña Sánchez desde que fue propuesto por el Rey. No es sorpresa ni tiene más repercusión que el mero hecho de la derrota. "Estas cosas marcan, dejan huella. Cuando se sale al campo, aunque sea un amistoso, hay que ganar", abundan estas fuentes. Rajoy sigue en el banquillo, a la espera de que su rival se lesiones o abandone. No hará más de lo necesario para conseguir la Moncloa. El puesto es suyo, según su profunda convicción. 

El PP empezará adialogar con Ciudadanos y PSOE dentro de unos días, sin prisas, sin grandes esperanzas. Salvo que se produzcan cambios en la dirección del partido socialista, nadie espera sorpresas. El café de media tarde que compartieron Jorge Moragas, jefe de gabinete del presidente en funciones, y José Enrique Serrano, jefe de filas de los negociadores del PSOE, era tan sólo un mensaje de que los puentes no están rotos. Cuarenta minutos de conversación en plena calle. Con fotógrafos en derredor. Pero nada más. Sólo si salta Sánchez podría pensarse en retomar la idea de la gran coalición. Hay gente en el PP que lo comenta. Pero como puro elemento de conversación. Hay un elemento nuevo: Podemos ha roto frontalmente y severamente con el PSOE. La cal viva deja huella. Y los veteranos socialistas no perdonarán tal afrenta. Tampoco Podemos estaba por la labor de entrar en el Gobierno. Prefieren segar la hierba del PSOE desde la oposición. Lo más cómodo, lo más eficaz.

La única alternativa

En Moncloa no se contempla más alternativa que la reaparición de las urnas. Y en el PP, también. Rajoy se ve candidato. Lo ha declarado con insistencia cuantas veces se le ha preguntado. Nadie en el partido lo discute. Al menos, en público. Aunque crece el número de quienes no lo comparten en privado. El propio aludido lo ha reconocido. Aumenta la idea, entre una parte de barones y dirigentes, especialmente regionales, de que es una rémora. De que la marca ha sufrido pero más aún la imagen del presidente. La marca se puede recuperar, pero el perfil de Rajoy está demasiado dañado. Las cábalas siguen su curso. Nada ocurrirá en el PP salvo que, en la bancada de enfrente, Pedro Sánchez desaparezca. Hasta ahora tan sólo ha logrado convencer a Ciudadanos de lo excelente de su propuesta. Escasa cosecha, una pérdida de tiempo, en palabras del líder del PP. El PSOE tiene que elegir de nuevo a su secretario general el 8 de mayo. Y quince días después, celebrará un congreso federal. Apenas un mes antes de la cita electoral, en caso de que no haya logrado superarse el actual bloqueo.

La idea general es que se va nuevos comicios. En Génova lo tienen claro y se trabaja ya en ellos

Nadie apuesta por la caída de Sánchez y de Rajoy. Es una variante que no se contempla. Aunque, dada la incertidumbre y las brumas que ocultan el horizonte, nada se da por descartado. La idea general es que se va nuevos comicios. En Génova lo tienen claro y se trabaja ya en ellos. Los vicesecretarios generales han recorrido media España para reunirse con las directivas regionales de la formación. Es la máquina del partido quien deberá movilizarse en el caso de nuevos comicios. Y la moral en el PP está por los suelos.

Tan sólo Rajoy parece haber recuperado el tono. Hace una semana, su entrevista televisiva con Susana Griso supuso un punto de inflexión, según comentan en su círculo más próximo. En la segunda jornada de la investidura redondeó un buen discurso, muy ácido, incisivo e hiriente. Irónico y ocurrente. Entre sus lugartenientes cayó muy bien. En su grupo, despertó pasiones. Todos son muy partidarios. En el partido, se recibió con optimismo. Más por la flojera del nivel del candidato socialista que por el papel de su jefe. Al cabo, no era Rajoy el protagonista. Un detalle asumido, pero no amortizado. El papel de segundón nunca provoca demasiado entusiasmo.


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