González habla de la abstención del PSOE a cambio de la retirada del líder del PP

¿Quién pretende jubilar a Rajoy? Cinco razones de un liderazgo incombustible

Rajoy se rodea este sábado de su Ejecutivo nacional para renovar su liderazgo frente a los primeros síntomas de acometidas externas. ¿Alguien pretende jubilar a Rajoy? Parece una misión imposible.

Mariano Rajoy.
Mariano Rajoy. EFE

Felipe González ha reclamado, en forma tibia, la cabeza de Mariano Rajoy para que el PSOE facilite con su abstención la salida del actual bucle. Una tímida apertura de la veda. Sánchez no pide la cabeza de Rajoy. Tan sólo se opone a facilitarle que siga en el Gobierno. González aparece así como la punta de lanza de la estrategia de algunos barones socialistas, empeñados en propiciar la abstención para que pueda formarse gobierno y superar el atasco institucional. 

A pesar del revés de la investidura, el equipo directivo del PP considera que Rajoy ha resultado el vencedor moral de la batalla parlamentaria por la investidura, de acuerdo con sondeos y encuestas. La unidad del partido en torno al liderazgo del presidente en funciones es granítica. Nada que ver con lo ocurrido meses atrás, cuando renunció a la oferta del Rey para presentarse como candidato. Allí se desató una tormenta que duró semanas, casi hasta las elecciones del 26J.

El equipo directivo del PP considera que Rajoy ha resultado el vencedor moral de la batalla parlamentaria por la investidura, de acuerdo con sondeos y encuestas

El comité ejecutivo nacional de los populares mostrará este sábado un cierre de filas absoluto con su líder antes de ponerse en modo campaña para abordar las elecciones vascas y gallegas. Rajoy quiere irse tranquilo y satisfecho a la reunión del G20 en China, que arranca este lunes. Puede estarlo. Su cabeza no corre peligro, según versión unánime en el partido. Por cinco motivos:

-Doble victoria electoral. El PP es el único partido que ha vencido dos veces consecutivas, en diciembre y en junio. Pese a no alcanzar la mayoría suficiente para gobernar, Rajoy logró el 26J superar en 2,5 millones de votos y en 52 escaños al PSOE, su rival directo, en franca decaída. Esta victoria reforzó la figura del presidente del PP. Pasó de 123 a 137 diputados. Aumento discreto, pero en tendencia creciente. El resto de sus contrincantes, rumbo al semisótano. 

-Un candidato negociador. Rajoy ha roto su imagen de pasotismo y de plasma, de pereza y abulia y se ha convertido en un abanderado del diálogo y el pacto. Un cambio de imagen y de actitud muy valorada. Su acuerdo con Ciudadanos, que pasó de pedir su cabeza a suscribir un pacto de investidura, ha reforzado su imagen, en especial de cara a un sector electoral sumamente escéptico hacia el presidente en funciones.

-No hay alternativa razonable. No aparece ahora mismo la posibilidad de una alternativa razonable al gobierno que plantea Rajoy. Pedro Sánchez no desvela sus planes pero resultaría muy complicado que lograra armar ese 'gobierno Frankenstein’ del que hablaba Rubalcaba. Las últimas encuestas subrayan el apoyo a una abstención del PSOE que permita gobernar al PP.

Pese a la tremenda pérdida de votos, cuatro millones en los últimos años, el PP se mantiene al frente de todos los estudios demoscópicos

-Sin rastro de contestación interna. La figura de Rajoy sufrió severas turbulencias tras rechazar la oferta del Rey para convertirse en candidato. Pedro Sánchez se situó en el centro del ruedo político y se erigió en protagonista absoluto de uno de los momentos más complicados desde la Transición. Circularon por entonces todo tipo de historias sobre conspiraciones y sublevaciones en el seno del PP. Soraya Sáenz de Santamaría y José Manuel García-Margallo protagonizaron algunos episodios muy sonoros. La derrota de Sánchez puso de nuevo las cosas en su sitio. Las intrigas se esfumaron y las críticas internas se convirtieron en elogios hacia su prudencia y su “prodigioso dominio de los tiempos”. Barones regionales algo reticentes como Juan Vicente Herrera, de Castilla y León, plegaron velas con prudencia, luego de haber criticado en público a su presidente. Esperanza Aguirre se centra en su ardua labor opositora en el Ayuntamiento de Madrid y José María Aznar hace ya tiempo que ha optado por el prudente silencio. No hay asomo de la figura de un sucesor, ni de un aspirante a delfín. Núñez Feijóo, siempre en las quinielas, está en el frente de la candidatura de las autonómicas gallegas. Cristina Cifuentes, siempre en las listas, tiene bastante con el gobierno de Madrid, al que acaba de llegar. Circulan otros nombres, pero más fruto del calentón mediático que de la realidad del partido.

Un electorado numeroso y fiel. Pese a la tremenda pérdida de votos, cuatro millones en los últimos años, el PP se mantiene al frente de todos los estudios demoscópicos. Imbatible en el primer puesto. Y en fase ascendente. La corrupción le ha pasado enorme factura pero no ha producido, de momento, daños insuperables. El PP tiene la mayor fidelidad electoral del panorama político nacional, con un índice que se sitúa en torno al 90 por ciento. Su principal problema es generacional. Su porcentaje de votantes por debajo de los 40 años no supera el quince por ciento. El grueso de sus adherentes está por encima de los 65 años. Un votante fiel y longevo, lo que son valores positivos. Pero algo mayor. Falta por cumplir con la asignatura pendiente de la renovación y el rejuvenecimiento. Algo que Rajoy, de momento, prefiere no abordar.


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