Economía

El Bundestag vota elevar su préstamo a Grecia a 76.000 millones pese a la quita del 30% que pide el FMI

La quita de la deuda enfrenta a las autoridades alemanas con la Troika conforme los germanos aumentan todavía más su exposición directa a Grecia. El reto de cómo llevar a cabo una reestructuración de los pasivos helenos se antoja complicado. 

El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schauble
El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schauble EFE

El Bundestag vota este viernes elevar su exposición directa a Grecia hasta el entorno de los 76.000 millones de euros. En principio, la canciller Merkel tiene asegurados los respaldos para aprobar el tercer rescate. Sin embargo, la votación tendrá lugar justo unos días después de que el FMI, el BCE y la Comisión Europea hayan advertido de que hace falta una quita a la deuda helena.

La deuda pública griega es altamente insostenible y precisa un alivio mucho mayor de lo que Europa está dispuesta a llevar a cabo, sostiene el Fondo. Y esa misma afirmación puede generar una revuelta de un sector del partido de Merkel que se identifica con las tesis del ministro de Finanzas Schäuble, quien este jueves abría de nuevo la puerta a la expulsión de Atenas del euro.  

Alemania hizo un préstamo directo a Grecia por valor de 16.000 millones de euros al comienzo de la crisis. Más adelante, tuvo que avalar unos 40.000 millones de euros que sirvieron para que el fondo de rescate europeo prestase a Atenas unos 141.000 millones en total. En esta ocasión, el mecanismo de rescate europeo podría aportar otros 60.000 millones, de los que un 27 por ciento corresponde a los tudescos. Lo que significa que el Bundestag ha de aprobar esta vez que Alemania garantice unos 20.000 millones de euros más del salvamento heleno. Por cabeza, este nuevo rescate toca básicamente a unos 200 euros por europeo, a los que hay que sumar otros 600 de los anteriores programas.

Al mismo tiempo, el FMI solicita que Grecia obtenga un alivio sustancial a su deuda. Y propone para ello que se doble el periodo sin pagar intereses de 10 a 20 años y que el vencimiento medio se retrase 30 a 60 años. Como un euro ahora no vale lo mismo que dentro de 60 años, de esta forma se podrían reestructurar los pasivos sin tocar el nominal como exige Alemania. Es decir, se podría rebajar sustancialmente el valor real de la deuda sin reducir el principal y, por lo tanto, sin asumir pérdidas.

¿Seguro? Pues igual no. De acuerdo con varios analistas consultados, ese reprofiling que propugna el Fondo supondría un recorte de más del 30 por ciento del valor a precios actuales de la deuda. Y está por ver que se pueda de verdad empujar la contabilidad hasta el punto en que se opere una reestructuración de tal calibre sin que conlleve una quita de la valoración en libros de la deuda, lo que sí acarrearía una pérdida. Es decir, en ese caso el fondo europeo de rescate, que actúa como si fuese un banco, probablemente se vería obligado a anotarse un agujero que los socios europeos tendrían que recapitalizar.

Es más, un portavoz del Ejecutivo alemán apuntaba esto mismo al decir que se podían extender los plazos de la deuda griega siempre que no supusiese una quita de la deuda por la puerta trasera, algo que no es compatible con la legislación europea. Y así no es de extrañar que muchos como el ministro Schäuble consideren que no hay margen y que probablemente la única opción realista para Atenas sea el Grexit.  

No obstante, dos estudios, uno del Royal Bank of Scotland y otro del think tank Bruegel, concluyen lo mismo: que la expulsión de Grecia costaría unos 100.000 millones de euros más que el rescate al impagar los helenos buena parte de su deuda.

La jugada de los europeos consiste más bien en rebajar mucho el coste de los intereses con la esperanza de que la economía helena aplique las reformas, recobre el crecimiento y, por consiguiente, la confianza de los inversores. Una vez haya cerrado de nuevo el déficit y tenga acceso a los mercados a precios razonables, Grecia podría seguir refinanciando 'ad eternum' su deuda mientras el binomio crecimiento-inflación aumenta más que lo que cuestan los intereses y así la deuda sobre PIB poco a poco se diluye y empequeñece.

Sin embargo, los problemas que señalan el FMI, el BCE y la Comisión Europea se resumen en que, por un lado, el crecimiento puede ser insuficiente y, por otro, que la deuda puede seguir en unos niveles tan altos que no consiga atraer de nuevo a los inversores a intereses razonables. Y en ese caso Grecia seguiría precisando de la asistencia de sus socios engordando aún más la factura de los rescates.

El rescate griego adquiere visos de un laberinto del que no se puede salir. Por eso, el presidente del BCE, Mario Draghi, declaraba este jueves que no hay duda sobre la necesidad de una reestructuración, tan sólo sobre la forma de llevarla a cabo.


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