Economía

El BCE, detrás de la tregua de los mercados a la prima de riesgo española

El BCE interviene para rebajar la presión a España y los analistas alertan sobre el peligro de que esta situación se mantenga ‘sine die’.

Mario Draghi, presidente del BCE, detrás de Luis de Guindos, ministro de Economía de España
Mario Draghi, presidente del BCE, detrás de Luis de Guindos, ministro de Economía de España EFE

Sobre las doce del mediodía, la hora del Ángelus, la prima de riesgo española cayó en picado desde el entorno de los 500 hasta el de los 480 puntos. ¿Una intervención divina? Sólo la mano del BCE comprando en el mercado secundario puede explicar un desplome tan repentino del interés abonado por los títulos hispanos a 10 años desde un aproximado 6,4 hasta casi el 6,2 por ciento. A su vez, el Ibex detenía los descensos y apenas repuntaba un 0,22 por ciento.  

Un vez más y tal y como ha sido la tónica de esta crisis soberana, la intervención de la institución dirigida por Mario Draghi era esperada. Sin embargo, ¿resulta esto sostenible? El ministro de Economía Luis de Guindos afirma que no lo es y que urge una actuación conjunta de Europa. Pero los analistas consultados sostienen que el peligro precisamente radica en que esta situación puede prolongarse ‘sine die’, a golpe de inyecciones puntuales del BCE. Y mientras el Estado y los bancos sobreviven gracias a la liquidez brindada por Fráncfort, el resto de la economía se hunde privada de la financiación.

Portugal como ejemplo

El ejemplo que ponen los expertos es el de Portugal, donde los Estados y el sistema financiero están artificialmente apuntalados. Sin embargo, entretanto la economía real se desangra y no hay manera de ajustar los presupuestos al tiempo que se paga un 5 por ciento por los préstamos del rescate. Pese a ello, uno de los cinco sabios alemanes comentaba hace escasos días que era bueno que España sufra una prima de riesgo alta para que recuerde en qué estado se encuentra.

¿Qué pasará a continuación? Mañana jueves el Tesoro español afronta una subasta de deuda a 3 y 4 años en la que pretende recabar una horquilla de entre 1.500 y 2.500 millones. Pero sobre todo el ambiente se está caldeando de cara al G-8 de este fin de semana en Estados Unidos. Allí Obama volverá a presionar a los europeos para que arreglen de una vez sus problemas. El presidente estadounidense está ya inmerso en su campaña electoral y no quiere que los vaivenes en Europa sacudan la economía americana meses antes de las elecciones.

Buenas señales de Hollande y Merkel

Por otro lado, los Gobiernos europeos se preparan para la cumbre informal sobre el crecimiento del 23 de mayo. Hollande ya ha dicho que los eurobonos volverán a estar sobre la mesa y una importante mayoría de países puede alinearse con el nuevo presidente francés.

Pese al mal augurio del rayo que cayó sobre el avión del recién nombrado jefe de Estado de la República Francesa, los analistas han acogido bien los contactos iniciales entre Merkel y Hollande. De un lado, las palabras del galo sonaron razonables, bastante alejadas de la demagogia en favor del crecimiento. Y de otro, las buenas vibraciones exhibidas en público hacen pensar que ambos pueden llegar a un acuerdo para avanzar en la integración europea en las próximas jornadas.


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