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Alonso pierde por el coche y el Barça, por el césped...

Ya saben, Fernando Alonso pierde por el coche, el Real Madrid por los árbitros y el Barcelona por el césped. Ocurrió otra vez, ahora en Valladolid, cuando un conjunto azulgrana irreconocible salió herido y zarandeado: “El campo estaba muy irregular y no nos ha dejado hacer nuestro juego”. La explicación, como casi siempre, la pronunció Xavi, al que al menos hay que concederle que fue uno de los pocos de su equipo que se animó a dar la cara. Pero más allá de la recurrente coartada oficial, el grupo que ha gobernado la última década insistió en otras teorías, la de la cuesta abajo, la incapacidad o la decadencia. No hace falta que lo diga Mourinho, no es éste el mejor Barça de los últimos tiempos.

El problema en esta ocasión, pese a la apariencia de abundancia, fue la falta de recursos y de soluciones. También un comienzo dormido, algo habitual por otra parte: seis de los siete últimos partidos disputados por los azulgrana como visitantes arrancaron con el marcador en contra. Pero pocas veces habían demostrado tan pocos argumentos para revertir el contratiempo inicial. Mariño estuvo bien, aunque recibió centrados casi todos los remates, y el Valladolid como equipo se defendió sereno, seguro, atento y con orden, pero no puede servir de excusa. Messi fue el que más peligro creó, aunque muy por debajo de su media. Lo demás, fue nada: un equipo lento, previsible y plano.

Especialmente vacía fue la actuación de Neymar, que incluso mandó al cielo una oportunidad nítida, la más clara de su equipo, a tres metros de la línea de gol. Pero en realidad suspendieron todos. También el propio Xavi, que no acertó a dirigir al Barça al ritmo de costumbre, con la intención y la profundidad habitual. Y Martino, que movió el banquillo y arriesgó con la vieja fórmula de quitar gente de atrás para aumentar la nómina de delanteros, tampoco respondió a las dificultades de la reunión.

Un mal Barcelona, en suma, al que no le debería hacer tanto daño las bajas de Alba e Iniesta. Una realidad que  abunda en otras actuaciones similares (incluso con tanteo a favor) y que confirma los problemas. El Barça no es el que era. No sólo se aleja de su mejor versión, sino de su viejo estilo. Los azulgrana desatendieron las señales de alarma al calor de los resultados bondadosos y no se preocuparon de corregir una línea nociva que ahora le ha golpeado de lleno. No divisaron el problema, así que lo dejaron desarrollar. Y el origen también en esto, por más que escriba Cardenal, está dentro y no en la forma en la que le miran los demás. Es la distancia de sí mismo lo que ha crecido en el Barça. Y no el césped.


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