Violencia en el fútbol

Los ultras son los padres

Las constantes peleas entre aficionados y agresiones en los campos de toda España se han convertido en una lacra que ensucia un deporte con casi 900.000 practicantes federados.

Tanto esfuerzo en los últimos años para combatir a los grupos organizados de seguidores radicales de los clubes profesionales, y resulta que la cueva en la que habita la violencia más arraigada en el fútbol está en muchos hogares anónimos de personas que parecen “normales” en su vida diaria.

Son padres, madres, familiares y amigos de niños y jóvenes de las categorías inferiores del fútbol español que cada fin de semana sacan a pasear por los campos de todo el país el agresivo monstruo que llevan dentro.

En la Federación Española de Fútbol se contabilizan más de 11.000 clubes (incluidos los de fútbol sala). En total, más de 52.000 equipos y cerca de 900.000 fichas de jugadores de todas las edades.

Evidentemente, la mayoría de esos practicantes viven en un ambiente familiar y personal cuyos miembros, o no acuden a verles jugar al fútbol o, si lo hacen, se comportan como es debido en las gradas de los recintos deportivos.

Sin embargo, no pocos energúmenos protagonizan cada fin de semana en las canchas de Norte, Sur, Este y Oeste de España incidentes de violencia verbal, física o ambas a la vez. Son muchos, demasiados, porque no se contabiliza un sábado o domingo sin una noticia de tan bochornosa índole.

El suceso más reciente, de lamentable actualidad en medios y redes sociales, tuvo lugar en Mallorca. Un partido que disputaban los equipos Alaró y Collerense en la categoría infantil (12-13 años) tuvo que ser suspendido este domingo después de que se iniciara una multitudinaria pelea entre padres de ambos equipos.

Durante el encuentro, que se estaba disputando en el campo municipal de Alaró, varios padres comenzaron a increparse y a pegarse ante la mirada de los niños futbolistas y del resto de asistentes que se encontraban en las gradas. Algunos de estos, como se escucha en la ya tristemente popular grabación (que encabeza esta información), pidieron a los energúmenos implicados que parasen ya la "vergonzosa" situación y que tuvieran en cuenta que se trataba de un partido de fútbol.

Es inútil. Estos descerebrados no suelen atender a razones. Si el vídeo de Mallorca ha escandalizado a la opinión pública, en Youtube se publican cada semana unos cuantos similares.

Sin falta de bucear en los archivos, buscando simplemente en el mes en curso, marzo de 2017, aparecen varios. Especialmente reprobable es uno de una pelea de padres filmada en la Comunidad Valenciana durante un partido entre el Paterna y el Torrent. Porque se trata de la categoría querubín (denominada chupetín en otras regiones), en la que compiten niños de ¡4 y 5 años! La madre de todos los despropósitos:

La estupidez humana no conoce límites, así que las broncas están a la orden del día también en encuentros de chavales con más edad.

Es el caso del reciente partido de División de Honor Juvenil (16-17 años), grupo 4, entre Real Jaén y A.D.P. Sevilla:

Este vídeo está publicado en el canal del Sindicato de Árbitros, un organismo que semanalmente denuncia unas cuantas barbaridade como esta. Evidentemente, si las peleas entre aficionados son frecuentes, los insultos y las agresiones a colegiados son un inadmisible clásico desde hace lustros.

Como sangrantes ejemplos de hechos violentos recientes publicados en esta web, los siguientes:

"Un árbitro recibió un botellazo mientras arbitraba un partido de la regional vizcaína. El agresor, que había invadido el terreno de juego para insultar al árbitro con anterioridad, era un jugador del equipo visitante que recientemente había sido dado de baja".

"Un entrenador de alevines (niños de 10 y 11 años) amenazó y agarró del cuello al árbitro del partido que esos niños estaban jugando en Villaviciosa de Odón, Madrid".

"Un árbitro balear de 18 años fue insultado, amenazado, escupido y golpeado por varios espectadores locales a la conclusión de su partido. Pese a la gravedad de lo sucedido, el presidente local no condenó lo sucedido".

Al final resulta que los más peligrosos y violentos ultras del fútbol español son los padres.


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